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lunes, 4 de mayo de 2009

Conservar una planta en le mismo tiesto

Aplicación de las prácticas con bonsáis



Ya hemos visto que los bonsáis suponen un gran conocimiento de jardinería y al mismo tiempo son un arte en sí, con lo que se combinan varias disciplinas.

Hoy vamos a ver que el conocimiento de algunas de ésta técnicas nos permitirán una aplicación a otras plantas que no son bonsáis en si, pero que les vendrá estupendamente.

¿Os ha ocurrido alguna vez que a una planta se le ha quedado el tiesto pequeño y ya no os cabe otro mayor? Incluso puede que la parte aérea de la planta alcance un tamaño desproporcionado para el lugar donde la colocamos y no disponemos de otro sitio mayor o bien que no queremos deshacernos de esa planta.



Para estos casos, la poda de raíces y de ramas nos viene fenomenal. Yo tengo una palmera que mi mujer sembró de un dátil y llevo con ella por lo menos cinco años y está en una maceta de unos cuatro litros… ¿cómo lo he logrado? Pues cada dos años o así, saco la palmera del tiesto, corto una buena cantidad de raíces (de hecho, tiene más raíces que tierra), y le pongo tierra nueva.

Para la parte aérea procederemos igual: podaremos las ramas que no nos interesen. Si queremos vigorizar la planta, dejaremos las ramas más vigorosas. Si queremos contener su tamaño, podemos dejar las medianas y pequeñas. Lograremos un arbusto. Incluso un prebonsái. Que aunque no tengáis intención de convertirlo en bonsái, siempre tendrá más valor estético por el moldeado que le habéis practicado y podréis conservar vuestra querida planta muchos años.

Para proceder a podar las raíces, evitaremos regar la maceta justo antes del proceso para que al estar la tierra seca, salga mejor del tiesto. Eso si, en cuanto saquemos el cepellón, lo pulverizaremos para refrescar e hidratar las raíces. El proceso es básicamente igual que cuando transplantamos un bonsái.

Con un palito escarbamos en el cepellón procurando no romper, arañar o quebrar ninguna raíz. Normalmente, hay raíces largas que tienen pocos capilares y raíces finas, que son las que en realidad proveen de nutrientes a la planta. Podaremos las raíces largas todo lo que podamos con unas tijeras bien afiladas, procurando dejar capilares encima del corte, que son las raíces que se desarrollarán convenientemente.

¿Cuántas raíces tenemos que podar? Pues deberemos podar teniendo como referencia la parte aérea, que también ha de ser podada. A mayor poda de raíces, mayor poda de ramas y hojas. Así se mantendrá el equilibrio y minimizaremos el shock del proceso.

También depende de la planta de que se trate. En el caso de la palmera, había muchas raíces muy gruesas, evidentemente destinadas a almacenar agua y nutrientes y pude eliminar una gran cantidad. En especies más delicadas, tendremos que hacerlo con mayor cuidado.

Respecto a la poda aérea, procederemos igual. Si queremos darle un aire armónico y se trata de una planta arbustiva, podemos dejar un solo tallo principal. Podaremos por la parte superior si no queremos que alcance más altura y sí que ramifique. O si queremos que tenga menos ramas pero más gruesas, clarearemos las ramas finas, dejando menos cantidad.

Así visto, puede parecer muy complicado, pero no lo es en absoluto. Simplemente es coger la planta en una tarde que no tengamos tareas pendientes, con tranquilidad y hacerlo.

Una vez realizadas estas operaciones, podemos aplicar vitaminas vigorizantes de las usadas en bonsái, tipo super thrive, Vitabonsái, o similares. Sólo para asegurarnos que la planta se adaptará bien a los cambios, pues ya hemos de aprovechar para añadirle substrato nuevo, para desechar el viejo que ya apenas tenía nutrientes.

Para meter el cepellón podado en la maceta, procederemos igual que como describí en el transplante de un bonsái, en un post anterior.

