martes, 4 de octubre de 2011

Pintar bici. Restaurar bici. Pintar cuadro de bici. Pintar metal. Limpiar rodillo de pintura y brocha


PINTAR CUADRO DE BICI



Ahora vamos a empezar con el pintado de la bici, tras el Preparado inicial. Queremos hacerlo lo más rápido y sencillo que podamos…Pero que quede lo suficientemente bien como para sacar la bici a la calle con cierto orgullo. No pretendo tampoco un acabado profesional, ya os dije que quiero una bici de batalla que no llame la atención de amantes de lo ajeno.

Voy a explicar dos formas de realizar el proceso y que cada cuál elija la que más le convenga según su presupuesto y eEnlacexpectativas.



Para empezar, lo primordial es retirar toda la pintura vieja. Y lo más cómodo para eso es usar un producto decapante tipo químico. Simplemente, vamos untando con una brocha en las zonas pintadas, dejamos actuar...



y retiramos con una espátula o similar.


Como mi cuadro es de hierro, no tengo que preocuparme de rallar el cuadro. Si vuestro caso es un cuadro de aluminio, deberéis hacerlo con cuidado. Y, por supuesto, si es de carbono, ni penséis en el decapante, pues disolvería el cuadro.


El proceso de retirar la pintura se me hace bastante más pesado de lo que imaginaba… tras una mañana dándole al decapante y la espátula, tenemos el trabajo a medio hacer, pues quedan muchas zonas y recovecos con restos de pintura. Incluso muchas zonas bien visibles del marco tienen algunas manchas de pintura.


Eso sí, descubro para mi sorpresa que el cuadro está en mejor estado de lo que imaginaba. Obviamente se ve sucio, deslucido…Pero en muchas zonas vemos el acero reluciente y no se ven zonas picadas por el óxido.


La segunda mañana de trabajo con el decapante, deja ya el cuadro listo para el siguiente paso. Quedan aún algunos restos de pintura.


El decapante, pese a su aparente comodidad –de hecho es la opción más sencilla-, es un trabajo duro, tedioso y poco gratificante: las salpicaduras en manos y brazos pican como el demonio; el olor es acre y perjudicial para las vías respiratorias; tras retirar lo más gordo, nos encontramos restos que se resisten, porque van cayendo de unas zonas a otras y al secarse el decapante, vuelven a adherirse… o bien la pintura se diluye y se vuelve a agarrar sobre la superficie cuando seca… ¡Y no os imagináis la cantidad de recovecos que tiene una bici! Y si queremos hacer un trabajo bueno y duradero, al menos lo segundo, debemos eliminar toda la pintura vieja.


Me paso una tarde entera. Entregado a la tarea de retirar uno a uno con la espátula todos los pequeños restos de pintura. Es cuestión de armarse de paciencia, ponernos una música tranquila y relajante, ponernos cómodos y trabajar sin prisa y dispuestos a acabar con los dichosos pegotitos de pintura.


Tras retirar toda la pintura, debemos retirar todos los restos de decapante que puedan quedar. Mal asunto si empezamos a pintar y la pintura nos dura una semana, si es que llega a coger. Ved las instrucciones de vuestro decapante para eliminar cualquier resto. En mi caso, pasaré un paño con disolvente universal haciendo hincapié en los recovecos, donde es más probable que se haya acumulado decapante.



Podemos pasar una lija fina para disimular los arañazos y muescas que pueda tener el cuadro, así como para retirar los pequeños restos de pintura que aún queden. Ahora que no hay pintura, nada nos impide dar un repaso que dé uniformidad. Si un arañazo es demasiado profundo, es mejor enmasillarlo. De todos modos, el material de esta bici es sólido, más duro que la espátula, diría yo, y no presenta ningún arañazo. Si vosotros vais a pintar la bici y presenta arañazos, hacedlo. Yo solo pretendo eliminar la capa superficial de óxido que se forma tras cierto tiempo pasado el decapado.


Un gran enemigo de la pintura es la grasa, la misma grasa de nuestras manos es algo que debemos evitar a toda costa.


Así que vamos a empezar por ponernos guantes y pasar un paño con disolvente, alcohol o acetona que elimine estos restos indeseables. Debemos dar varias pasadas usando partes limpias del trapo e incluso renovándolo cuando esté usado en toda su superficie. Es muy importante este paso.



Si vamos a pintar con pistola o spray, podemos tapar todos los huecos para que no entre la pintura dentro. Para ello basta cubrir el orificio con cinta de carrocero de modo que cubra el mismo. Después pasamos una lija media o gruesa por el borde para eliminar el sobrante y quede lo justo para tapar el hueco.

Es un proceso que me recuerda mucho al canteado de tablas de madera, pero usando cinta de pintor en vez de cinta de cantear y una lija en vez de una lima. Queda realmente curioso: el orificio perfectamente cubierto y sin sobrantes de cinta que puedan dificultar el pintado.




