jueves, 4 de junio de 2009

Restaurar objetos de metal. Pintar caja de herramientas

PINTAR CAJA DE HERRAMIENTAS




En un post anterior vimos cómo restaurar una caja de herramientas que estaba destrozada. Pensaba dejarla tal cual, pero un amigo me comentó que estaba un poco cutre con la pintura tan vieja y desportillada. Por otra parte, un par de manos de pintura de calidad le dan mucha consistencia a la chapa y la protegerán del óxido…

De hecho, los chapistas tras arreglar una abolladura de una carrocería, suelen dar una antiestética capa gruesa de pintura. Dicha capa no tiene más objeto que justamente dar fuerza a la chapa, que al haberse deformado y devuelto la forma original, queda un poco debilitada por esa zona.

Además, os quería demostrar cómo podemos convertir una vieja caja de herramientas destrozada en una caja nueva y resistente con un poco de empeño. Eso es lo bonito del bricolaje: cuanto más cosas hagamos, nos daremos cuenta de que podemos hacer más y más cosas con nuestras propias manos y sin depender de nadie… ya sea arreglar una lavadora, hacer la instalación eléctrica de una casa o recuperar un objeto que le teníamos aprecio y estaba para tirarlo.Debemos empezar por ponernos una ropa cómoda y que no nos importe manchar. Ponernos un uniforme de trabajo nos ayudará a sentirnos "más profesionales" y podemos destinar esas prendas para hacer bricolaje.




Lo primero que debemos hacer es desmontar las piezas para pintarlas por separado. En este caso, lo único que podemos desmontar son las tapas de la caja quitando los pasadores con unos alicates. Mis perros parecen muy interesados ante esta actividad. Además, en ese momento, también estábamos pintando mi mujer y yo una vieja mesa de cocina.




Después procederemos a retirar el óxido y la pintura que se desprenda fácilmente. Es un trabajo pesado, pero de ello dependerá el acabado que tenga la caja y, sobre todo, la duración que tenga éste. Si no retiramos la pintura medio suelta, a las primeras de cambio ésta se levantará y tendremos nuevamente la caja desportillada, y es una pena ya que hemos escogido una pintura que nos garantiza muchos años de buen uso.

Más concretamente, he elegido una pintura gris claro tipo martelé. Las ventajas de ésta pintura son tres: es la más resistente, la que más protege del óxido (dejando la pintura de minio aparte) y al dejar un efecto como martilleado, disimulará fácilmente cualquier pequeño desperfecto que se nos haya pasado por alto.




Ponemos un cartón o plástico debajo para no ensuciar y procedemos a pintar la caja. He empezado por dentro por ser la parte más inaccesible. Si hubiese empezado por fuera, después no habría por donde coger la caja para pintarla por dentro, salvo que esperásemos a que secara por fuera. Así ganamos tiempo, ya que hay que darle al menos dos manos.




Después procedemos con el exterior, empezando por las tapas, ya que para pintarlas por ambas caras, hay que esperar que seque la pintura que le hemos dado por el primer lado. Podemos poner la caja boca abajo, puesto que se apoya en las asas y se mantiene totalmente abierta. Así podemos pintar cómodamente el fondo y los lados.

Si la pintura que le hemos aplicado a un lado de las tapas se ha secado lo suficiente, podemos proceder a pintarlas por el otro lado. Si no, mejor esperar a que haya secado bien para hacerlo.

La pintura martelé tiene la peculiaridad de que según la apliquemos el resultado final variará mucho: si damos la pintura en capas gruesas, el efecto martilleado será más notable. Si la estiramos mucho y peinamos bastante con la brocha, será un efecto muy suave. En mi caso, he optado por la segunda opción, al tratarse de una superficie pequeña.




Y la cosa no tiene más misterio: una vez terminada la primera mano, podemos pintar las asas con pintura negra. No importa si nos salimos un poco porque todavía hemos de dar una segunda mano a toda la caja. Pero si queremos hacerlo bien, podemos usar un pincel más fino para los bordes o bien delimitar con cinta de carrocero las zonas conflictivas.

Tras una segunda mano, la caja parece realmente otra muy diferente a la que nos encontramos un día paseando por la calle ¿No os parece?

Hay quien dirá que no merece la pena tanto trabajo para arreglar una vieja caja de herramientas pudiendo comprar por cuatro duros una nueva en la ferretería de al lado…. Yo personalmente, me siento muy orgulloso de mi caja y cada vez que la uso siento algo especial difícil de describir… algo que no sentiría desde luego si la hubiera comprado nueva.

Ya solo queda llenarla de herramientas y a disfrutar del bricolaje.


Agradecicmientos:

Debo dar las gracias a mi amigo Salva, que me animó a realizar este post de pintura. la verdad es que ahora está mucho mejor que antes. Y muy especialmente a mi mujer, pues sin su colaboración hubiera sido una tarea árdua y pesada.

2 comentarios:

  1. Pues sí, realmente parece otra,enhorabuena.
    ¡Ah!Bonitos perros.

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  2. Gracias, Carmen, me alegra saber que tú también opinas como yo sobre la caja... Eso sí, los perros no los pinto, aunque en la foto parecen suplicar un poco de pintura, je ,je je.

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