Evitaremos también abonar, regar en exceso (salvo el primer riego tras el transplante, que ha de ser abundante) y colocaremos la planta en un sitio resguardado del viento intenso, sol fuerte… durante unos días.



Este Drago lo sembré de semilla. la verdad es que lo he tenido bastante descuidado y debería haber estado en una maceta mucho mayor, de ahí su escaso desarrollo. sin embargo es una planta que se puede convertir en un árbol enorme y lleva en una maceta pequeña unos cinco años.




Esta dama de noche también fue podada el verano pasado a los tres años de edad. está algo deteriorada por haber sido atacada por una plaga, pero ya está recuperándose.



Este ficus benjamina de unos seis años de edad, que obtuve de un esqueje, fue podado drásticamente y pasado a una maceta menor. vemos que ya empieza a reponerse y echar hojas nuevas.

y la planta de la primera foto, es la estrella, pues tiene alrededor de doce años.


martes, 31 de marzo de 2009

Cómo escoger la tierra para nuestro bonsái


Substratos para bonsái



En Alguna ocasión me habéis preguntado que substrato debemos ponerle a nuestros bonsáis. Ciertamente, no les conviene una tierra de las que venden como “universales”, porque precisan un substrato muy especial.

Y éste depende mucho del árbol que se trate y de lo que pretendeamos de él.

Algunos precisan de tierras ácidas, como es el caso de azaleas, arces japoneses, y algunas más… Pero no voy a tratar este caso en concreto, aunque es cierto que bastará añadirle un componente que acidifique ligeramente la tierra. Por lo demás, debemos aplicar las mismas normas que voy a deciros.

Si tenemos un árbol joven que queremos que se desarrolle más, deberemos ponerle un substrato muy, muy aireado y para ello tendrá un grano grueso predominante que permitirá un drenaje muy muy bueno y la ventilación que las raíces precisan para este crecimiento.

Si por el contrario, tenemos un árbol más viejo, aunque sano, y queremos que no crezca demasiado para mantener su forma, debemos poner un substrato con partículas más finas que drenen algo menos y no permitan por consiguiente que las raíces estén tan aireadas.

Si el árbol está enfermo, o débil, nos conviene un substrato como en el primer caso, aunque con una tierra más pobre en nutrientes, o sea, una mezcla rica en arena bastante gruesa.

Con esto ya tenemos algunas nociones.

Otra cuestión es la forma de distribuir el substrato a la hora del transplante…

Siempre debemos empezar por poner las partículas más gruesas en la parte inferior, que es la parte donde están las raíces capilares en mayor concentración y no nos conviene que se encharquen. Si hemos escogido un substrato muy fino, o sea de grano pequeño, debemos añadir gravilla volcánica fina o algo similar que mejore el drenaje.

Si el subtrato es grueso, podemos cernirlo y poner las partículas más gruesas a modo de drenaje.

Tras esta primera capa, podemos pasar el substrato por un cedazo para volver a depositar las partículas intermedias, que no son tan gruesas como la capa inferior, pero eliminando las más finas.

Finalmente, procedemos a colocar en la parte superior las partículas mas finas en las que se desarrollará el musgo.

De este modo el substrato estará muy bien aireado y el árbol estará sano. Y se irá secando todo el substrato a la vez, que es lo que interesa. Si echamos el substrato sin este proceso de cernido, cuando esté totalmente seco por arriba, por abajo posiblemente esté todavía bastante mojado, como expliqué en un post anterior sobre el riego. Y esto es lo que suele ocurrir con los bonsáis que adquirimos en un vivero: como no ciernen el substrato, se seca mucho antes por arriba que por abajo.



