martes, 15 de marzo de 2011

Bisagra de compás. Poner bisagra de compás en horno solar. Remaches difíciles

Instalar bisagra de compás en el horno solar



Ya hemos visto todo el montaje del horno solar, desde su diseño hasta el acabado final….


Pero una cosa se nos había quedado pendiente. Es algo que puede parecer una tontería, pero que es esencial. Sobre todo si queremos usar con frecuencia el horno solar: la bisagra de compás.



Este elemento nos permite que al abrir la puerta con una mano, permanezca abierta, pudiendo así usar las dos manos para meter o sacar alimentos, limpiar, etc.


Curiosamente, no he podido encontrar ninguna bisagra de compás en las ferreterías. Tampoco los bazares de descuento (los consabidos “todo a 0.60€”), que muchas veces no se caracterizan por la calidad de sus productos, pero que pueden salvarnos de un apuro, tenían este accesorio.

He tenido que ir expresamente a un centro de bricolaje donde pude encontrarla.


Antes que nada, decir que hay bisagras de compás de lado izquierdo y de lado derecho.


Yo me he decidido por la del lado izquierdo, así con la mano derecha podemos levantar la tapa y sujetarla cuando desbloqueemos la bisagra, ya que tenemos que presionarla para lograr que la puerta vuelva a descender.

Normalmente, se tiene más fuerza en el brazo derecho que en el izquierdo.


Pero fue llegar a casa y me llevé una pequeña decepción: no podía colocar la bisagra tal cual.

Estas bisagras están diseñadas para un baúl o mueble con tapa de madera y los tornillos de la tapa coincidían con el cristal ¡Obviamente no vamos a perforar el cristal para colocar la bisagra!


Pero en eltallerdecarlos.com todo tiene arreglo, y si no lo tiene… lo arreglamos también, jejejejeje.



Así que le he encontrado una solución que creo funcionará: remacharle una pletina de hierro en el lugar donde deben ir los tornillos de la tapa y así podemos atornillar esta pletina al marco, logrando el efecto deseado.


En principio, pensaba poner la bisagra dentro del horno, pero después pensé que bien podría ponerla por fuera, aunque pierda algo en estética, porque así podremos trabajar mejor dentro del horno, ya que tengo en mente hacerle unos reflectores internos que optimicen el rendimiento del horno.


De todos modos, no hay problema: cuando queramos cambiar de sitio la bisagra, sólo tenemos que colocarla donde deseemos, enmasillar los orificios viejos, lijar la masilla y dar una mano de pintura.


De hecho, he tenido que hacer varios orificios porque al principio me costó encontrar la posición: o me quedaba la tapa muy baja y la bisagra soportaba demasiado peso, o cuando se cerraba la tapa la bisagra quedaba tiesa para abajo… Pero lo dicho: se enmasilla, pinta y listo.


Pero vamos a nuestro caso: He encontrado un trocito de chapa de hierro muy sólida que puede servirnos.


Marcamos el tamaño que ha de tener… pero antes de cortarla, vamos a hacer las perforaciones que necesitamos para los remaches y los tornillos.



Los orificios destinados a los tornillos, los podemos avellanar un poco con una broca de mayor diámetro, tras haber realizado los cuatro orificios. Así las cabezas no sobresaldrán y será más estético. Los dos orificios sin avellanar son los que vamos a emplear para remachar la pieza a la bisagra.


He de aclarar que tras cortar la chapa y decidir que prefería que la bisagra fuese por fuera, he tenido que volver a cortar la chapa y hacerle otros boquetes nuevos, pues no quería que coincidiese con el burlete que tiene la tapa para impedir fugas de calor al exterior. De todos modos el proceso es exactamente igual y lo importante es que veáis cómo se hace.


Voy a colocar remaches de 4mm, así que cogemos una buena broca de 4mm y perforamos.


He cometido un fallo: no marqué el orificio con un clavo o punzón. Sólo lo señalé con lápiz y los orificios salieron algo separados.


