lunes, 25 de junio de 2012

Salida de agua de aire acondicionado portatil. tubo de aire acondicionado roto. salida de agua de aire acondicionado. Leatherman


Reparación de salida de agua de aire acondicionado portátil:



Amig@s: Ya empieza a pegar fuerte el calor veraniego y este verano promete… y no precisamente una bajada del precio de la gasolina… sino muchos días de tórrido calor, el temido viento de terral que suele soplar en Málaga: seco y abrasador.





Así que he decidido ponerme las pilas y sacar mi aparato de aire acondicionado portátil de la habitación de los trastos donde lo guardamos durante el invierno… Y me he encontrado un desperfecto:



al meterlo en tan reducido espacio una de las ruedas ha aplastado el extremo del tubito de goma, justo donde se coloca el tapón que hay que retirar para vaciar el depósito del agua. Con lo que nos hemos quedado sin poder tapar el tubito… o más bien sin poder destaparlo, pues la pieza de plástico rígido está totalmente aplastada y ciega.


Además, al tocar el tubo, éste se nos ha salido del interior del aparato, con lo cual la hemos terminado de liar… y la cosa se nos complicará un poco más aún, como veremos.


La cosa es que vamos a empezar por solucionar el problema del tubo salido del depósito, para lo cual colocamos el aparato volcado hacia la parte delantera para dejar libre la trasera, que al parecer, es donde se alojan los tornillos.


No es imprescindible volcarlo, pero al estar la zona del depósito en la parte inferior y salir el tubo por debajo de éste, tendremos mejor acceso y maniobrabilidad.



Retiramos los seis tornillos con el destornillador de nuestra multiherramienta Leatherman.



Podríamos usar cualquier destornillador, pero la ventaja de esta herramienta multifunción es que siempre está a la mano y nos ofrece muchas posibilidades y funciones, con lo que con frecuencia la suelo usar más que las otras herramientas.



La tapa trasera sale fácilmente. Vemos que, en efecto, del depósito sale un pitorro al que hay que conectar el tubo de goma.


Lo conecto y trato de poner la tapa… pero observo que lo primero es meter la parte del tubo abierta, o sea, la que va al depósito.


Al tratar de manipular para sacar otra vez el tubo del pitorro del depósito…¡¡¡CRACK!!! Se nos parte el pitorro a ras del depósito.


Se ve que al tener el aparato sus años se ha deteriorado el plástico, se ha polimerizado, y está muy frágil. Vamos a tratar de repararlo rápida y eficazmente, pues esta misma noche creo que necesitaremos conectarlo.


Empezamos por limpiar el pitorro y su parte correspondiente del depósito con alcohol para que el pegamento actúe perfectamente. Vamos a usar en principio, pegamento para plásticos rígidos. Esto debería ser suficiente y empiezo por pegarlo así.



Pero como es una zona que queda dentro del aparato y oculta a la vista, vamos a reforzarla un poco con masilla epoxi, pues un tirón accidental podría hacer que el pitorro del depósito se volviese a partir.


Una vez que el pegamento para plásticos rígidos ha empezado a hacer su efecto y las piezas están unidas, amasamos un trocito de masilla epoxi hasta homogeneizar los dos colores.

La estiramos hasta hacer un cilindro. Lo colocamos formando un anillo de masilla y lo vamos apretando con suavidad hasta dejar un ángulo que abraza la zona de la rotura.


Esto debería ser suficiente para que nos aguante bien, aunque a partir de ahora hemos de procurar no dar tirones del tubo de goma.


Para la zona opuesta, por donde desagua el tubo, veo que también tenía una pieza más delgada que entraba en el tubo –un pitorro- y por el otro extremo más ancha para actuar como boca para introducir el tapón y sellar el tubo hasta su vaciado periódico… Pero la pieza, como os decía, está machacada; al menos la zona del pitorro que entra en el tubito de goma.


Así que cogemos nuevamente nuestra Leatherman y sacamos la afilada hoja. Y con mucho cuidado cortamos del todo el pitorro aplastado para poder aprovechar la parte buena, la que hace de boca para el tapón.


Si ha quedado alguna rebaba, podemos repasar con la lima que también trae esta práctica multiherramienta.