A estas alturas, nuestro viejo cuadro mal pintado y oxidado está prácticamente reluciente, como debe estar antes de pintarlo. De hecho, si pasa algún tiempo antes de pintarlo, conviene dar otra lijada fina, incluso si se trata de un cuadro de aluminio, y tras retirar el polvillo, proceder lo antes posible al pintado.


Otro paso crucial es la imprimación. La imprimación se ocupa de evitar el óxido. Y, otra función de esta capa, es la de servir de base para la pintura.


Sin imprimación, la pintura duraría poco y se empezaría a desconchar enseguida, echando por alto todo el trabajo anterior. Hay pinturas antioxidantes de imprimación, muy usadas por chapistas, que vienen en Spray.


El proceso es agitar el bote durante varios minutos e ir aplicándolo en suaves y breves pasadas. Podemos empezar por los recovecos y soldaduras, más complicados, y después dar pasadas más largas para las zonas más rectas y lisas.

Entre pasada y pasada, podemos esperar un poco antes de insistir en esa zona. Así la pintura anterior está más seca y evitamos que se formen goterones que estropearán completamente el trabajo.


Si se nos forma un goterón, debemos esperar que seque bien y lijarlo hasta volver a dejar ver el metal. Seguidamente volveríamos a aplicar el spray de imprimación en la zona.


Debemos dar varias manos de imprimación –lijando tras cada mano- hasta lograr un tono uniforme y una perfecta cubrición.


Muy importante también es evitar a toda costa el polvo ambiental. Entre mano y mano pueden depositarse partículas de polvo invisibles a la vista… pero que quedarán adheridos con la pintura que apliquemos encima y acabarán por notarse. Ni se os ocurra hacerlo en un lugar polvoriento o arruinaréis el trabajo.


También hay que tomar algunas medidas de precaución: usar mascarilla y guantes y que estemos en un lugar ventilado. Los vapores de las pinturas en spray son muy perjudiciales.


Pero esto es en la teoría… En la práctica me encuentro que este spray sólo está disponible en sitios muy especializados, a un precio algo elevado para lo que tenía pensado gastarme… Y encima no especifica que la imprimación en cuestión sea antioxidante… (después lo encontré en una gran superficie, pero ya era tarde, estaba la bici pintada). Para un cuadro de aluminio es perfecta… Pero no me fío. Por otra parte, no pretendo dejar la bici con un acabado de fábrica. No tengo compresor para pistola y no tengo demasiada experiencia con la pintura en aerosol. Solo pretendo dejar el cuadro protegido para que sea duradero.


Así que paso del spray y voy a darle una buena mano de imprimación de minio… sí esa dichosa pintura naranja al plomo, espesa y maloliente… Es sin duda lo mejor para proteger el hierro. Y si la aplicamos debidamente, quedará uniforme y con dureza.



El truco es dar varias manos muy finas y para ello hacen falta dos requisitos: diluir la pintura para que no esté demasiado espesa y quede una mano muy delgada… y usar un rodillo de lacar pequeño, que distribuirá la pintura sin dejar goterones.


Además, descubro que ya la hay disponible sin plomo y apenas huele, aunque su textura se queda pastosa y difícil de distribuir homogéneamente –eso no ha cambiado, jejejeje-.



Voy a seguir un proceso similar al de pintar una habitación: primero tomamos un pincel pequeño y vamos aplicando la pintura que tomamos directamente del bote en todos los recovecos por los que no podría llegar el rodillo.

También así después podremos pasar el rodillo con más fluidez sin tener que estar con miramientos para rellenar cada recoveco.

Procuramos aplicar con el pincel una capa lo más fina posible, pero sin dejar zonas sin cubrir. Es importante alisar muy bien los bordes para que no quede un antiestético escalón. Seguiremos con el rodillo.

Como no voy a emplear todo el bote de minio, pues el cuadro es relativamente pequeño, echo en un bote la cantidad que creo necesitaré y ahí puedo diluirla tranquilamente con disolvente. Si notamos que está muy líquida, sólo hay que añadir un poco más de pintura o esperar un poco, que el disolvente es muy volátil y se evapora enseguida.



Pasamos la pintura preparada a la cubeta y mojamos el rodillo en ella…¡NO! Esperad… El rodillo es nuevo. Así que usaremos un truco para que el acabado sea aún mejor: mojamos bien el rodillo en agua y lo sacudimos enérgicamente varias veces.

Así eliminamos la pelusilla que no está bien adherida al rodillo y nos puede estropear el acabado.

Podemos pintar un trozo de cartón limpio, un papel, madera… para lograr darle la uniformidad deseada y ya podemos empezar a pintar la bici.


También conviene que nos hagamos con un palito afilado por un extremo, pues si se suelta una pelusa o cae un pelo, nos arruinará el trabajo. Así podemos retirar el elemento extraño con el palito y volver a pasar el rodillo.