Es un fallo que no debemos cometer nunca, pues si se hubieran desplazado un poco más, se hubiera desperdiciado la chapa y fastidiado todo el trabajo realizado. Tendríamos que volver a empezar.


Pero he logrado que entren, aunque algo forzados, a base de dar retoques con el martillo apoyando la chapa sobre las mordazas del tornillo de mesa entreabiertas, para dejar hueco para el remache.


Tenemos otro problema (¡Sí que se nos está complicando el tema de la bisagra de compás, de ahí que le dedique un post entero!) Y es que la punta de la remachadora no entra hasta la cabeza del remache, pues choca con el ángulo que tiene la pieza a remachar de la bisagra.



Para esto hay un sencillo truco: introducimos el remache en el orificio y metemos varias arandelas o tuercas por el vástago, hasta lograr llegar a un nivel que la boca de la remachadora llegue a tope.


Procedemos de la forma habitual para colocar el remache con la salvedad que tenemos que tener especial cuidado a la hora de romper el vástago del remache, pues las arandelas o las tuercas que usamos de relleno saldrán despedidas y podemos perderlas. Por ello recomiendo hacerlo sobre una bandeja o un lugar despejado.



Por lo demás, los remaches han quedado perfectos garantizando una unión sin holguras y muy firme.


Es importante que al colocar la bisagra, el bloqueo de ésta se realice cuando la puerta esté bastante abierta, porque así tendrá que soportar menos peso y será más seguro.


Así que podemos levantar la ventana del horno y plantear la bisagra. Una vez visto el lugar donde debería ir, debemos considerar el largo de la bisagra una vez plegada, para que no choque con el fondo del horno.


Otra cuestión es que las fijaciones deben ir a la misma distancia del eje de apertura. Así la bisagra de compás estará paralela a la línea de unión de la tapa y el horno y quedará más estético.


Para colocar la bisagra: abrimos la tapa del horno hasta donde notemos que ya no pesa tanto, casi abierta del todo, y ponemos la bisagra abierta. Señalamos con lápiz los orificios, tanto en la tapa como en el lateral del horno. Cerramos la tapa sin mover las chapas de la bisagra que han de atornillarse y comprobamos si queda ésta derecha o si va forzada, en cuyo caso, podemos desplazar un poco uno de los lados, señalar donde queda y comprobar si al abrirla sigue levantando la tapa lo suficiente.



Si está correcto, podemos hacer unos taladro-guía con una broca muy fina y atornillar la bisagra.


En mi caso también he tenido que rebajar un poco en el marco porque la chapa era demasiado gruesa y corría riesgo que la tapa no encajara bien y se escapara calor. Así que con un formón he hecho una caja para embutir la chapa en la tapa y que de este modo no sobresalga nada.



Al quedar esto por fuera del burlette, éste sigue haciendo su función, ya que ni lo hemos tocado.


Otra ventaja de la bisagra de compás es que cuando el horno esté en posición de verano, la tapa se abre hacia abajo, corriendo el riesgo que se nos escape y se rompa el cristal… así quedará convenientemente retenida por la bisagra de compás.


Con esto, queda prácticamente terminado el horno solar, pendiente de algunas mejoras, como el panel reflector adicional; el cierre de la tapa; las patas de fijación; y el soporte. Lo iremos viendo poco a poco.


sábado, 12 de marzo de 2011

Usar el gramil. Reparar gramil. Construir gramil.

EL GRAMIL. RESTAURAR GRAMIL



Amig@s: tengo un viejo gramil de roble de bastante antigüedad, pero lo tenía en desuso y vamos a ponerlo al día para poder aprovecharnos de esta sencilla y útil herramienta…


¿Pero… qué es un gramil? Es cierto, el gramil es una herramienta desconocida para muchos, incluso entre los bricoladores iniciados habrá cierta expresión de incertidumbre cuando se les pregunte por el gramil.


