jueves, 2 de octubre de 2014

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Amig@s: Un familiar me pidió que le ayudase con un problema que tenía. Su nevera tenía la puerta descolgada. Me decidí a echarle una mano y ver qué podíamos hacer para solucionar el problema.
 

Cuando vi el estado de la nevera, comprendí la magnitud de la avería, pues no es que estuviese ligeramente descolgada por la parte del asa, que es lo más habitual en estos casos… es que ni siquiera se podía cerrar salvo que elevásemos toda la puerta y la encajáramos en el hueco. Total, un desastre.


La forma más habitual de solucionar una puerta de nevera descolgada es retirar el ángulo inferior del lado de la bisagra y unido a éste saldrá el vástago que es la bisagra propiamente dicha, ya que sobre el vástago gira la puerta para poder abrirse y cerrarse. Como el problema suele ser que se ha desgastado la zona  de plástico inferior de la puerta sobre la que se apoya en el ángulo, basta poner una o varias arandelas que corrijan el desgaste producido. Se vuelve a montar y la puerta queda perfecta… Pero en este caso no ha sido así. Pero, como siempre, vayamos por partes para que veáis todo el proceso.



Para empezar, tenemos que poder tener acceso al ángulo que os mencioné antes, el que tiene el vástago sobre el que gira la puerta, en la parte inferior. Hay una pieza de plástico que cubre toda la parte inferior.
Retiro, tirando hacia arriba, un pequeño embellecedor de plástico cerca del extremo, por la parte superior, por si hubiera algún tornillo debajo que pudiera fijar la pieza al resto de la nevera. 

En este caso no lo hay.

 
Vamos tanteando… y en mi caso, descubrí que separando ligeramente los extremos del plástico hacia los lados, se podía retirar esta pieza, 

dejando a la vista un ángulo en cada esquina inferior.
Para una mejor manipulación, que estos tornillos llevan años puestos y fueron muy bien apretados en su día, volcamos la nevera hacia el lado del asa.


Con nuestra Leatherman Surge aflojamos los dos tornillos –en algunas neveras, hay tres- y liberamos el ángulo con el vástago. 

Esto también se podría haber hecho con la nevera en posición vertical, pero tendríamos que estar tumbados en el suelo. Y al apretar con el destornillador, la nevera se desplazaría hacia detrás. Y el peso de la puerta, que descansa sobre el ángulo, haría que los tornillos estuviesen más difíciles de retirar. A veces un poco de trabajo inicial, nos hace la tarea más fácil. Con la ayuda de otra persona, la nevera está tumbada en unos instantes.


Si los tornillos estuviesen engarrotados por el óxido, podríamos usar varios trucos: poner un poco de aceite tipo 3 en 1 entre la cabeza y el ángulo, calentarlo con un soplete,.. O usar un destornillador con mango en forma de T o incluso uno de impacto. 


También puede variar el tipo de tornillos. En este caso, son de tipo americano o de estrella. 

En otros casos, os encontraréis que son de cabeza hexagonal y podréis aflojarlos con una llave, que hace bastante más fuerza que un destornillador. Para ser sinceros, hubo un tornillo que no pude retirar con la Leatherman…. Posiblemente lo hubiera logrado, pero era obvio que el tornillo debía estar oxidado y estaba demasiado duro, por lo que tuve que recurrir al destornillador de “T”. Aún así, estaba durísimo y a raíz de esto me compré un destornillador de impacto o de golpe… Pero eso ya es tema de otro post.

El caso es que hemos logrado retirar el ángulo y su vástago y vemos que la parte inferior está realmente destrozada. 

 
 
 
Probamos a poner un par de arandelas, pero éstas se cuelan literalmente dentro de la puerta al volver a poner la nevera vertical. 

Añado más arandelas, pero aunque la puerta ya queda a la altura necesaria, si nos fijamos, queda una abertura en la parte inferior por la parte de la bisagra al cerrar la puerta. 


Si apretamos, se cierra la abertura, pero no podemos estar siempre pendientes de esto. 



El problema es que por efecto del desgaste, la puerta ha estado mucho tiempo rozando de forma indebida y el vástago ha deformado el hueco, con lo que no encaja el vástago en el hueco con la precisión necesaria.


Se me ocurren dos soluciones: o fabricamos una pieza para colocarla fija a la base de la puerta con el orificio justo para el vástago, de modo que pierda la holgura... 


O simplemente, cambiamos el sentido de giro de las puertas, de modo que el vástago vaya en el lado opuesto, que tiene el orificio intacto.


Como en este caso nos da igual que se abra para un lado o para el otro, y no disponía tampoco de mucho tiempo para la reparación, voy a decantarme por esta segunda opción. 