Ahora vamos a otra cuestión: qué substrato compramos a nuestro bonsái. Porque sin duda, lo mejor es comprar un substrato ya preparado. El problema es que las mezclas más comercializadas en viveros suelen tener una arena bastante fina en su composición. Así que debemos recurrir a un substrato en una tienda especializada o comprar además de la tierra preparada, arena más gruesa e incluso grava volcánica fina, artículos que se encuentran con frecuencia en viveros.

cuando vayamos a comprar la tierra, podemos apretar una esquina de la bolsa entredos dedos para comprobar si el substrato contiene partículas gruesas. En función de esto, podemos adquir también o no las partículas gruesas.



Yo he encontrado una tierra específica para bonsái muy ligera y de partículas bastante gruesas. Es una mezcla cara, pero teniendo en cuenta que el bonsái no precisa mucha cantidad y que en la mayoría de los casos, no precisará transplante en dos años, podemos permitírnoslo.



Los japoneses usan mucho una tierra especial llamada akadama. Con frecuencia, usan esta tierra sin ninguna otra mezcla. Se caracteriza por estar compactada en bolitas entre las que circula muy bien el aire.



Una pequeña reseña al abonado: debemos procurar un abonado lo más sano y natural posible para evitar que se formen sales perjudiciales en las raíces. Venden unas bolitas de abono orgánico muy buenas en lugares especializados y viveros. Basta colocarlas sobre el substrato y se irán descomponiendo lentamente. También suelo incorporar en ejemplares en crecimiento humus de lombriz. Es económico, ecológico y aporta gran cantidad de nutrientes, tanto de macroelementos como microelementos. Pero debemos evitarlo en ejemplares ya formados.

pinchad aqui para más información.

y aqui

Espero haber aclarado vuestras dudas sobre qué substrato elegir. si tenéis cualquier duda, no dudéis en consultarme a través de un comentario.

martes, 24 de marzo de 2009

Cómo transplantar un bonsái. Transplante de bonsái

Los Bonsáis- cambio de tierra



Os voy a poner un ejemplo de cómo debemos hacer un cambio de tierra con uno de mis bonsáis. Lo compré en un vivero hace dos años y se ve que las hojas no tienen suficiente verdor, apenas crece y le falta vitalidad.

Sin duda, necesita más nutrientes y el inevitable cambio de suelo. En ésta época, el inicio de la primavera, podemos hacer esta operación perfectamente. Hubiera sido deseable quizá, hacerla un poco antes, cuando la savia estaba más parada por el frío y le hubiera permitido recuperarse un poco mejor. Pero es un árbol fuerte y muy bien adaptado.

Pensaba hacer un par de capítulos sobre bonsáis antes que éste, pero como ha encartado hacer este transplante, he pensado que quizá a algún lector que tenga un bonsái en las mismas circunstancias que el mío, le interese el tema y he decidido publicarlo ya.

Quiero también pedir disculpas por la extensión de este post. Espero que no se os haga pesado. Pero no quería quedarme corto de fotos en tan delicado e interesante tema.

Como debemos podar las raíces, aprovecharemos para hacer lo propio con las ramas, para que el árbol esté equilibrado y no sufra más de lo imprescindible.

Lo primero es proveernos de una bandeja amplia que impida que la tierra y raíces sueltas se desparramen por toda la casa. También cogeremos todas las herramientas precisas para el transplante: cuchillo de modelar de madera, tijeras fuertes para bonsái, pala pequeña, tierra para la sustitución, vitaminas para el transplante con vaso medidor y agua destilada.

Vemos que el cepellón está firmemente encajado en el tiesto, de modo que con cuidado de no dañar las raíces más de lo preciso, vamos metiendo el cuchillo de modelar entre ambos. Hay herramientas específicas para hacer este proceso de separación del cepellón, pero a mi me viene muy bien este cuchillo de madera que es respetuoso con las raíces y el tiesto (foto inicial).



Una vez repasado todo el borde del cepellón, vemos que ya queda el tiesto liberado del pan de raíces.



Con sumo cuidado, lo levantamos y vamos retirando primero la tierra que está más suelta. Podemos usar el mismo cuchillo de madera, un palito… lo importante es que sea lo suficientemente delgado para penetrar en el cepellón, pero que no corte o arañe las raíces.