Sin embargo, es una herramienta muy práctica que nos sacará en más de una ocasión de un apuro.


Se trata de tres piezas de madera que sirven para trazar líneas paralelas y todas a la misma distancia. Puede servirnos para marcar un tablón para dividirlo longitudinalmente; para señalar varias líneas todas a la misma distancia del borde para realizar unos cajeados para colocar bisagras, por ejemplo… Nos ahorrará tener que estar midiendo cada una con el riesgo que eso conlleva que podamos medir un milímetro más o menos y fastidiar un trabajo.

Vamos a ver cada pieza:



La pieza rectangular es la que sirve de base para soportar las otras dos. El listón de cuadradillo es el que regulamos para marcar la línea a la distancia deseada con un puntero que tiene en un extremo. Finalmente, la cuña es la que inmoviliza las dos piezas anteriores entre sí para mantener la distancia deseada.



Para usarlo, basta apoyar la base rectangular contra el canto de la madera a trazar, desplazamos el listón hasta que el puntero marque la medida y con una maza (de madera o martillo de puntas de nylon) ajustamos la cuña a presión.

Volvemos a comprobar la medida y ya está listo para desplazar la base por todo el borde de la madera a trazar haciendo una marca con la punta de acero a todo lo largo.


En algunos casos en vez de puntero, se trata de un lápiz y en vez de dejar un surco, deja un trazo.

Y en otros casos, en vez de la cuña, tiene un sistema de tornillos… pero el funcionamiento es idéntico.

También hay algunos que tienen dos listones con una punta cada uno, de modo que hace dos líneas paralelas simultáneas.


Pero vamos a nuestro caso: mi viejo gramil se desajustaba enseguida impidiendo trazar una línea clara. He estado pensando muy seriamente en hacerme uno, ya que si construcción es sencilla… Pero le tengo afecto a este viejo gramil, que por otra parte es de roble. Y vamos a tratar de restaurarlo.



Para empezar, la punta trazadora estaba totalmente oxidada y roma. Ha bastado un poco de lija y una lima para lograr eliminar la mayor parte del el óxido y sacarle filo a la punta.


La he dejado plana, o sea que en vez de una punta, tiene filo. No he querido dejar la punta totalmente limpia porque me gusta su aspecto rústico ¡Para tenerlo como nuevo podemos comprar uno en la ferretería de al lado!


Otro problema es que tenía algunos desperfectos, como algún agujero de carcoma. Lo hemos solucionado aplicándole un líquido insecticida que matará las larvas que pudiera tener y protegerá la madera de futuros ataques de xilófagos.


Tras un enmasillado de los desperfectos, el aspecto es mucho mejor, si bien la masilla que he empleado es de color algo más claro que la madera, siempre podremos darle un retoque posterior con algún tinte.


Como estas operaciones las he hecho en varias etapas, no tengo fotos de lo que he descrito hasta ahora, pero es fácil de comprender.


El problema más grave y que es el que afectaba al funcionamiento, es el desajuste del gramil.


Examinándolo, vemos que el hueco para insertar el listón es varios milímetros más ancho que éste, de modo que entra con bastante holgura.


Vamos a solucionarlo rápidamente. Vemos que pese a la holgura, no presenta desgaste, pues las paredes del hueco son rectas y bien trazadas.



Así que voy a recurrir a la cinta de fleje de acero de la que os he hablado en otras ocasiones. Es un material fácil de encontrar en cubas de escombros, ya que se usan para fijar materiales pesados a los palés.



Con las tijeras para chapa, cortamos un trozo algo más ancho que el grueso de la pieza plana.


Colocamos la chapa centrada en esta pieza, para que quede más simétrica, y sujetamos un extremo saliente en el tornillo de mesa.



Con ayuda del martillo vamos doblando procurando que la pieza no se combe, sino que se doble sólo por la zona de unión a la mordaza y repetimos la operación por el otro lado.