En realidad estos rodillos son totalmente reutilizables. Casi recomendaría pintar algo con el rodillo, limpiarlo bien, dejarlo secar y después volver a usarlo para la bici. Pasa como con las brochas: los pelos quedan pegados por dentro con la misma pintura y es mucho más difícil que se desprendan.



Tras aplicar una mano de pintura, vemos que queda poco homogéneo. Si volvemos a pasar el rodillo, peinamos la pintura y queda mucho mejor. Pero cuidado, que es ahora, cuando aplicamos el rodillo sobre pintura más espesa, cuando hay más riesgo de que suelte pelusas.


Lo ideal, si tenéis paciencia para ello, es dar una mano de pintura casi transparente y cuando seque bien, dar otra. Y repetir hasta lograr una capa uniforme y lisa.



La ventaja del rodillo de lacar –como decía- es que es reutilizable: sólo tenemos que mojarlo en un poco de disolvente tras terminar de pintar y “pintar” con ello una hoja de periódico. Según la cantidad de pintura que contenga, podemos repetir un par de veces más, añadiendo un poco de disolvente al rodillo y depositándolo sobre una hoja de periódico. Yo suelo optimizar la limpieza doblando la hoja de periódico usada sobre sí. Normalmente el disolvente atraviesa enseguida el papel, mientras que la pintura queda retenida. Pasando nuevamente el rodillo sobre esta mitad doblada, logramos eliminar más pintura con menos cantidad de disolvente. Tras esta limpieza preliminar, podemos volver a añadir un poco de disolvente al rodillo y pasarle un paño para levantarle y limpiarle los pelos. Como vemos, se limpia igual que una brocha, pero es redondo y con las cerdas muy cortas. Es importante no descuidar los extremos del rodillo: la parte donde se inserta el mango hay que limpiarla o en el próximo uso no rodará bien y el extremo opuesto del rodillo se quedará duro si no insistimos en esa zona y lo estropeará.


Por otra parte, los rodillos de espuma acaban por deshacerse si aplicamos una pintura con mucho disolvente.


Finalmente otra ventaja del rodillo de lacar frente al de goma espuma es que éste último tiende a dejar pompitas a su paso, ya que está lleno de aire y su superficie no es homogénea. El rodillo de lacar sí es homogéneo y no deja pompas.


Para realizar el proceso de pintado del cuadro, coloco el cuadro sobre dos cajas de cartón que lo aguantan por los extremos. Pinto la parte inferior del cuadro colocando primero esta parte hacia arriba y después, con mucho cuidado, le doy la vuelta y pinto la parte superior, que será más visible. Es inevitable que las zonas que están en contacto con las cajas no queden bien. No importa, una vez seca la pintura, podemos retocar con un pincel.


Entre mano y mano de imprimación, y tras un secado perfecto, podemos dar una pasada de lija muy fina que elimine cualquier imperfección, aún invisible para la vista, pero que tras capas de pintura, será más perceptible. Al menos lo haremos en las zonas rectas y sobre todo por su parte más visible. Esta lijada también hará que la siguiente capa de pintura agarre mejor. Tras lijar es imprescindible pasar un paño que no suelte pelusas ligeramente humedecido. Así eliminamos cualquier vestigio de polvo.


El proceso de aplicar la pintura de acabado es idéntico, ya sea con rodillo o con spray: podemos usar pintura en spray, que es cómodo y deja un acabado aceptable. Siempre aplicando sin miedo, pero con rapidez y pasadas y pulverizadas cortas, breves.


También podemos aplicar algún barniz en spray que proteja la pintura y aumente la duración de la misma… Pero también me parece innecesario en mi caso, que tan solo quiero que la bici tenga un aspecto medio decente.


A todo esto, también voy a pintar la horquilla, la potencia, la tija, y el transportín, que estaba en buen estado, pero con la pintura picada y restos de óxido por algunas zonas. La perfección está en el detalle y de poco servirá que nos hayamos esmerado en el cuadro si después montamos alguna pieza mohosa que desluzca por completo todo el trabajo.



Me llevo un buen chasco… pues tras dos manos de pintura, me encuentro que la pintura gris forja que había dado para el acabado está en mal estado: no llega a endurecer.


Basta pasarle ligeramente una uña para hacer una raya. Es tontería dejarla así. Había escogido esta pintura para aprovecharla y porque el tono me parece muy bonito para combinarlo con unos adornos de cualquier otro color: negro, rojo, azul, blanco…


Pero está claro que no podemos dejar el cuadro así. Así que echo mano de la lija y de horas de paciente trabajo hasta lograr dejar el cuadro lo más liso posible. No es preciso quitar toda la pintura, pues en las zonas donde está más fina ha agarrado muy bien y está dura y, a fin de cuentas es también una pintura antióxido, que ayudará a proteger el cuadro de la humedad. Eso sí, no nos vale como pintura de acabado.


