Pues ya Hemos hecho las arrebolas o rozas y tenemos las tráqueas y cajas bien fijas bajo la pared… pero el yeso nos ha dejado un color feo, ya que no suelen hacerlo blanco puro precisamente… Aparte que lo dejamos a propósito ligeramente hundido para darle un buen acabado final.
Para este acabado, podemos usar infinidad de masillas que hay en el mercado: unas son en polvo, para mezclar uno mismo con agua; otras vienen listas al uso… incluso podemos usar también yeso para este acabado, aunque un yeso de pintor, más fino que el usado para la fijación de la tráquea y caja.
Yo en esta ocasión voy a usar Plaste, que es un producto en polvo que hay que prepararlo mezclándolo con agua en la proporción indicada por el fabricante.
Es muy fino y tarda en endurecer, con lo que nos dará tiempo para hacer algún retoque.
Simplemente, se trata de coger una pequeña cantidad de material, colocarlo en el filo de una espátula más grande e ir aplicándolo sobre la arrebola o roza.
Conviene que las pasadas sean oblicuas, o sea, ni en el sentido de la arrebola, ni transversalmente a ellas, sino una cosa intermedia. Así se rellenará muy bien donde falte yeso y quedará bien parejo.
Una vez seco, podemos pasar una lija para eliminar posibles zonas que hayan quedado salidas y lograr un acabado aún mejor. Aunque normalmente, el Plaste deja un acabado tan fino que si lo hacemos bien no necesitaremos ni lijar.
El problema del Plaste es que empezamos y no acabamos, pues enseguida nos indica cualquier imperfección de la pared, por pequeña que sea. Incluso en los lugares que no hemos tocado para la arrebola. Y tenemos que parar en algún momento o acabaremos por enmasillar toda la casa. Hay que saber cortar a tiempo.
Yo suelo empezar con una espátula relativamente ancha, que cubra bien toda la superficie.
Y para dejar los bordes bien lisos y no se note el corte de la zona enmasillada y la vieja, aplasto bien la masilla con la espátula más pequeña procurando no dejar marcas en el plaste.
A veces se nos queda un grumo en el plaste que deja como un arañazo. Con una espátula pequeña podemos retirar el grumo y añadir un poco de masilla con suavidad para dejarlo lo mejor posible.
Es importante que siempre que hagamos una pasada con la espátula, en una zona donde la masilla esté fresca, que ésta esté cargada con un poco de plaste o levantará el viejo.
Previamente a la pintura, podemos dar una imprimación o bien un poco de la misma pintura pero muy diluida para que fije el plaste y no se vaya con la pintura.
Una vez seca esta primera mano fijadora, ya podremos pintar normalmente.
Si al dar la primera mano de pintura notáis alguna zona que ha quedado hundida y fea, podéis aplicar perfectamente un poco más de masilla.
La ventaja del Plaste es que podemos ponerlo también sobre la pintura.
De hecho, sé de pintores profesionales que antes de emplastecer dan una mano de pintura para detectar mejor los fallos de la pared y dar una capa más uniforme de masilla.
En cualquier caso así es cómo nos queda con una mano de pintura y a falta de la definitiva, que no la voy a dar de momento porque ya toca pintar la casa.
También puede darse el caso que vuestra pared no sea lisa, sino con gotelé o algún otro efecto de relieve. En tal caso, deberéis comprar Colamina o alguna otra pasta de acabados, prepararla en la proporción indicada por el fabricante y aplicarla sobre toda la zona. Finalmente, pasamos el rodillo adecuado para dejar un relieve similar al que había. ¡No olvidéis lavar bien el rodillo para poder usarlo en otra ocasión!
Ahora queda el montaje eléctrico, pero eso lo veremos en el siguiente post.
De hecho, voy a dedicar varios post al tema de la intalación eléctrica: colocar enchufes, meter cables, interruptores conmutados... ¡No os lo perdáis!