Resultado: tenemos una pieza en forma de U que encajará perfectamente en el canto de la pieza plana. La metemos por el orificio por donde metemos el listón y queda perfectamente encajado. Hemos logrado en un momento reducir el hueco logrando al mismo tiempo que no haya desgaste entre las piezas.

Repetimos la operación en los laterales salvando los huecos de la cuña y logrando un perfecto ajuste.


Todavía podríamos lograr reducir aún más el hueco haciendo otra pieza en forma de U y poniéndola esta vez en el sentido del hueco, colocando encima las tres piezas que hicimos antes y que la sujetarán.



Tenemos un bonito gramil de roble que, lejos de quedar afeado por el arreglo, ha quedado mejor, pues hemos añadido otro material noble: el acero y ahora es perfectamente funcional: entra ajustado aunque se desplaza con suavidad el listón por el agujero. La cuña deja el listón perfectamente fijado y funciona de maravilla.


Queda el acabado final: dar una ligera pasada con lija muy fina para emparejar la masilla y después dar una mano de cera o aceite para maderas nobles. Así estará protegido y mucho más bonito. Pero de momento vamos a dejarlo así… ¡Que quiero empezar a usarlo ya! Jejejejej


Y en el próximo post seguiremos con el horno solar.


miércoles, 9 de marzo de 2011

Panel reflector para horno solar. Reflectante de horno solar. Orientación de reflector de horno solar.


HORNO SOLAR: Reflectante-tapadera



Y una vez terminada y colocada la tapa, queda otra cuestión importante: para que el rendimiento sea óptimo, hay que poner al menos un reflector. Yo voy a ponerlo de modo que haga las veces de tapa cuando no usemos el horno. Así estará el cristal siempre limpio y listo para su uso, no se acumulará agua de lluvia en la zona del cristal y éste estará también más resguardado.


Para ello hemos de poner una sobre-tapa. Sería como los portones o contraventanas que suelen llevar las ventanas de madera.


Así que hacemos otro marco. Esta vez puede ser más fino y que encaje sobre el del horno o incluso quede algo sobresalido (al gusto del consumidor) a mayor tamaño del reflector, el horno rendirá más… pero será más vulnerable al viento y en lugar donde voy a colocarlo es, ocasionalmente, bastante ventoso.


Así que no voy a correr riesgos y voy a hacerlo justo del tamaño de la tapa del horno.


Siempre podemos poner más reflectores en los lados o en la parte opuesta al reflector-contraventana.

De hecho, más adelante construiré un panel extra opuesto al primero para mejorar el rendimiento.


Para hacer el marco, he cogido el sobrante del primer corte que le dimos al listón del que sacamos el marco para el cristal y le he hecho un rebaje con dos pasadas de la sierra circular. No es imprescindible, pero quería trabajarlo un poco.


Seguidamente, he cortado a inglete el listón obtenido. Tiene exactamente las mismas medidas que el marco del cristal. Ya le vamos cogiendo el tranquillo a la sierra de ingletear de mano y vemos que el acabado es bastante bueno.



Fijamos los laterales del marco entre sí del mismo modo que hicimos con el marco del cristal, con la salvedad que no va a aguantar tanto peso y es mucho más delgado, con lo que solo pondremos un tornillo en cada esquina.



Cortamos un chapón de las dimensiones del marco y lo encolamos y claveteamos a éste. El chapón dará al marco una gran resistencia.



Y para darle más fuerza aún y para que podamos sustituir fácilmente el mylar reflectante que le colocaremos cuando lo precise, vamos a recortar otro panel.



Esta vez es de tablé y lo haremos de las medidas del rebaje que le hemos hecho al marco. Así el tablé quedará por debajo del nivel del borde exterior del marco y estará más protegido.

Por otra parte, como decía, cuando queramos sustituir el reflectante, podremos sacar el tablé sin tener que desmontar todo el marco.

Lo fijaremos con unos tornillos pequeños que podremos retirar en pocos momentos cuando deseemos sustituirlo, pero antes, vamos con la pintura.