Lo que estamos intentando hacer, por si no lo habéis cogido, es recomponer la pieza rota respetando la parte ancha, que es donde se inserta el tapón que sellará el tubo. Por eso hemos cortado la parte aplastada que era la que iba dentro del tubo de goma.


Vamos a buscar un sustituto, que en este caso es una cánula sacada del interior de un viejo aparato de dosificar jabón y que justamente íbamos a tirar. Tiene el grueso necesario para entrar en la pieza sustituyendo el pitorro aplastado y también entra bien en el tubo de goma.



Pues bien, con un poco más de pegamento para plásticos rígidos, unimos el tubo a la pieza rota, procurando que ésta tenga suficiente espacio dentro para albergar el tapón (Obviamente, si introducimos mucho el tubito dentro de la pieza, no habrá sitio para el tapón).


También reforzamos con masilla epoxi, aunque esta zona estará a la vista y podremos comprobar fácilmente si tiene fugas de agua.


Otra forma de realizar esta unión de forma permanente hubiera sido soldando ambas piezas con plástico derretido, como cuando reparamos el cajetín de la nevera o la tapa del congelador. Pero como el tiempo es una cuestión importante en este caso, he preferido recurrir el pegamento, pese a que no me inspire tanta confianza.


De todos modos, también voy a poner un poco de masilla epoxi para que estas dos piezas queden bien fijadas y selladas.



Y para unir esta pieza al tubo de goma, simplemente metemos el tubo de plástico dentro del tubo de goma y damos unas vueltas algo apretadas con hilo. No hace falta pegamento, pues la goma se apretará contra el tubo… y si no, siempre podemos usar algo más eficaz si vemos que se sale agua. Otras opciones serían una presilla o una abrazadera de alambre acerado.



Y ya tenemos el problema resuelto: cerramos la tapa trasera del aparato y lo ponemos otra vez vertical. Ya solo queda limpiar los filtros, esperar un rato para que el líquido refrigerante se asiente, y conectarlo… ¡Y a disfrutar del fresquito, al menos por la noche, que hay que descansar bien para rendir en el trabajo y el bricolaje!



Vemos que con un poco de interés y un par de pegamentos que todos deberíamos tener en casa hemos reparado un aire acondicionado que, seguramente, si le hubiera pasado a otro hubiera optado por tirarlo a la basura. Nosotros con muy poco dinero lo hemos dejado otra vez listo para su uso.


Epitafio:

Esa noche el aire acondicionado funcionaba perfectamente, pero a la segunda noche, el tubo volvió a salirse del depósito. Se ve que la goma había cogido cierta holgura y aunque aparentemente quedaba bien ajustado, con las vibraciones, presión del agua y cambios de temperatura, tiende a salirse.


Lo ideal sería ponerle una abrazadera de alambre acerado, de las que suelen tener las lavadoras para unir justamente las gomas a los pitorros… Como no dispongo en estos momentos de una de estas abrazaderas y las normales hacen demasiada fuerza, volveré a usar el truco del atado con hilo: damos muchas vueltas ligeramente apretadas con hilo y vamos haciendo varios nudos para que no se afloje. Una presilla pequeña también podría haber sido una solución rápida y eficaz, siempre que tengamos la precaución de apretar con suavidad y sin forzar el pitorro. Y ya está el problema solucionado y podemos usar tranquilamente el aire acondicionado.

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jueves, 21 de junio de 2012

Antena biquad. Funda de antena biquad. proteger antena wifi. Leatherman

Enlace

Funda protectora de antena wifi


Amig@s: tengo esta pequeña antena biquad.



Es una antena sencilla y fácil de hacer, como hemos visto en anteriores entradas. Sin embargo es potente.


La tengo principalmente para colocarla si veo que la señal wifi no me llega bien, para comprobar si la que está en uso tiene alguna avería o bien que se trate de la propia señal, que a veces se comporta caprichosamente.


Pero ahora tenemos un problema: si la dejamos así, tal cual, acabaremos por darle un golpe, se enganchará con algo, se mojará con la lluvia... Así que voy a solucionarlo de un modo muy rápido y económico. Vamos a hacerle una carcasa protectora.


