viernes, 20 de septiembre de 2019

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Amig@s: Ninguna cosa es para siempre… Por muy cuidada que tengamos nuestra moto, podemos dejarla aparcada y al regresar por ella, verla tumbada en el suelo, o que le han dado algún golpe y roto algo. Algo… como la bolita de una de las manetas. En este caso, la del freno.

Parece una tontería repararla o cambiarla porque, aparentemente, la moto se maneja perfectamente sin la bolita de marras. 
Lo cierto es que no podremos pasar la ITV con ese fallo y nos pueden multar si  nos pillan circulando así. 
Esto es porque es un objeto punzante con el que alguien puede resultar herido.

Lo ideal es comprar otra maneta nueva. 
No son caras y suelen ser compatibles varios modelos. 

Pero… No vamos a tirar la vieja. Ya me conocéis y sabéis lo que me gusta entretenerme con estas cosas. Además, nos va a costar muy poco dinero repararla. Mucho menos que comprar una nueva.

Se puede hacer de varias formas y con varios productos. Sobre la marcha iré dando alternativas.
 

Yo he empezado por practicar un orificio, de unos 10mm de profundidad, con una broca fina en el extremo roto. 
He procurado hacerlo de modo que pase el orificio por el centro de la maneta. 
Ya que si nos desviamos a un lado, corremos el riesgo de debilitarla o incluso salirnos por un lateral. Se hace muy fácil porque es un metal muy blando. 

Eso sí, sujetad la maneta en un tornillo de mesa con trapos en las mordazas para que no se marque. No sujetéis la maneta con una mano mientras taladráis con la otra. Se puede escapar o partir la broca y liarla…

Ahora hay que colocar un alma metálica para reforzar el lugar donde vamos a colocar la bolita. Se puede meter un clavo que entre encajado en el orificio que hicimos anteriormente. Si le ponemos pegamento epoxi o similar, mucho mejor.
Pero yo tenía ganas de entretenerme y he buscado un tornillo ligeramente más grueso que el orificio. 
Y con un macho de roscar, que he sujetado con mi Leatherman Free P4, ya que el soporte de mi juego de machos es muy grande para este macho tan fino, He realizado la rosca en el orificio de la maneta.

Como dije antes, el orificio es de unos 10mm de profundidad. Hay que tenerlo presente al meter el macho, ya que es muy fino y de material quebradizo. Podemos forzar y partir el macho si llegamos al final y seguimos girándolo. También conviene poner aceite para facilitar su trabajo.
 
Con el destornillador (también de mi Free), atornillamos el tornillo y lo dejamos apretado. Si tenéis fijador de tornillos, pegamento de cianoacrilato u otro similar, mucho mejor. Yo creo que así ha quedado suficientemente firme y no he considerado conveniente añadirle pegamento.
 
Seguidamente, hay que recubrir el alma metálica (clavo o tornillo en mi caso) con una pasta dura. Podemos usar resina, pegamento epoxi, cianoacrilato y bicarbonato sódico… Yo tenía un poco de soldadura fría. Me costó barato y sólo usaré una mínima parte, de modo que nadie me diga que es más caro el pegamento que una maneta nueva.
De hecho, si no queréis desperdiciar producto, podéis hacerlo en varias etapas.

Yo puse un poco de soldadura y su endurecedor sobre una lata y lo mezclé bien con una varilla metálica...
El problema, que había mucha cantidad de producto y quizá le añadí poco endurecedor… Con lo que tuve que estar casi dos horas dándole vueltas y recolocando la masa para que se quedase con la forma. 

Hubiese sido interesante hacer un molde. Se puede hacer incluso con plastilina. De este modo, se pone la masilla y sólo hay que dejar endurecer. 

También podría haber puesto un poco de alambre sobre el alma para ayudar a sujetar la masilla mientras curaba. Lo importante es que por fin endureció.

Una vez seca, se lima el sobrante para dar la forma y se pinta
Como digo. Yo lo hice sin molde y a ojo. 

Es interesante tener otra maneta intacta para ir dándole la forma lo más parecido a la otra. 

No obstante, para haberlo hecho así, ha quedado bastante bien.


Al día siguiente (en realidad basta esperar un par de horas, pero quería asegurarme de que estuviese bien seco), vi que le faltaba un poco de masa a la bola cuando la comparé con otra maneta intacta. 

Volví a preparar un poco de soldadura fría y apliqué una capa. Esta vez, al tener más superficie de agarre, se facilitó el proceso de distribuir la pasta. 
Antes de aplicar la segunda capa, limé ligeramente la superficie anterior para mejorar el agarre, ya que quedó con bastante brillo.
Esta vez sólo esperé hora u hora y media y pasé a limar para quitar rebabas y salientes 
y terminé el acabado con una lija fina.

Una pasada de pintura en spray negra… y el acabado es impecable. 
Al principio, parecía quedarse con mucho brillo y se notaba la diferencia. Pero una vez seca la pintura queda prácticamente igual.
Se puede mejorar el acabado. Pero tal y como está, no creo que nadie se vaya a dar cuenta que es una maneta reparada.
Es más, al tacto parece del material original y si se araña la pintura, también parece de aspecto metálico (es la principal ventaja de usar soldadura fría).

Nos queda soldadura fría para reparar varias manetas más –o para lo que sea preciso- y la maneta está lista para montarla sin riesgo de lesionar a nadie.