Tras repasar bien toda la bici y repintar con minio algunas zonas donde nos hemos pasado con la lija y hemos dejado el metal a la vista, ya podemos dar el acabado.



He elegido una pintura azul cobalto. No combina tanto como el gris, pero es un color sobrio a la par que alegre… dependiendo que lo combinemos con tonos claros u oscuros.


Espero encontrar en mi tienda-taller de bicis alguna pegatina que haga innecesario dar más manos de pintura en otros colores.


En la tercera y última mano, me encuentro que la pintura ha cambiado inexplicablemente de color: en vez del bonito color cobalto, casi color azul marino, pero con un tono algo más claro, se ve casi azulino.


Por otra parte, me gusta y es original, que el color azul cobalto está muy visto. Aunque, para evitar que os pase, os recomiendo siempre agitar bien el bote de pintura antes de abrirlo y después remover con un palito hasta el fondo.

Yo, en la tercera mano, olvidé agitar el bote y sólo removí con el palo, lo cual puede que explique este cambio en el tono.


No esperéis, de todos modos, que la pintura que le he dado a la bici quede como de fábrica. Siempre se le verán imperfecciones y su dureza deja mucho que desear.


Para lograr una mayor dureza, habría que haber usado una pintura en spray metalizada (de precio algo elevado para mi presupuesto) y aún así, las pinturas de fábrica suelen tener un acabado de horno que hace que la pintura tenga mucha más resistencia a los arañazos.


De todos modos, tenemos nuestro bote de pintura y siempre que se produzca un desperfecto o de modo periódico, podemos lijar ligeramente los desperfectos y pintar los arañazos con un pincel.


En la próxima entrada, montaremos los componentes en el cuadro y la probaremos para analizar el resultado... ¡No os lo perdáis!.



jueves, 29 de septiembre de 2011

Extracción de bielas. Desmontar dirección de bici.


DESMONTAR DIRECCIÓN Y BIELAS DE BICI



Amig@s: Estoy restaurando una bici vieja que me encontré rota y tirada en la calle.


Ya vimos que retiramos todas las piezas del cuadro y era relativamente sencillo.

Pero hay dos partes que entrañan cierta dificultad, o al menos os inspirará cierto respeto: las bielas y la dirección.

Me ha parecido interesante que conozcamos la forma de desmontar estas dos piezas, ya sea para su limpieza y engrase, o para pintar más cómodamente el cuadro.


Empecemos por las bielas:

Como no dispongo de las herramientas adecuadas, he optado por llevar la bici al taller… Pensaba comprar las herramientas precisas, pero resulta que son herramientas antiguas y exclusivas que ni se venden.


El mecánico ha procedido a extraer los tapones-embellecedores situados en los extremos de las bielas y sacar los tornillos allen.


Ha introducido el extractor de bielas, que consiste en un tornillo con mango que presiona el eje pedalier y va separando la biela del mismo–, Como os digo, el extractor es un modelo antiguo, ya en desuso- y el mecánico ha logrado sacar con grandes dificultades la biela del lado de los platos…


Pero con la otra biela ha sido literalmente imposible. De hecho se partió el mango de la llave extractora y entre dos mecánicos no lograron retirar la pieza.


Les sugerí usar una llave grifa o Stillson, pero se ve que no disponían de “tan sofisticada herramienta” Así que quedé en quitarla yo y devolvérsela, ya que el hombre tenía gran empeño en conservarla (ciertamente, se puede modificar para poder ser usada con una llave fija o inglesa retocándole a lima un par de lados de la cabeza).



La cosa es que ya en casa, logré –con la llave grifa- retirar sin esfuerzo la pieza del extractor.



Supongo que tendré que dejar la biela del lado izquierdo puesta durante la pintura, pero de hecho lo que me molestaba era el juego de platos, que quedaban a pocos milímetros de las vainas dificultando el acceso a las mismas.


Ahora veo que, pese a que la dirección iba como la seda, ahora renquea un poco. Seguramente, le habrá entrado algo de decapante que ha retirado la grasa, o ha removido la suciedad que tenía dentro perjudicando el buen funcionamiento de los rodamientos.


Para mí, la dirección de mi bici nueva no tiene secretos, pero siempre había sido un misterio la dirección tipo “clásica”, con esa extraña tuerca grande y el anillo con muescas de debajo…. Pero ya va siendo hora de meterle mano y el taller no nos va a sacar de todos los apuros.



Empezamos por aflojar la tuerca grande con una llave inglesa normal (¡¡YUPIIIII, podemos usar herramientas normales…POR FIN!!).



Seguidamente, con una llave allen (también normal y corriente) aflojamos varias vueltas el tornillo que se aloja en el vástago de la potencia, por arriba.



Antes de retirarlo, podemos hacer dos cosas: la primera es echar un poco de aceite en el vástago de la potencia, para que vaya ablandando la unión, ya que hay restos de óxido y probablemente estén hechos una pieza.