Bueno, amigos, ya tenemos hecha la arrebola o roza para cambiar el enchufe y/o el interruptor de sitio. Ahora fijaremos los tubos y cajas en su lugar.
Para ello necesitamos un par de espátulas, agua, un poco de yeso y un recipiente desechable.
No es muy importante el tamaño de las espátulas, aunque conviene que sean inoxidables porque podremos limpiar mejor el yeso, aunque lo suyo es evitar que se quede seco en las espátulas.
A modo orientativo: Una debería ser lo suficientemente estrecha como para poder remover bien el yeso y la otra suficientemente ancha para poder emparejar y añadir más cantidad de yeso de una vez.
Para preparar el yeso, echamos en el recipiente un par de dedos de agua. Seguidamente, añadimos el yeso bien espolvoreado. Según lo espeso que queramos el yeso, añadiremos más o menos.
Yo suelo añadir yeso hasta que sobresale por encima del agua como si fuera una montaña que se queda seca por encima.
Suelo usar yeso controlado, pues el normal seca muy deprisa y aunque está muy bien para fijar las tráqueas y cajas de interruptores, hay que trabajar con más cuidado. El yeso controlado o retardado tarda mucho más en endurecer y podremos preparar más cantidad y trabajar más tranquilos.
Conviene hacerlo más bien aguado, siempre y cuando podáis cogerlo con las espátulas. Veréis que a medida que trabajáis, va espesando.
La tráquea tiene el desagradable inconveniente que tiende a salirse, parece que tiene vida propia. De modo que lo primero que podemos hacer es fijarla por varios puntos: primero se corta el tubo a su longitud, de modo que sobre un poco por cada lado, introduciendo los extremos en las cajas correspondientes.
Una vez planteado, podemos poner un poco de yeso en el fondo de la arrebola, seguidamente, introducimos la tráquea y añadimos con la espátula yeso por encima. No hace falta que quede a ras de la pared. Se trata simplemente de fijar en varios puntos la tráquea. Y para eso, más que poner mucha cantidad de yeso, lo que interesa es que fragüe antes y para ello es mejor poner más bien poco.
Conviene, eso sí, mantener apretada la tráquea en su sitio con la espátula. No ha de moverse ni un milímetro. En cuanto el yeso de la pared absorba el agua del yeso fresco, éste endurecerá.
Una vez fijado en varios puntos el tubo, podremos trabajar más cómodamente.
Hay un truco que consiste en que si la tráquea ha quedado lo suficientemente profunda, podemos cortar un trocito de tráquea que no vayamos a usar y meterlo a presión atravesado en la arrebola, de modo que mantendrá la tráquea hundida.
Seguidamente, podemos proceder con las cajas. No os he comentado que suelen venir sin los orificios laterales hechos. Pero para hacerlos basta apretar con la punta de un destornillador, ya que los lados están marcados con los orificios, de modo que siempre se rompe por su sitio.
Pues bien, metemos las cajas en el hueco correspondiente y también introducimos en las cajas los tubos. No importa si sobra un par de centímetros de tubo dentro de la caja, porque después se puede cortar fácilmente.
Lo importante es que la caja quede a la profundidad adecuada, más o menos enrasada con la pared. Y que esté bien nivelada, pues aunque después podemos jugar con los tornillos del interruptor para que quede horizontal, lo suyo es que la caja quede lo mejor posible.
Podemos empezar poniendo un buen pegote de yeso en la parte trasera de la caja y la metemos enseguida. Para lograr que quede bien nivelada, pues a veces los mismos tubos tienden a torcerla, podemos calzarla en uno o varios sitios con un trocito de rasilla.
Vamos añadiendo yeso procurando que penetre lo más posible entre la caja y la pared y cuando consideremos que tiene lo suficiente por los cuatro lados como para no moverse, podemos dejar que fragüe el yeso, ya que no nos interesa hacerlo de una sola vez.