Vamos liberando poco a poco las raíces más externas. Y vemos que algunas son de cierto grosor y longitud.



En bonsái nos interesan las raíces más finas, que son las que proveen de agua y nutrientes al árbol. Las gruesas no nos sirven de nada. De modo que si vemos alguna raíz gruesa con pocos capilares o raíces finas, la cortaremos justo por debajo de algunos capilares, dejando éstos como futura raíz. Eliminando la mayor parte de la raíz larga y gruesa. Esto estimulará la formación de más capilares repercutiendo en la salud del árbol. Y al mismo tiempo, dejará más sitio para albergar más tierra, ya que el bonsái se caracteriza por tener un tiesto lo menor posible. Y esto sólo puede conseguirse a través de esta poda.



No debemos profundizar demasiado, en este caso, habremos saneado como una tercera parte del cepellón, o sea, quitamos la tercera parte del grosor del mismo por la parte inferior. Así dejamos intactas una buena cantidad de raíces unidas a su tierra original, evitando un shock a la planta.



Seguidamente, colocamos en el tiesto unas rejillas especiales para evitar que la tierra nueva y suelta se vaya por los agujeros de drenaje.

Es conveniente añadir una capa de drenaje para asegurarnos que las raíces no estén empapadas por la zona inferior del tiesto y sí se conserven suficientemente oxigenadas. Podemos usar arena más gruesa, que podemos obtenerla de cernir la tierra. También podemos usar grava volcánica menuda. Una fina capa bastará.

Ponemos tierra nueva procurando que ésta tenga la forma de cepellón, para que al colocar el cepellón sobre la tierra no queden huecos o bolsas de aire, que son muy perjudiciales.



Colocamos el bonsái sobre la tierra nueva y con un palito de madera vamos introduciendo a presión tierra por los bordes para que no queden huecos de aire tampoco por esta zona. Es habitual sujetar con alambre de cobre el cepellón al fondo del tiesto. Pero como éste bonsái no va a recibir apenas movimiento y no soporta mucho viento, podemos dejarlo así.




Finalizaremos el transplante con un riego abundante que una el cepellón con la tierra nueva y un riego con vitaminas especiales para bonsái que aumentarán la vitalidad del mismo y evitarán el shock del transplante.



Algo esencial es hacer una poda de hojas y ramas tras el transplante. Puesto que hemos suprimido algunas raíces, debemos suprimir también una cantidad proporcional de hojas, así el equilibrio entre ambos se mantiene.

De hecho, es conveniente hacer el cambio de tierra justo antes de que tengamos que hacer una poda más o menos intensa de ramas y hojas, así matamos dos pájaros de un tiro y la planta no sufre casi nada

En nuestro caso, el árbol está bastante escaso de hojas nuevas. De hecho, debería tener al menos el doble. Por eso, vamos a limitarnos a suprimir los brotes nuevos, en especial los que están orientados hacia arriba, que son los que van a chupar más energía de la planta. De este modo, mientras echa nuevas raíces, el árbol no precisará una demanda extra de nutrientes y podrá extender las raíces en el nuevo substrato sin problemas.

En la medida de lo posible, regaremos con agua baja en sales minerales. Yo suelo usar dos partes de agua del grifo (dejada en reposo para que se disipe el cloro) y una parte de agua destilada.

Otra sugerencia: no abonéis el bonsái una temporada antes del transplante, ni otra temporada tras el mismo.

finalmente, dejaremos el bonsái tranquilo por unos días en un lugar algo más sombreado (si estaba a pleno sol). No le haremos absolutamente nada, salvo ocuparnos de que esté convenientemente regado, sin excesos. cuando proceda, le añadiremos otra dosis de vitaminas con el riego.

más información aqui

en otro futuro post sobre bonsáis os haré algunas recomendaciones para los que aún no tenéis ninguno y queráis saber cómo escogerlo.