Nos ahorramos tener que fabricar una pieza a medida y quedará bien al 100% ya que el vástago está en perfecto estado, y su alojamiento también está bien. 


De todos modos, si en vuestro caso no os conviene cambiar la puerta de sitio, también podéis recurrir a la masilla epoxi: forramos el vástago con una fina capa de plástico de cocina o un papel fino, que impedirá que la masilla deje el vástago y su alojamiento pegados. Colocamos la puerta en su posición y rellenamos a conciencia con masilla, dejando al final una arandela ancha que reparta bien el peso de la puerta y cuyo orificio coincida con el vástago.

Pero como decía, en mi caso cambiaremos el sentido de giro. Así que retiramos nuevamente el ángulo inferior, el que calzamos con arandelas. 

También quitamos el del lado opuesto. 

En realidad, el tornillo engarrotado que os hablé antes, fue justamente el inferior de este ángulo.


Tenemos que retirar el vástago del ángulo para colocarlo en el otro, ya que si ponemos el ángulo tal cual, el vástago ahora no quedaría en su sitio. 

Pero no os preocupéis, que con un par de alicates, podemos desatornillar el vástago cogiéndolo por el extremo –aplanado para tal fin- y sale sin problema. 

De momento, dejamos sin poner el ángulo con el vástago y nos vamos a la puerta del congelador. 


Tenemos que cambiar también de sitio la bisagra superior del congelador. Éste tiene también un embellecedor. Y está fijado por muchas pestañas a lo largo de la parte superior e inferior. Hay que ir manipulando despacio y con cuidado, apalancando suavemente con un destornillador y presionando con los dedos hasta lograr retirarlo.
El ángulo superior es diferente de tamaño que los inferiores. Pero el sistema es idéntico.


Nos encontramos esta vez que los tornillos que fijan el ángulo son de tipo hexagonal. 

No pasa nada, con una llave de vaso o de otro tipo, retiramos los tornillos, cambiamos el vástago de posición igual que hicimos con el vástago inferior, y Antes de poner el ángulo en el lado contrario, nos queda aún otra bisagra que desmontar:

En efecto, ahora tenemos que cambiar de lado la bisagra común para la puerta de la nevera y la del congelador.


 Vemos un par de tapones de plástico en el lado del frontal de la nevera opuesto a la bisagra… eso nos da la pista de dónde deben estar los tornillos en la bisagra, aunque no se vean. 

Basta retirar un embellecedor –un trocito de plástico- que va pegado sobre la bisagra para dejar las cabezas de los tornillos a la vista. 
 
Se retiran y ya queda suelta. 


Basta invertir de posición la bisagra y colocarla en el lado opuesto. 



Los tapones embellecedores que retiramos los ponemos en los huecos de la nevera que han dejado los tornillos de la bisagra.

Y ya nos queda el montaje, en orden inverso al desmontaje. 

Empezamos poniendo el ángulo del congelador con el vástago. Obviamente, ya tenemos que poner la puerta del congelador en su sitio antes de fijar este ángulo.
Fijamos también el ángulo inferior con la puerta colocada.


 

Había una especie de arandela de plástico blanco, de un par de milímetros de grueso, cuando retiré la puerta de la nevera y no sabía si esta arandela estaba dentro de la puerta o colocada por fuera. 

Me pareció que no cabía y monté la puerta simplemente poniéndole una arandela de metal fina para que se repartiera más el peso de la puerta sobre la base del vástago… 

Pero al poner la nevera vertical, descubrí que realmente tenía mucha holgura, de modo que volví a retirar el ángulo inferior, coloqué la arandela de plástico y encima la metálica, que cabe y ayudará a que no descanse todo el peso de la puerta en la pequeña superficie de la arandela de plástico. Esto alargará la vida de la puerta.


Finalmente, colocamos los embellecedores superior e inferior (con el embellecedor que quitamos inicialmente), 

la tapa de los tornillos de la bisagra central. 

Y cambiamos los tiradores de sitio (en este caso, los tiradores no son mas que unos huecos en los que introducir las puntas de los dedos y en el lado donde no va el tirador, hay una pieza de plástico metida a presión para taparlos. De modo que basta sacar la pieza de un lado usando la punta de un destornillador y meterla en el lado contrario).


Las puertas funcionan como el primer día. Se abren y cierran perfectamente, están perfectamente derechas y cierran bien contra el marco de la nevera.

Solo basta una buena limpieza, que la nevera ya llevaba cierto tiempo sin usarse por el problema de la puerta, y parecerá otra.

En un ratito de trabajo, hemos evitado tener que deshacernos de esta nevera que funciona muy bien y nos hemos ahorrado el coste de una nueva.

1 comentario:

  1. Muchas gracias por el servicio de informar.
    No sabe como se agradece en estos tiempos. Saludos

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