En segundo lugar, y esto sí es obligatorio haya óxido o no… es dar un golpe seco -con el martillo de puntas de nylon- en la cabeza del tornillo que hemos empezado a sacar. Esto aflojará el casquillo interior y nos permitirá sacar la potencia y su mango o vástago, que en estas bicis antiguas están soldados.




Ahora, con unos suaves golpes del martillo de Nylon, podemos extraer fácilmente la potencia y su vástago.


Vamos a acceder a la dirección en sí: los rodamientos: Para ello, desenroscamos esa misteriosa tuerca con muescas que resulta ser la parte superior de las pista de rodamientos del cojinete de arriba.



En la parte inferior de la pipa, vemos el cojinete inferior. En este caso, hay una pista de rodamiento en la horquilla, que queda a la vista en cuanto sacamos ésta hacia abajo.


En la parte inferior de la pipa queda la otra pista correspondiente a este rodamiento inferior.



En este caso, las bolas están enjauladas y podemos sacar todo el aro sin que las bolas salgan botando por todo el suelo… Pero estad prevenidos por si no es vuestro caso y las bolas están sueltas.


Podemos examinar las pistas de rodamiento por si están muy marcadas o sucias. En mi caso, creo que pueden seguir en uso. Bastará con una buena limpieza de pistas y cojinetes y un abundante engrasado de ambos.



Y, por supuesto, haced una foto de todas las piezas puestas en su orden de desmontaje si creéis que podéis liaros a la hora de montarlas de nuevo. Las metéis todas en una bolsita para evitar que alguna tuerca, arandela, cojinete… etc. se pueda extraviar. Todavía nos queda un largo proceso de pintura.



A la hora del montaje, introducís el vástago de la horquilla por la pipa de la dirección… con la precaución de haber metido antes el cojinete inferior en la posición correcta. En mi caso, la parte redondeada del cojinete va hacia la pipa.


Seguidamente, introducimos el cojinete superior por el vástago que sobresale de la pipa, que es el tubo de la horquilla. También lo introducimos con la parte redondeada hacia la pipa, o sea, hacia abajo.


Es importante que los cojinetes estén bien engrasados, ya que la grasa dará suavidad e impermeabilizará estos elementos.

Si vuestra bici no tiene las bolas enjauladas, podéis poner abundante grasa en las pistas y así las bolas se quedarán pegadas a las mismas ¡Cuidado que al meter la barra de la horquilla no se salgan!


Seguimos con el montaje: metemos la arandela que sujeta el cojinete superior contra la pista de la pipa. Damos un apriete muy suave con la mano.


Hasta ahora, la dirección caía por su peso hacia abajo saliéndose de la pipa. Ya queda sujeta.


Es importante dar el apriete preciso para que la dirección quede bien sujeta, sin holguras, pero que gire suavemente.


A continuación, ponemos la arandela y la siguiente tuerca, que es la que hace de contratuerca con la anterior que pusimos y mantiene la dirección con el apriete deseado.


Con esto, ya tenemos la dirección colocada. Ahora queda poner la potencia.


En esta bici antigua, tenemos que poner la potencia, que está unida al vástago de la dirección introduciéndola en la pipa. Para ello, metemos el largo tornillo superior y atornillamos ligeramente la pieza de retén en el extremo.


Es importante que metamos el manillar lo más derecho que podamos, o sea, bien perpendicular a la rueda delantera. Manteniendo la posición, vamos apretando el tornillo o perno con una llave allen del número adecuado hasta que se ponga duro. Damos un apretón final y ya tenemos la potencia montada.


Y en el próximo post procederemos con el decapado y la pintura de la bici.



viernes, 23 de septiembre de 2011

Careta de soldar electrónica. Comparativa de caretas de soldar. soldadura. Trucos de soldadura.

Careta de soldar electrónica



Amig@s: hoy vamos a tratar un tema de altura… al menos si sois alt@s, jejejeje. Vamos a analizar las caretas de soldar, incluida la electrónica, sus ventajas e inconvenientes. Hace poco que me hice con una careta de soldar electrónica.




Hacía mucho, mucho tiempo que quería comprarme una de esas caretas electrónicas, pues hasta ahora, la careta que usaba era una de mano que venía en otro equipo de soldadura, pues en el mío, tipo inverter que ya tod@s conocéis bien, no venía incluida la careta.


Hasta ahora, las soldaduras eran un pequeño problema para mí, porque con frecuencia el cordón salía irregular y a veces se torcía caprichosamente hacia arriba o hacia abajo. Sobre todo al soldar en una posición complicada.


Esto se me ha hecho particularmente evidente con un trabajo que estoy haciendo: una valla de hierro para protección infantil en mi terraza, para evitar que los niños puedan caer por encima del bordillo de la misma.

La reja en cuestión tiene casi tres metros de largo y está apoyada en el bordillo y en un soporte provisional para poder ir añadiéndole elementos.

