
Ya vimos en el post anterior los preliminares para poner unas tapas bien niveladas en unos zapatos cuyas suelas estaban desigualmente desgastadas. Dejamos los zapatos con las tapas encoladas y en el proceso de secado…
Podemos ajustar un poco las tapas, ya que lo más normal es que sobre un reborde de la tapa y éstas deben quedar totalmente enrasadas con el tacón.

Los zapateros usan una especie de fleje de acero afilado en un extremo. Corta muchísimo y es muy sencillo de afilar dándole unas pasadas sobre la piedra. Si no disponéis de esta económica herramienta, podéis usar un cúter afilado.

Debemos poner la cuchilla bien perpendicular al borde del tacón, y tirando hacia nosotros, sin movimientos de vaivén, iremos retirando el sobrante de las tapas ¡Cuidadín con las manos, es una cuchilla muy afilada y se escapa facilmente!
Podemos dar el acabado final con una lima, ya que si no tenéis experiencia, os quedarán algunas rebabas o pequeños picos. De todos modos, tras enmasillar, volveremos a repasar, así que no apuréis demasiado… Para quitar siempre hay tiempo.
También es hora de eliminar las rebabas del pegamento, que como veis es de un muy poco discreto color amarillo… También podemos limpiar con la cuchilla los sobrantes de pegamento del borde interno de las zonas más separadas entre tacón y tapa para que quede más sólida la masilla que colocaremos después.
Tras esto, conviene dar un buen apretón con sargentos a la tapa contra el tacón colocando una madera en la tapa y otra en el interior del zapato, como hicimos tras pegar las piezas, ya que el pegamento puede comprimirse un poco dándole mayor solidez.

Tras este proceso, y comprobado nuevamente con el calibre que los dos zapatos están a la misma altura, podemos enmasillar los bordes.
Ahora podemos rellenar los huecos que hayan quedado entre la tapa y el tacón –recordad que os dije que no pusieseis la cola hasta el borde- con masilla epoxi, que es muy dura, moldeable y podremos lijar para lograr emparejarlo todo bien. Los zapateros suelen usar para este proceso una cera especial. Pero no dispongo de ella y la masilla dará un acabado más sólido.
Yo he usado la misma herramienta de recortar el sobrante de la tapa para retirar las zonas donde sobra más grueso de masilla epoxi -una vez seca-, y también aprovecho para retocar un poco los sobrantes de tapa.

Un repaso final con la lima, garantiza que quede todo uniforme, bien nivelado y sin salientes. Trabajo que también hubiera sido muy sencillo y rápido con una lijadora de banda pequeña.
Para lograr el color adecuado, podemos pintar la masilla e incluso todo el tacón con pintura negra, caso que vuestro calzado sea de ese color. Si la masilla que habéis escogido, como es mi caso es de color muy oscuro, prácticamente con el mismo betún de limpiar los zapatos será suficiente.

Ahora vemos los zapatos tras superar la prueba de fuego: me los he puesto al día siguiente de poner la masilla epoxi y os aseguro que están como el primer día: se nota el tacón recto y firme.
Ya solo queda pulir un poco el tacón con una lija para lograr un acabado más profesional, aunque tal y como están, ni se nota.
Puede parecer un poco complicado, quizá porque me extiendo mucho en los detalles para que no tengáis ninguna duda si os animáis a hacerlo vosotros… pero os aseguro que en cuatro ratos está hecho. Y, a fin de cuentas… ¡El bricolaje es nuestro hobby!
Y nos hemos ahorrado unos eurillos… O muchos, si hubiésemos tirado los zapatos y comprado unos nuevos.
Para otra vez que me compre unos zapatos clásicos sin tapas, lo primero que haré será comprar también un par de tapas y ponérselas de primera hora. Así cuando empiecen a gastarse, sólo tendré que sustituir las viejas tapas por otras y me ahorraré tiempo y trabajo.
Tras un par de semanas de uso, y tras comprobar desde el primer día que los zapatos han recuperado su comodidad, doy fe que el arreglo ha sido plenamente satisfactorio: no se ha abierto ni una grieta entre el tacón y la tapa y ésta está muy bien fijada.
Animáos a hacer estas pequeñas tareas de bricolaje: Os entretendréis un rato, lo pasaréis bien y os ahorraréis un dinerillo ¡Estamos en crisis!
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