Cuando haya endurecido el yeso, ya podemos terminar de rematar la faena introduciendo el yeso por todos los recovecos y enrasando con la espátula en la pared. No importa si un poco de yeso penetra en el interior de la caja por el borde, pues el yeso se despegará muy fácilmente en pequeñas cantidades.
Con las tráqueas, hacemos algo parecido. Vamos metiendo yeso a lo largo de toda la tráquea sin llegar a enrasar con la pared.
En la siguiente pasada, añadimos un poco más y seguiremos así hasta lograr que quede casi nivelado con la pared, pero sin sobresalir.
El trabajo final, que es el que tiene que quedar más fino, lo realizaremos con masilla de acabados o plaste. O bien con yeso de pintor, mucho más fino que el yeso que hemos usado para fijar estos elementos.
En nuestro caso, hemos hecho algo más: teníamos un enchufe con su correspondiente caja empotrada que ya no lo queremos porque caía detrás de un armario. Así que hemos quitado el enchufe y la caja y ahora vamos a tapar el hueco.
Para hacerlo, no necesitamos una enorme cantidad de yeso, sino que vamos a rellenar parcialmente el boquete con papel de periódico. Con tres o cuatro hojas, será suficiente. Eso sí, la última capa hay que doblarla de modo que entre algo ajustada y no nos moleste después.
Entonces vamos metiendo el yeso empezando por los bordes y rellenando hacia el centro.
Finalmente, damos una pasada que deje el yeso casi nivelado con la pared, pero sin sobresalir.
Hemos logrado un espesor de yeso de un par de centímetros, que le da una solidez más que suficiente y hemos ahorrado yeso y tiempo, pues si lo hubiésemos rellenado todo a base de yeso, habría tardado más en fraguar y el resultado no hubiera sido tan rápido y eficaz. Este boquete lo he tapado en menos de dos minutos y ha quedado ya listo para darle una fina capa de masilla final.
También podemos acelerar el secado del yeso controlado en los sitios donde entre mucha cantidad y queramos que endurezca pronto, insertando o clavando unos trocitos de rasilla o ladrillo en el yeso ya colocado. Es muy práctico para fijar las cajas empotrables.
Pues ya hemos dejado totalmente tapados los tubos y las cajas. Ha quedado un poco feo de momento por el color oscuro del yeso, y más estando fresco. Pero el acabado ya es tema de otro post.
Bueno, amigos, tenemos otra interesante tanda de post. ¿A quién no le ha pasado que le gustaría tener una base de enchufes más próxima a la mesa para poner el flexo, por ejemplo? O bien que le vendría bien que el interruptor de la luz estuviese mas alto, más bajo o más desplazado para poner un mueble que nos viene bien y que de lo contrario lo dejaría tapado…
Pues algo así es lo que nos ha pasado a nosotros: teníamos pensado poner la cama del niño en una posición y coloqué los enchufes e interruptores en una pared y resulta que como hemos puesto literas, hemos visto que queda mejor la cama con otra orientación, con lo que los interruptores han quedado en la otra pared. Aparte que voy a colocar un interruptor bien alto para que el niño pueda encender la luz desde la litera superior para cuando tenga que bajar de noche para ir al baño y así se evita el riesgo de tener que bajar a oscuras.
Pues bien, lo primero es hacer el planteamiento: ver de las conexiones que disponemos, de dónde podemos sacar la toma de corriente y la posibilidad de conectar la luz desde la caja de empalmes más próxima.
Hay varias opciones para hacer esta instalación: poner un rodapié especial en el que se puede integrar el cableado, canaletas externas...
La primera opción queda descartada porque supondría tener que meternos en obra y sin embargo, tendríamos que poner otro rodapié, con lo que con un poco más de trabajo, podemos dejar nuestro rodapié y hacer una instalación en condiciones.
Las canaletas no me gustan. quedan los cables muy superficiales; quedan muy accesibles para las manos infantiles; y son antiestéticas por mucho que las pintemos.... Para mí sería el último recurso para el caso que no podamos hacer arrebolas o rozas.