Al principio, cuando estaba hecho sólo el marco principal, era relativamente sencillo lograr unas soldaduras aceptables… pero a medida que añadí los travesaños y barrotes, el trabajo se iba complicando.


Uno de los secretos de la soldadura es hacer un buen cordón a la primera. Como se nos interrumpa el cordón o nos quede un poco de escoria entre el cordón y el metal, esa escoria repelerá cualquier soldadura posterior que queramos hacer para rellenar ese hueco… En tal caso -si no tenemos acceso con el cepillo de alambre o la piqueta- hay que retirar con la amoladora o radial toda la soldadura en los alrededores de la escoria hasta lograr retirarla por completo.


Para soldar correctamente, necesitamos usar las dos manos para sostener el porta-electrodos. Es imprescindible para lograr un buen control sobre la soldadura.


Por otra parte, otro factor muy importante a la hora de hacer una buena soldadura es poder ver lo mejor posible lo que estamos haciendo: la careta de mano nos permite hacerlo… pero si no la mantenemos bien pegada a la cara, entrará mucha luz por los lados e impedirá ver el trabajo.


Yo hasta ahora, soldaba en mi improvisado taller de bricolaje y la luz natural no me perjudicaba y me apañaba con mi vieja careta de mano… hasta que probé a soldar a la luz del día. El sol es un verdadero obstáculo y me fastidió más de una soldadura, pues prácticamente tenía que soldar “al tacto”, dirigiendo el electrodo por la unión de los dos hierros sin ver nada.



Por eso es muy importante usar una máscara de soldar tipo casco: estas caretas se fijan a la cabeza con una especie de arnés ajustable y tienen una articulación, de modo que nos permite alzar la careta para dirigir el electrodo hasta el punto justo donde queremos empezar el cordón de soldadura, sujetándolo con las dos manos. Y con un ligero movimiento de cabeza, podemos bajar la careta y empezar a soldar.


Además de mantener la careta bien pegada a la cara y no entrar luz exterior contaminante, nos deja libre las dos manos. Con las dos manos es relativamente sencillo acercar el electrodo lo justo para que salte el arco sin que se nos quede pegado –una vez cebado, en especial si es un electrodo nuevo-. Una vez establecido el arco, podemos ir deslizando el electrodo por la superficie a soldar.


Si hemos dado la intensidad adecuada, ni siquiera hemos de mantener una separación entre el electrodo y el metal, la misma funda de revestimiento del electrodo mantiene la separación adecuada. Y lo único que tenemos que hacer es deslizar el electrodo a una velocidad lenta y constante y, por supuesto, no salirnos de la zona que queremos soldar.

Las caretas de cabeza son realmente prácticas….


Pero la tecnología avanza y ya hace bastante tiempo que oí hablar de las caretas electrónicas.



Estas caretas son una maravilla porque ni siquiera tenemos que preocuparnos de mover la careta: nos permite ver a través de la pantalla perfectamente el electrodo y la zona a soldar… En el momento en que salta el arco, se oscurece automáticamente.


Aunque durante la soldadura, la visión es bastante escasa –desgraciadamente, esto no ha cambiado- el hecho de poder dirigir correctamente el electrodo al lugar preciso; el poder sujetarlo con ambas manos y recuperar una visión clara al instante de cesar el arco de soldadura, permite un control mucho más preciso de todo el proceso.


Hacía mucho que deseaba tener una de estas caretas electrónicas y, la verdad, yo mismo me he sorprendido de su eficacia.


Disponen de varios tipos de regulación para poder ajustarla al trabajo que estamos realizando:

En primer lugar un botón de grado de oscurecimiento ,situado en el exterior, que va del 9 al 13. Si realizamos un trabajo con más amperaje, pondremos un nivel de oscurecimiento mayor y si es una soldadura con menos amperaje, podemos mejorar la visión del proceso con un nivel menor.



También tiene dos botones interiores: uno para ajustar el tiempo que tarda en volver a la visión clara tras apagarse el arco voltaico y otro para ajustar la careta a la intensidad de luz exterior y el trabajo a realizar.

Así podemos realizar cómodamente trabajos de soldadura a alto amperaje y con fuerte luz exterior o un trabajo delicado con chapas delgadas.


Esto también sería posible con las caretas convencionales… pero sustituyendo el cristal protector por uno adecuado al trabajo.


Si queréis soldar, aunque sea eventualmente, os recomiendo sin dudarlo una careta de cabeza frente a una de mano… y si el presupuesto os lo permite o vais a hacer algún trabajo de cierta envergadura… una careta electrónica os vendrá de maravilla…. Que no os pase como a mí, que he estado años con una vieja careta de mano y no he descubierto las ventajas de las caretas de cabeza hasta hace muy poco.