Dándole vueltas, al tema, se puede usar multitud de cosas: caja de cartón revestida de plástico, una fiambreras o tupperware, una bolsa de plástico… pero quiero algo realmente sencillo, económico y que nos garantice una cierta protección a los golpes y la humedad, a la par que no afecte en la recepción de la señal, por supuesto.


La solución: usar una garrafa de agua vacía que iba a tirar al contenedor de plásticos.


El grosor de esta garrafa por las partes más anchas –vemos que va engrosándose y angostándose por toda su longitud- viene a ser algo superior a la antena y también tiene una forma similar ¿Y para qué complicarnos la vida buscando otra cosa, si ya tenemos ésta al alcance de la mano?


Así que cogemos nuestra querida multiherramienta Leatherman y usando el punzón podemos hacer una perforación donde queramos hacer el corte.


Con la hoja de corte serrado, muy afilada cortamos dos rodajas: una en la parte superior y otra en la inferior. El corte también habría salido excelente usando la hoja lisa, afilada como un cúter.



Examinando estas rodajas, vemos que una es ligeramente más estrecha que la otra, de menor diámetro. Mejor que mejor.


Así que alojamos la antena en la parte donde está la boca de la botella y por ésta pasamos el cable. Sólo queda introducir una parte en la otra y poner un poco de cinta de embalar –que en mi caso es transparente- para fijar las dos partes. Si queremos mejorar la estanqueidad, bastaría poner más cinta.


También podríamos recortar más el borde que sobresale y sellar la junta con silicona, pero de este modo, si queremos abrir la carcasa para realizar cualquier mantenimiento o reparación de la antena, será muy fácil retirando o cortando la cinta de embalar y podremos después volver a montarla. Por otra parte para lo que nos ha costado... podemos tirarla al contenedor de plásticos y hacer otra carcasa en un momento.


Un inciso: es cierto que también podéis cortar la garrafa con un cuchillo afilado o un cúter… pero, aparte del placer de usar mi Leatherman, ésta tiene la ventaja que podemos dejar la cacha opuesta a la de la hoja de corte perpendicular a la que contiene la hoja, con lo que es muy sencillo mantener la hoja bien perpendicular a la línea de corte tomando como referencia dicha cacha y manteniéndola en la dirección del corte. Es frecuente al hacer estos cortes en botellas y garrafas de plástico que lo hagamos en espiral y no coincida el principio y el final del corte. Así minimizamos el problema.


Ya solo queda perforar el tapón de la garrafa para dejar pasar por ahí el cable de la antena. Operación que también podemos hacer perfectamente con el punzón de nuestra multiherramienta:



pinchamos en el centro y vamos girando dejando que la parte afilada vaya comiendo material hasta alcanzar el grosor deseado en el tapón.


Si queremos que ajuste perfectamente, podemos sellar con pegamento o silicona caliente la junta. Así evitamos que un tirón accidental del cable pueda estropear la soldadura de éste con la antena.


En pocos minutos hemos logrado dejar nuestra antena de reserva perfectamente protegida. El costo no podría ser menor e incluso el resultado no es demasiado antiestético, que podemos añadirle unas pegatinas, retirar el asa original de la garrafa… Y obtener un acabado hasta decorativo… ¿Se puede pedir más?


Es una buena solución ¿No os parece?

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domingo, 17 de junio de 2012

Mi caja de herramientas. Multiherramienta Leatherman. Herramientas multifunción

Multiherramienta Leatherman



Amig@s: Ya os he mostrado muchas herramientas que podéis tener en casa para vuestro taller de bricolaje particular… pero a veces no es preciso tener una enorme caja, pesada y abarrotada de herramientas para poder realizar la mayor parte de las cosas que van surgiendo en cualquier hogar, oficina o lugar de trabajo.


Efectivamente, hoy os voy a mostrar que a veces una caja de herramientas puede caber… en un bolsillo.


No os estoy hablando de un "juguete" que os puede haber regalado vuestra pareja y lo guardáis como un interesante artilugio (de tropecientas funciones), pero que no os atrevéis a usar para nada y acaba en el cajón de los trastos, en el olvido, hasta que algún día os acordáis de vuestra navaja multiusos, la buscáis y volvéis a guardarla durante otra temporada sin apenas usarla.