éstas últimas son la mejor opción porque los cables quedan perfectamente metidos por la pared sin verse y con la posibilidad de poder meter más y hacer más arrebolas para ampliar la instalación ¡Nunca se sabe cuándo y dónde necesitaremos otro enchufe o interruptor!
En nuestro caso, tenemos una base de enchufe cercana desde la que podemos sacar sin problema unos cables para hacer más enchufes. La luz es algo más complicado, porque tengo dos llaves conmutadas, pero habría que llevar los cables por un largo recorrido… así que de momento, nos vamos a limitar a poner dos bases de enchufes mientras diseño el recorrido que ha de hacer el cableado para que se encienda por conmutación la luz principal con el interruptor superior de la litera y el de la entrada al cuarto.
Lo de montar interruptores conmutados es tema de otro post. Pero no os preocupéis, todo a su tiempo, os lo explicaré más adelante.
Simplemente deciros que consiste en que dos o tres interruptores actúan sobre la misma luz: todos la encienden y apagan.
Es muy interesante en pasillos largos; en los dormitorios, donde se puede accionar la luz desde la entrada o desde las mesillas de noche… Ya os explicaré cómo se hace.
Pero de momento, vamos a empezar por hacer las arrebolas o rozas, que es como se suele denominar los canales que hay que hacer en la pared para meter las tráqueas o tubos en los que irán introducidos los cables.
Debemos armarnos de cincel y martillo. No os recomiendo ni un cincel muy grande, ni un martillo pesado. Aunque si tenéis alguna experiencia, podéis usar un cincel mediano y un martillo también de peso medio.
Pero antes, debemos marcar en la pared con lápiz el sitio por el que vamos a realizar el surco y disponernos a pasar un buen rato en la faena ¡Siempre podéis pensar en vuestra suegra mientras hacéis la arrebola para hacer la tarea más llevadera! Je, je, je…Bueno, es broma, que yo me llevo muy bien con mi suegra.
Lo que quiero decir es que evitéis ir con prisas. Solo lograréis abrir un agujero difícil de disimular después. Es interesante profundizar primero haciendo algún agujero en la zona para ver qué tenemos debajo, como explicaré más adelante.
Hay que ir marcando con el cincel y el martillo toda la zona señalada previamente.
Para ello, debéis ir avanzando poco a poco: marcáis varios centímetros de un lado, sobre la línea marcada, y después en el otro; sin dar con fuerza y procurando mantener la cabeza del cincel ligeramente hacia afuera, o la punta ligeramente hacia dentro.
Así evitamos deteriorar demasiado la pared por la parte exterior de la arrebola y después será más sencillo el acabado.
Si mantenéis el cincel perpendicular o con la cabeza inclinada hacia dentro de la arrebola, el efecto será romper más justamente por el exterior: la pintura se saltará e incluso el yeso y será una zanja fea, con abultamientos por los bordes que impedirán que éstos nos puedan servir de guía para rellenarla bien después y quedará con abollonados y feos bultos….
Una vez repasada así las dos líneas, volvemos a hacer otra pasada profundizando un poco más. Lo más normal es que al marcar el segundo lado, el material del interior de la arrebola ya empiece a desprenderse.
Naturalmente, también depende de la naturaleza de la pared. En mi caso, tenía una capa de perlita, después mezcla y debajo el ladrillo.
Lo más normal es que sea una capa relativamente gruesa de yeso y debajo el ladrillo. El proceso es similar, salvo que esté más o menos duro y necesitemos más o menos pasadas.
Vamos repitiendo las pasadas, sin olvidarnos de ir dando en ambos lados de la arrebola para ir sacando el material y evitar romper más pared de la cuenta.
Algo que no os he dicho es que conviene hacer la arrebola algo más ancha que la tráquea o tubo que vayáis a meter. Si va muy justa, después tendréis que estar repasando y perderéis más tiempo que si le dais un par de milímetros más de primera hora. Y por otra parte, lo mismo da tapar una raja de 1,5cm que de 2cm… No sé si me explico…
Respecto a la profundidad, también es conveniente que sea algo más profunda que el grueso del tubo. Si no tiene bastante profundidad, el tubo quedará muy afuera y será más complicado taparlo, si es que se puede tapar.