Estas caretas son sorprendentemente ligeras y se ajustan muy bien a la cabeza. La mía tiene un sistema de regulación muy rápido y sencillo que permite adaptarla al punto justo en un momento. Basta empujar ligeramente la tuerca y girarla en un sentido u otro, según queramos agrandar o estrechar el arnés. Al soltarla, ya no se moverá de la posición deseada.


También podemos ajustar los tornillos que fijan la articulación del arnés a la careta para lograr que la careta baje con más o menos facilidad y así no tenemos ni que retirarnos la careta durante el trabajo: la mantenemos puesta sin que se cierre.


El único inconveniente que le veo a estas caretas es que pueda estropearse el circuito electrónico por un golpe.



A partir de ahora, creo que usaré muy, muy poco mi careta de mano. La dejaré en el estuche del soldador para poder realizar una soldadura de emergencia, pero lo cierto es que las ventajas de la otra careta son aplastantes.


Las caretas de mano tienen la ventaja que son muy ligeras y abultan poco. Nos puede venir bien para un trabajo ocasional donde sólo tengamos que hacer una o dos soldaduras en posición cómoda y nos estorbe mucho la otra careta, más voluminosa y de delicado transporte.


En cualquier caso, si sois principiantes en soldadura, las caretas de mano no son nada recomendables. Todavía para alguien que ya tenga cierta experiencia, podría ser de cierta utilidad.


Y en la próxima entrada… Seguiremos restaurando nuestra vieja bici ¡No os lo perdáis!


martes, 20 de septiembre de 2011

Reparar bici. restaurar bici vieja. bici antigua.


Restauración de bici vieja:

Amig@s: Hoy vamos a enfrentarnos a un reto.



El caso es que me encontré una bici vieja, rota y abandonada en la calle y pensé que sería un bonito hobby poder restaurarla.


Bajo la antiestética mano de pintura que le han dado, se aprecia un cuadro de hierro algo oxidado, o al menos con la pintura saltada en varios sitios. Pero no es demasiado pesado y es robusto. Creo que podríamos tratar de arreglarla.


Lo primero es ver si merece la pena hacerlo o es preferible quitarle las partes que puedan servir para otra bici. Vamos a examinarla con detenimiento.


Vemos que su anterior propietario no tenía ni idea de mecánica de bicis: en vez de tratar de ajustar los cambios, ha fijado la palanca del desviador delantero con alambre para dejarlo fijo.


Con los piñones ha usado un sistema similar.



Vemos que tiene transportín, y en relativo buen estado. Bastaría un poco de pintura para dejarlo bien, aunque vemos que la sujeción del transportín a la tija está hecha con alambre y cinta aislante…. Un trabajo de mecánica maravilloso, jejejejje.



También tiene un par de accesorios que serían aprovechables: un guardabarros trasero en buen estado y un soporte del bidón.



Vamos a empezar por quitar todos los accesorios, incluido el antiestético espejo retrovisor que le han puesto con una abrazadera y cinta aislante, para valorar mejor el estado de la bici.


De todos modos, tanto si vamos a restaurarla, como a aprovechar las piezas, lo primero sería despejar el cuadro para pintarlo, guardarlo, o para tirarlo.



Retiramos el retrovisor, el transportín, el porta-bidón, el guardabarros… Vemos que la llanta trasera está destrozada.

Tiene varios radios rotos y alguno hasta está enredado con el eje. Esto es seguramente lo que a su anterior propietario le impulsó a abandonar la bici… Cuando por unos 20€ podría haberle comprado una llanta nueva.



Examinamos platos y piñones y vemos que, aunque muy sucios, no presentan un desgaste excesivo, de hecho, están en muy buen estado, es más, seamos sinceros: están perfectos. Podemos aprovecharlos.


Igualmente, el desviador y el cambio parecen en perfecto uso, salvo por la capa de mugre que los recubre.


Seguro que con una buena limpieza y el cambio de cables, que en su “gran sabiduría” su anterior propietario pintó del mismo color que el cuadro impidiendo que puedan entrar bien en las vainas para poder actuar sobre frenos y transmisiones. De hecho, bajo la pintura de los cables, vemos que están relucientes. Pero de todos modos, las vainas están pintadas y estropeadas en algunos sitios. Mejor cambiarlas.


Los puños son algo aparatosos, pero dan sensación de robustez. Procedo a retirarlos para sacar las manetas de frenos y los cambios del manillar. Vemos que el manillar está bastante picado por el óxido. Nada que no pueda arreglarse con un poco de lija y pintura…. Pero podemos también poner un manillar de doble altura de aluminio y la bici ganará mucho en comodidad y ligereza. y tampoco son caros.


Poco a poco me voy calentando y me digo…¿Por qué no tratar de restaurarla?


A estas alturas me veo perfectamente capacitado para hacerlo y sería un hobby. Es cierto que por poco más de lo que me voy a gastar en piezas casi podría comprarme una bici nueva… pero no me fío de las bicis económicas que vemos en los supermercados… muy baratitas, pero a base de componentes muy malos.