La primera sensación que tengo al tener en mis manos una de estas navajas multiusos Leatherman es de respeto: a simple vista se aprecia que no es un juguete diseñado para adorno. Ni siquiera merece ser llamado navaja multiuso, porque es una verdadera herramienta: solida, precisa y preparada para su uso.



Se observa que esta multiherramienta no tiene ningún tipo de holgura. Su diseño y fabricación es esmerado y de toda confianza.


También sus piezas son de buen acero. Duro de verdad, No esas navajas que tienen un bonito brillo que simplemente tienen un baño de cromo para disimular su baja calidad. Aquí vemos verdadero acero y muy resistente.



Sus cachas se abren mostrando todo el contenido, que queda accesible. Tanto es así que con un dedo podemos extraer todos los accesorios, que no son pocos: Cuchilla lisa, cuchilla dentada, sierra, varios destornilladores, regla, abrelatas y abrebotellas, punzón, cortacables.




Lo más llamativo es el alicate en sí, que queda perfectamente oculto bajo las cachas una vez cerradas, pero al desplegarse muestra una poderosa herramienta que hasta tiene los filos corta alambres sustituibles, para que si usamos mucho esta función, podamos afilarlos o reponerlos y seguir usando el cortador de alambre como el primer día.



Y sus puntas son muy finas, con lo que se puede usar como un delicado alicate de telefonista o para todas las duras tareas de un alicate universal.


Examinando con detalle, vemos que incluso puede cortar cables de acero y remachar los terminales de los cables eléctricos.



Otra cosa que me ha sorprendido es que todas las hojas quedan perfectamente trabadas una vez abiertas, de modo que no se nos cerrará accidentalmente mientras apretamos un tornillo o aserramos o limamos un trozo de madera –también incluye lima y sierra-.


Y en los detalles está el diablo, como suele decirse. En otras herramientas de este tipo, he observado con desagrado que el destornillador resulta realmente difícil de manipular. Hay que quitar el tornillo muy despacio y, si bien puede servir para una emergencia… lo cierto es que de poco nos puede servir en el taller.


Sin embargo, los destornilladores de esta multiherramienta están diseñados para ser funcionales. He observado que con la punta Philip, por ejemplo, podemos colocar el mango opuesto perpendicular al de la cacha que contiene la punta en cuestión y así podemos, no solo retirar el tornillo rápidamente por estar la punta centrada, sino también hacer mucha más fuerza.


Por supuesto, también podemos usar otras configuraciones, como colocar las dos cachas alineadas, abiertas a 180º para tener un mango más largo… Y por supuesto, la punta se ajusta perfectamente al tornillo, como no podría ser de otra manera tratándose de una herramienta de calidad, duradera y funcional.


No en vano, el fabricante ofrece una garantía de nada menos que 25 años, que se dice muy rápido. Y eso sólo se puede hacer cuando realmente hablamos de un producto de primerísima calidad.



Esta herramienta viene en una práctica funda que podemos llevar en el cinturón y así poder llevar nuestra “caja de herramientas” siempre encima.


Estoy realmente sorprendido con este fabricante –desconocido hasta ahora por mí- y que estoy seguro que dará mucho de qué hablar cuando se conozcan sus productos.


Yo, por lo pronto, me voy a hacer algunos trabajos con mi nueva multiherramienta y dejaré descansando en el cajón mis navajas multiusos.

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domingo, 13 de mayo de 2012

Churros madrileños. Receta de churros caseros. Hacer churros en casa. desayunar churros.

Churros caseros




Amig@s: ya sé que este tema se sale un poco de la temática del blog.. pero no es la primera vez que lo hacemos y la verdad es que las cosas buenas hay que enseñarlas y compartirlas ¿No os parece?


En este caso, se trata de daros la receta de los churros que suelo hacer en casa muchos domingos, antes que mi familia se levante, para saborear juntos un delicioso desayuno. Además, os comentaré algunos trucos para que os salgan perfectos.



