Bueno, amig@s, hoy es un día alegre y triste, pues he dejado que el vencejo se vaya.
Los que no estéis al tanto, podéis ver el post en el que recogí el pollo y empecé a cuidarlo.
Os voy a explicar un poco el proceso: al principio, le busqué lo primero que pillé para acomodarlo en casa, y fue una tapa de plástico de una caja de piezas de juguete de mi hijo.
No obstante, pronto me di cuenta que necesitaba algo un poco más amplio y con el borde más bajo. Así que le facilité una bandeja amplia de las que se suelen usar en cocina. Le pusimos una hoja de periódico en el fondo para facilitar la limpieza y como “nido” mi mujer le hizo una caseta doblando una caja de cartón de una caja de galletas por dos sitios, de modo que tenía techo y dos paredes. Así es muy fácil retirarla para acceder al bicho y éste se encontraba más cómodo al tener un sitio bajo el que cobijarse. Justo bajo la caja le pusimos un trapito y parece que lo agradeció desde el primer momento.
Hubo una temporada en que dejó de comer. Supongo que se debía a que se notaba preparado para volar. No quisimos forzarlo a comer, pero sí que tuvimos que darle a la fuerza al menos una vez al día. Lo suyo hubiera sido soltarlo… pero se le habían caído casi todas las plumas principales de un ala, de hecho sólo le quedaba la pluma larga más externa y así era imposible que pudiese volar. Evidentemente, el pájaro no era consciente de ello, pero lo cierto es que poco a poco volvió a recuperar el apetito. Su alimentación consistió casi todo el tiempo en carne picada de cerdo con un poco de cáscara de huevo molida. No obstante, cuando le hemos cazado alguna mosca, parecía gustarle mucho.
Aunque lo de las plumas perdidas ha sido una pequeña tragedia porque nos ha obligado a convivir casi un mes más con él y eso a supuesto reforzar los lazos… Ya era casi como uno de la familia. En la foto vemos como empiezan a desarrollarse los cañones de las plumas nuevas.
De hecho, íbamos a echarlo a volar el pasado domingo todos juntos: mi mujer, mi hijo, los perrillos… y parece que el bicho lo intuyó o algo así, pues hasta ahora se había limitado a hacer vuelos rasantes por el suelo, apenas se elevaba medio palmo… y ese día justamente levantó el vuelo y estuvo a punto de salir volando por sus propios medios, pues una vez no salió porque coincidió que la persiana estaba echada y la otra porque voló hacia un espejo en vez de hacia la puerta de la terraza que estaba justo al lado…
Pero justamente ese día, hacía un fresco inusual por la mañana temprano y cuando eso sucede, al menos en Málaga y en verano, suele levantarse a media mañana el temido viento de terral: muy seco y caluroso –os recuerdo que justamente lo encontré en el suelo en un día de terral-.
Asi que decidimos posponer la suelta del pollo. Además, y esto era lo más extraño, no se veía ni un solo vencejo volando.
Normalmente se ven cientos volando y chillando por todas partes a primera hora de la mañana y última de la tarde. Ese día no vimos ni uno… Lo cierto es que no hizo terral, pero estábamos confusos por el hecho de no ver ningún vencejo y en cualquier caso, queríamos soltarlo por la mañana temprano para que pudiese tener tiempo de ir con otros vencejos y buscarse un lugar adecuado para descansar.
Ayer al atardecer ya vimos más vencejos y decidimos que era el momento de echarlo a volar, pues era evidente que el pájaro estaba preparado a pesar de no tener completamente desarrolladas las plumas perdidas. Y también veíamos que era un sufrimiento innecesario para él estar encerrado en vez de volar libremente con sus congéneres.
Así que esta mañana lo he soltado bien temprano. Lo llevé hasta el lugar donde lo encontré en una caja para evitar estresarlo y que no echara a volar antes de tiempo y se estrellara con una pared.
Lo puse sobre mi mano y esta vez se lanzó decidido a volar. En unos instantes, mucho más rápido de lo que hubiese imaginado, había volado por encima de un edificio de al menos 10 plantas. Pasó por detrás y no volví a verlo…
Siempre queda la duda de si le irá bien, si logrará alimentarse y convivir con los demás vencejos. Pero nosotros hemos puesto todo de nuestra parte para que el animalito sobreviva y deseamos de todo corazón que le vaya bien.
En el tiempo que ha estado en casa, se ha hecho amigo de mi hijo, de los perrillos, como vemos en la foto y ha sido mucho más que un huésped forzoso. Si no fuese por su propio bienestar y por su necesidad de emigrar a lugares más cálidos en invierno, sin duda nos lo habríamos quedado… Una experiencia única.
El pollo nos ha dejado un pequeño gran vacío con su marcha y al mismo tiempo nos ha llenado… Es algo así como lo que se puede ver en la película “Una pareja de Tres”. Aunque nuestra querida mascota deje de estar con nosotros, perdurará su recuerdo…. Por muchos años.
Vuela, Vuela entrañable pajarillo y que tu vuelo sea para todos un mensaje de alegría, una historia de amor y esperanza.