Con frecuencia es conveniente romper una capa de rasillas o bloques de la pared para lograr suficiente profundidad: es sencillo: buscamos la zona de la rasilla o bloque que esté hueca y por ahí clavaremos fácilmente el cincel. Seguimos rompiendo en la zona hueca y cuando lleguemos a una zona no hueca, ya podemos apoyar el cincel en la parte maciza de la rasilla en la dirección donde ya no tiene apoyo por haberla roto, y saldrá fácilmente. Seguidamente, es relativamente fácil ir sacando trocitos de la mezcla que une las rasillas o bloques cuando ya no se apoya en éstos.
Repito para que quede muy claro: empezamos rompiendo la zona hueca de las rasillas. Seguimos con las zonas de ladrillo de alrededor y seguidamente con la mezcla cuando ya no está apoyada en el ladrillo.
Por supuesto, si tenéis que hacer la arrebola horizontal, conviene que estudiéis un poco la pared, como os indiqué antes. Pues basta que sea dos centímetros más arriba o más abajo para hacer la arrebola por rasilla hueca y terminarla en un momento, o por la zona maciza de mezcla que hay entre dos capas de rasillas. Por eso, antes de señalar la zona por donde irá la arrebola, debéis hacer un pequeño orificio para examinar lo que hay debajo.
En mi caso, no preciso romper los ladrillos más que para las cajas empotradas de los interruptores o enchufes, de modo que me ahorro el trabajo (por otra parte, la mezcla es algo dura, así que no me miréis con envidia).
Para hacer los agujeros para embutir la caja de la base de enchufe o interruptor, es exactamente igual: podemos colocar la misma caja en su sitio para dibujar su contorno y vamos perfilando el contorno con el cincel poco a poco, sin profundizar mucho en cada pasada.
Cuando tengamos suficiente profundidad, podemos empezar a romper por el centro hasta lograr la suficiente profundidad.
No es un trabajo sucio en absoluto, siempre que paséis la escoba de vez en cuando y cubráis los muebles cercanos para evitar que les caiga pequeñas partículas desprendidas de la pared.
Una recomendación: reservad algunos trocitos de ladrillo que salgan más o menos limpios. puede sernos de utilidad en la siguiente etapa del proceso.
Otro sistema más rápido de hacer la arrebola es con la radial: practicamos dos cortes paralelos con el disco a la profundidad deseada y después sacamos todo el material que queda entre las dos rajas mediante cincel y martillo.
El problema de este sistema es la enorme cantidad de polvo que levantaremos. Si tenemos la casa amueblada y estamos viviendo en ella, nos dará más trabajo el limpiar el polvo tras el trabajo que si hacemos toda la labor a cincel y martillo, como os he descrito en el post.
Y ya tenemos la arrebola hecha y lista para meter la tráquea y las cajas embutidas… Seguiremos en el próximo post.
Aquí vemos uno de los juguetes de mi hijo: un coche de bomberos que ya lleva casi un año de “uso”. El pobre juguete está literalmente machacado por dentro: debería moverse solo al apretar el bombero hacia dentro del coche y debería hacer el sonido de los bomberos y encenderse las luces.
No sé muy bien con lo que me voy a encontrar, pero al niño le encantan los coches y sobre todo los “pipos” (coches de bomberos, ambulancias, policías… todos los que llevan luces y sirenas). Asi que trataremos de repararlo para que pueda usarlo un poco más de tiempo.