Por otra parte, una bici de repuesto siempre viene bien para invitar a algún amigo a pedalear o para usarla como bici de batalla: una bici para dejarla sujeta a un semáforo mientras compramos en el súper sin tener que preocuparnos demasiado en si se la llevan o no… O para ir a la playa, cosa que con mi bici Orbea Raptor jamás haría.


Puede que vosotros no encontréis una bici así o que si la encontráis la dejéis tal cual… Pero sí puede ocurrir que os venga bien aprender alguna reparación de las que voy a hacerle a esta bici.



Por lo pronto, seguimos desguazándola: desarmamos el cambio y vemos que simplemente abriéndolo y poniendo un poco de aceite, ya la palanca gira y arrastra el cable. Creo que puede funcionar. Será un cambio basto, nada comparable con el Shimano deore de mi bici, pero puede servirnos. Y bien ajustado, puede ir hasta bien y no es muy tentador para alguien amante de lo ajeno que vea la bici atada a un poste, jejejejejej.


Retiramos la rueda trasera con vistas a sustituir la llanta. Lo primero, tras retirar la cubierta, la cámara y la banda; es limpiar los piñones lo mejor que podamos. No voy a desmontarlos siquiera, pues cuando compre la llanta nueva, en la tienda me montarán los piñones gratis y con mejores herramientas de las que dispongo.


Respecto a las cubiertas, tiene la trasera, aunque algo cuarteada, pero le falta la delantera, aunque ésta tiene la banda antipinchazos que aprovecharemos.



Por cierto, respecto a los frenos, vemos que las manetas son perfectamente aprovechables y el freno delantero está completo y en perfecto uso… Pero le faltan las pinzas del freno trasero. Son frenos Cantilever. Habrá que pedir presupuesto para ver por cuánto puede salirnos ponerla en servicio. Por lo pronto, necesitamos:

Llanta trasera

Freno trasero

Cables y fundas

Al menos una cubierta (ya puestos, ponemos las dos y ganará mucho).

Una cámara (aunque dispongo de varias aprovechables)

Pedales

Manillar (opcional)

Sillín (tengo el original de la otra bici, que sustituí por uno más cómodo)

Adaptador del sillín a la tija

Pintura

Tras ver el presupuesto, veo que realmente merece la pena. Voy a encargar en el taller que me cambien los cables y fundas, y por el mismo precio, hemos acordado que me pondrá y ajustará el freno trasero, que cuesta unos 7€, y me ajustará los cambios. Los pedales salen a 3€, las cubiertas a 7€, el cableado por 10€ y la mano de obra 12€. La llanta trasera voy a sustituirla también y sale por unos 22€. Añadiendo algunos extras como el manillar y la tija, podemos poner la bici en marcha por unos 70€, dependiendo de lo que nos gastemos en la pintura. La bici no es nueva, pero los componentes son Shimano; y el cuadro es robusto y ligero.



A todo esto, he ido retirando todos los componentes de la bici. Lo ideal es dejar el cuadro limpio, cuanto menos cosas tenga, mucho mejor.


Pero no tengo llaves para desmontar el pedalier, que por otra parte está perfectamente ajustado y va muy suave y la horquilla también se ve perfecta (no os preocupéis, en otro post os explicaré cómo se desmonta la dirección).


Dejaré las bielas y el plato para el taller, pues tampoco tengo herramientas para ello.


Por lo demás, he logrado hasta quitar la tija del sillín, que es de hierro y estaba muy oxidada, prácticamente estaba soldada al cuadro. Pero un poco de aceite lubricante y una llave grifa lograron extraerlo sin problemas.


El proceso del desmontaje de todos los elementos es puramente intuitivo: los tornillos se aflojan o retiran con el destornillador adecuado y lo mismo se hace con las tuercas hexagonales o cabezas allen.


También el tornillo de la potencia que sujeta el manillar estaba bastante duro. Lo importante en este caso es lograr que la llave allen entre lo más posible para no dañar la llave ni la cabeza del tornillo.


Las manetas me gustan bastante, son de aspecto sólido –como apunté antes- y buena calidad… Pero pesadas, muy pesadas. Quizá opte por unos económicos puños de espuma, de tacto agradable y textura absorbente, que no aumentarán demasiado el precio, pero aligerarán el peso.


De hecho, el cuadro es bastante liviano para ser de hierro… pero todos los accesorios son muy pesados: bielas, manillar, pedales… Normal es una bici antigua y entonces no había materiales tan livianos como los de hoy día o si los había, serían de un precio prohibitivo.


Los elementos que hemos retirado y vamos a colocar de nuevo, podemos limpiarlos a fondo ahora que están desmontados del cuadro. En la foto vemos la diferencia de una pinza del freno a la que le hemos dado una simple limpieza con detergente de los platos y la otra sin limpiar.


Y vamos a proceder a pintar el cuadro… Pero esto es tema de otro post ¡No os lo perdáis!