Antes que nada, deciros que la masa de esta receta es bastante consistente; vamos, dura de narices. Así que no os voy a engañar: no os servirá ninguna manga pastelera o jeringa de repostería, pues reventarían, literalmente, al presionar la masa.

No obstante, no os desaniméis: hay churreras muy baratitas y muy efectivas. No hace falta que os vayáis a por una de acero inoxidable con palanca (la verdad es que no son demasiado caras y facilitan el trabajo).


Yo hago churros perfectamente con una tipo tradicional de material plástico y que costó muy poco dinero. Luego os daré un truco para que podáis sacar los churros perfectamente sin echar el hígado por las orejas del esfuerzo.


Empecemos por la receta. Pero antes deciros que hay infinidad de recetas de churros. Yo no las he probado todas, pero cada vez que trato de hacer alguna diferente a la mía, el resultado no es satisfactorio o al menos no se puede comparar con mi receta.


Básicamente consiste:




Ingredientes:

Mitad de harina, -de la normal, la que encontramos habitualmente que no es ni de repostería ni de fritura- y mitad de agua. O sea, por cada taza de harina, otra de agua. Otra posibilidad sería echar mitad agua y mitad leche, con lo que sería por cada taza de harina, media de agua y media de leche.

Un trozo de cáscara de limón (opcional).

Media cucharadita de sal.

Aceite para freir.


Notaréis que no echo ni levadura ni bicarbonato. Realmente no es necesario, ya que los churros salen tiernos por dentro (más o menos jugosos según el grado de fritura que les deis). La levadura sólo serviría para que pierdan su forma característica al hincharse en la sartén. Al menos con esta receta, que es de churros de los llamados madrileños.


Y tampoco añado huevos ni claras. La última receta que experimenté fue añadiéndole claras de huevos, y el resultado es que sabían justamente con un toque a huevo que no les favorecía nada en absoluto, aparte que la masa se quedó “pringosa”. Y muy blanda, con lo que los churros salían deformes y lo ensuciaban todo… un desastre.


Mi receta es muy económica y los resultados son siempre satisfactorios. Observaréis que digo la misma medida de agua que de harina... pero en la foto aparecen cuatro recipientes. Es que un solo recipiente no da bastante masa para toda mi familia y tomo otro cuenco más pequeño para dar la cantidad justa.


El proceso de elaboración no podría ser más sencillo:



En un cazo incorporamos el líquido, ya sea sólo agua o el agua con la leche. Añadimos la sal. Y la corteza de limón si queremos darle ese toque de sabor.



Cuando rompa a hervir bajamos el fuego o apartamos momentáneamente el cazo y echamos toda la harina de golpe. Incorporamos al fuego y vamos moviendo.

No os asustéis: la masa es espantosamente dura. Movemos en el fuego con una cuchara de madera hasta que veamos que se despega de las paredes.


Precisamente, un truco es que al poner el agua, siempre haya un poco más de agua o de líquido que de harina, pues en el proceso de remover la harina, le daremos el punto justo y nunca se nos quedará demasiado aguada.

Por el contrario, si tratamos de echar exactamente la misma proporción de harina y agua, podemos quedarnos cortos de agua y que se quede excesivamente dura la masa final.



Pues bien, cuando veamos que ya tiene la textura (ya digo, se separa de los bordes del cazo, aunque es muy pegajosa, no creáis que es como la masa del pan), apartamos del fuego y dejamos reposar un poco para que pierda temperatura.


No importa que quede algún grumo. Normalmente al hacerse el churro se termina de amasar, no obstante, podemos moverla un poco recién apartada del fuego para eliminarlos.



Abrimos la churrera, le ponemos la boquilla adecuada y metemos la masa.



Con la misma paleta de madera que hemos usado para mezclar la harina con el líquido, podemos coger una buena pella de masa y la metemos por la trasera de la churrera.


Un truco al respecto: como es dura y pegajosa, se resistirá a seguir introduciéndose. Así que le damos la vuelta a la paleta de madera y con el extremo del mango podemos ir empujando la masa. Al perforar el tapón de masa con el mango, también se facilitará que no coja aire la churrera y vaya desplazándose hacia el fondo.