Como siempre, lo primero es abrirlo. Nos encontramos con un pequeño desastre, aunque no esperaba otra cosa:
Veo algunos engranajes sueltos dentro del juguete y los cables también están sueltos…
Como siempre, vamos por partes: primero lo más complicado. Si no logramos reparar lo más difícil, es tontería dejarlo a medias. Si podemos arreglarlo, lo demás también tiene arreglo…
Vemos que son dos los engranajes que están sueltos y corresponden al casillero que hay delante del cilindro con el muelle. ¡Por suerte no es un reloj suizo! Je, je, je.
Basta fijarnos un poco para ver más o menos donde van. Separamos un poco la caja de los engranajes –que en realidad es el problema: que la caja se abre con facilidad- e insertamos con unas pinzas los dos engranajes.
Hemos de procurar que el cierre de esta parte sea más firme, porque es el problema: con la presión del muelle se abre la caja de engranajes por la mitad y los engranajes resbalan e incluso se salen.
Así que, aprovechando un orificio de un tornillo que se ha pasado de rosca, haremos un agujero pasante y fijaremos los dos lados de la caja de engranajes con un tornillo con tuerca, que impedirá que se vuelva a abrir.
Ahora vamos con los cables: Por suerte, vemos que en el mismo sitio donde se han desoldado, han escrito los colores de los cables: rojo y negro, con lo que basta con añadir un poco de líquido de soldar en las puntas de los cables y en los bornes…
y se sueldan en un momento con cualquier soldador.
Si no hubiéramos tenido la suerte de saber dónde van los cables, podríamos ponerle las pilas y probar mediante tanteo para ver en qué posición funciona.
Ya solo queda el montaje: volvemos a cerrar el juguete, atornillamos con firmeza pero sin pasarnos y le colocamos las pilas…. ¡Juguete como nuevo!
Le hemos dado, simplemente con un poco de nuestro tiempo y algo de paciencia, más tiempo de vida a este simpático juguete.
Ya vimos cómo cortar las piezas y las hemos replanteado y marcado para no intercambiarlas.
Ahora vamos a proceder a su ensamble: En este caso, lo mejor es unir los trozos con tubillones, ya que será una unión invisible y muy sólida. Como las maderas son de 16mm, usaremos espigas de 8mm de diámetro.
El proceso es similar a cuando marcamos las testas de los listones de la litera. Salvo que este caso, vamos a realizar los orificios en ambos lados. Ya que no tenemos ningún orificio previamente hecho.
Para ello, marcamos en una de las dos partes a la distancia que haremos los orificios. Colocamos el tope de profundidad a la broca. En este caso he optado por el tope que trae el mismo taladro.Y realizamos los agujeros lo más centrados posible. Pero no importa si salen algo descentrados siempre y cuando hagáis los orificios bien derechos.
Es muy aconsejable que uséis una guía para espigar o al menos algún dispositivo que os facilite colocar y mantener la broca bien posicionada para lograrlo.
Una vez hechos los boquetes de un lado, ponemos en ellos los marcadores y ahora sí que podemos hacer como en la litera: alineamos bien ambas maderas y clavamos las puntas de los marcadores o centradores en la madera sin perforar.
Solo queda perforar, insisto, con la broca bien derecha en los sitios marcados y poner los tubillones para ver si el ensamble ha quedado bien o si necesita algún repaso.
Si algún orificio os sale un poco torcido y después no casan bien las piezas al colocarle las espigas y ensamblarlas, podéis fijaros en cuál es el orificio malo y podéis agrandarlo un poco hacia el lado conveniente para lograr que casen perfectamente las dos piezas.
La cola blanca también rellena pequeñas holguras de los huecos.
Y si habéis tenido que agrandar bastante el orificio, siempre podéis usar pegamento de montaje. También es muy sólido y con más capacidad de relleno que la cola blanca.
Para ensamblar las piezas con tubillones, bastará añadir un poco de cola blanca en los orificios de un lado de las maderas. Metemos los tubillones y los apretamos con un martillo de puntas de nylon, maza de madera, o incluso con un martillo normal si no tenéis los anteriores…
Seguidamente, humedecemos con cola blanca la parte del tubillón que ha quedado al aire y colocamos la otra pieza.
Las ajustamos con el martillo de nylon o maza de madera (si no los tenéis, usad un martillo normal golpeando sobre un mártir de madera para no dañar la pieza).
Y con un trapo humedecido en agua, podéis eliminar la cola que rebosa entre las dos piezas.
Y vamos repitiendo hasta tener todas las piezas montadas.
Es interesante apretar las piezas entre sí mediante sargentos para lograr una unión más fuerte. También podéis usar cinchas o cualquier otro sistema. El resultado será mucho más sólido y duradero.
Para realizar las patas o piezas que van bajo el colchón e impiden que la valla se vuelque hacia fuera, podemos colocar un par de tirafondos en vez de espigas. Así, cuando queramos guardar la valla, bastará destornillar las patas y apenas abultará.
Eso sí, si usáis para las piezas que van bajo el colchón también madera de aglomerado, los tornillos no serán suficientes, pues esta madera se abre fácilmente. Podemos reforzarla uniendo las dos piezas con ángulos metálicos.
Como quedan por la parte interna no se verán y darán una enorme robustez a esta zona que es la que soportará la mayor parte de tensiones.
Por otra parte son piezas económicas, que encontramos en cualquier ferretería o bazar por muy poco dinero y se colocan en dos minutos con cuatro tornillos cada una.
También podemos acoplarle a estas piezas que van bajo el colchón, unas chapas que se apoyen sobre las lamas y así mantengan perfectamente vertical la valla. Pero es simplemente cuestión de estética.
Y, amig@s, ya tenemos la valla protectora lista. Que, por supuesto, también nos servirá cuando el otro niño pase de la cuna a la cama. Y para ponerla o quitarla, basta levantar un poco el colchón, meter las patas horizontales y volver a bajarlo.
Cuando el niño vaya a caerse de la cama y se apoye en la valla, las patas horizontales se apretarán contra el colchón e impedirán que la vaya ceda, amortiguando el golpe contra la valla al mismo tiempo.
Algun@ me dirá –o pensará- que este objeto se puede comprar en cualquier tienda de accesorios infantiles, y le daré la razón… Pero nosotros la hemos hecho a nuestro gusto, con las medidas que nos conviene y sin costarnos casi nada, pues hemos usado un retal de madera.
Y hemos practicado un poco de bricolaje, con lo que para otra ocasión que necesitemos un objeto que no haya en las tiendas, también podremos fabricarlo con la experiencia adquirida…
Y en cualquier caso, no se puede comparar la satisfacción que produce hacer uno mismo un objeto de utilidad y usarlo, que ir a la tienda y comprarlo.
Como medida de seguridad, podemos poner algo que mate el filo de la parte superior de la valla por si el niño se diera un cabezazo con esta parte, que tiene un filo vivo: Podemos usar un protector de silicona que suelen vender; una tira de burlete del usado en puertas y ventanas; un trozo de tubo de goma que habremos cortado a lo largo, abriremos, y en el que insertaremos la madera; un cojín delgado y alargado…. Según vuestro gusto.
Otra posibilidad sería hacerla con madera maciza que podríais barnizar o pintar del color de los muebles, e incluso podríais fresar los bordes para que estén bien redondeados, sin cantos vivos y así no puedan provocar lesiones, con lo que os ahorráis tener que ponerle protectores adicionales.
Me limito a daros la idea y mostraros las fotos y explicaciones de la que he construido yo… Las posibilidades son infinitas.
Hemos pasado un rato agradable haciendo esta valla. Y os aseguro que es totalmente eficaz (salvo que vuestro niño tenga la costumbre de moverse mucho y acabar en los pies de la cama, para lo que tendríais que hacer otra valla, o hacerla más larga).
Animaos a hacer estas pequeñas tareas de bricolaje: es un verdadero hobby, os ahorraréis un dinerillo, y seréis capaces de solucionar cualquier problema que tengáis en casa sin las molestias de buscar, llamar y esperar a un profesional…