Seguidamente, cogemos otra pella de masa y repetimos… hasta que la churrera esté llena o se acabe la masa.



Y ahora, vamos empujando el émbolo de la churrera hasta lograr que salga un trozo del tamaño que nos guste.

Yo suelo sacar trozos de unos 12 a 15cm. Los sujeto por la punta mientras empujo y cuando alcanzo el tamaño, pliego la punta, la uno al extremo y lo separo.


Podemos ir poniéndolos sobre la encimera. Asi a la hora de freír, no tendremos que preocuparnos de ir haciéndolos sobre la marcha.



Un truco para facilitar el duro trabajo de “exprimir” la churrera para sacar los churros es ponerla con el émbolo hacia abajo, apoyado en un trapo colocado sobre la encimera (el trapo es para evitar que se resbale y nos demos un susto).


Así en vez de apretar la churrera contra el hombro, el pecho o la barriga, podemos dejar caer nuestro peso y éste hace que el churro vaya saliendo hacia arriba. Con la otra mano vamos sacando los churros.



Cuando ya estén todos hechos, ponemos la sartén a fuego vivo. Yo suelo usar una sartén de tamaño medio y jamás suelo poner más de tres churros a la vez, ya qu si pongo más, el aceite pierde mucha temperatura y se recuecen por dentro en vez de dorarse. Cada cual tiene que cogerles el truco según el tipo y tamaño de su sartén, la cantidad de aceite y el tipo de fuente de calor.


En mi caso es, repito, una sartén esmaltada de tamaño medio, llena hasta la mitad (incluso algo más) de aceite y muy caliente.



Podemos comprobar la temperatura inicial del aceite echando una bolita que nos haya sobrado de masa. Cuando esté dorada, incorporamos el primer churro y si la temperatura del aceite es alta, podemos añadir el segundo e incluso el tercero.

Yo suelo esperar un poco antes de añadir el tercero y cuando ya la temperatura es óptima, empiezo a mantener siempre tres churros en la sartén.


El ir añadiéndolos de uno en uno a medida que se van sacando, hace que se favorezca el dorado de los que están a punto de sacarse.


Cuando veamos que un churro se empieza a dorar por un lado, le damos la vuelta para una cocción uniforme.


Otra cosa, según el grueso del churro, precisarán más o menos dorado: si el churro es fino, se hará mucho antes por dentro, de modo que si dejamos que se doren demasiado, quedarán muy duros y secos por dentor. Si usamos una boquilla más gruesa, el churro precisará más dorado o se quedará demasiado crudo. Para mí el punto es que el churro quede crujiente por fuera, pero jugoso por dentro, sin estar la masa cruda.


A medida que los vamos sacando, los ponemos sobre un plato cubierto con papel de cocina absorbente para que se lleve el exceso de aceite (bueno, y también ayuda a conservarlos calientes). Y los espolvoreamos con un poco de azúcar.



¡Y a disfrutarlos!



Una anécdota: en uno de mis experimentos de recetas de churros, incorporé a la receta que os he dado un poco de bicarbonato sódico para que actuara como levdura... La cosa es que no tenía churrera y usé un embudo y para que la masa pasara por el pitorro, empujaba con una mano de mortero...


La cosa es que los churros empezaron a estallar literalmente en la sartén… alguno hasta se salió de ella.

Le puse una tapadera para evitar las salpicaduras de aceite… y las explosiones de los churros levantaban la tapa.

Resultado: unos churros deliciosos, pero a costa de tirar medio litro de aceite que tuve que recoger con servilletas de las paredes y hornilla, y con periódicos del suelo… y un brazo lleno de ampollas por las salpicaduras del aceite… Je, je, je.


La verdad es que todavía no sé muy bien que pasó con esos churros… Si fue la levadura (que tampoco le eché demasiada) o si fue por coger aire al hacerlos… pero casi que tenía que contar el número de estallidos dentro de la sartén antes de atreverme a levantar la tapa para darles la vuelta… Je, je, je.


En cualquier caso, desayunar con unos churritos es una estupenda manera de empezar un domingo. No se tarda casi nada en hacerlos. De hecho, ni merece la pena comprarlos congelados.


¡A hacer churros!