Ahora queda pintar con nuestra pintura de caucho el marco y el panel trasero. Como siempre, precisará al menos tres manos de pintura para garantizar la estanqueidad.



Mientras iba secando la pintura, hemos adelantado colocando las asas principales del horno.


Al final, el horno ha salido algo más voluminoso y pesado de lo que esperaba y es casi imprescindible tener por dónde agarrarlo, ya que inevitablemente, hemos de moverlo de vez en cuando, aunque sea para cambiarlo de posición al cambiar de estación.


Las asas garantizan que lo podamos coger cómodamente, con menos esfuerzo y con garantías de no dañar la pintura protectora que lo cubre.


He colocado las asas delante y detrás en vez de a los lados por tres motivos:

El primero es que los listones más fuertes son justamente los de estos lados: el frontal y la trasera, mientras que los laterales eran unos finos listones de 20X20mm, el frontal y la trasera tienen listones de madera sólida de 30X70, que aguantarán perfectamente todo el peso que tenga el horno.


En segundo lugar, el horno es más largo que ancho. Si ponemos las asas en los laterales, aumentaremos la longitud total y nos costará bastante pasarlo por las puertas para su transporte. De este modo, no tendremos problemas.



En tercer lugar, vemos que nos quedan el asa del horno y el asa de la tapa una sobre otra y bastante cerca. Eso es muy, muy interesante, pues nos permitirá mejorar el cierre hermético del horno simplemente apretando una contra otra. Puede ser con una goma elástica, una pinza de las de bricolaje, etc.



Las asas se ponen igual que colocamos el asa de la tapa: marcamos el centro y medimos 5cm a cada lado, ya que el asa tiene 10cm de ancho entre los orificios. Con un punzón marcamos a fondo y podemos atornillar directamente, ya que son tornillos pequeños y con el punzón es suficiente para que el tornillo entre sin abrir la madera.


Ahora pondremos la parte reflectora, Usaremos mylar, que uno de los materiales más reflectantes que existen. Más incluso que los espejos.


Tiene el inconveniente que al ser plástico (al menos el que yo he encontrado está revestido de plástico) es difícil de pegar.


Por experiencia, recomiendo usar cinta de doble cara de la usada para pegar moquetas.



Podemos poner por todo el borde y por el centro, sin escatimar producto y teniendo en cuenta que al poner el mylar, probablemente se note la marca donde hemos puesto la cinta de doble cara (podemos aprovechar para que quede estético. Ya puestos…)

También pondremos un poco de cinta de doble cara (podemos cortar una tira fina para aprovecharla mejor) en el borde por la parte trasera, con el objeto de que el sobrante de mylar quede bien rematado por detrás



Finalmente, atornillamos este panel al marco que hicimos antes con unos tornillos pequeños.


Y ponemos las bisagras de modo que podamos bajar el reflector para que cubra la tapa del horno.


Para ello, las fijo primero en el marco, colocándolas de modo que una parte se apoye en el lugar donde vamos a atornillarla y la otra parte en el canto del marco. Manteniéndola así, bien pegada, quedará perfecta. Una vez puestas las bisagras en el marco, planteamos éste sobre la tapa del horno.


También podemos poner una bisagra sobre la tapa del horno para tomar la medida y trazar una línea, que será sobre la que hagamos los taladros para los tornillos. Asi no nos quedará desalineado y sólo tendremos que fijarnos en que el lateral de la tapa-reflectora esté alineado con el lateral de la tapa de cristal.


Yo me he limitado a plantear la tapa sobre el horno y estudiar la posición de las bisagras: el borde interno de la bisagra ha de quedar alineado con el borde del marco.

Pongo los dos tornillos de los extremos y si es preciso, corrijo los siguientes hasta lograr una buena alineación.


Como hice un rebaje con la fresadora, no he podido poner las bisagras justo en el borde del marco de cristal. Por otra parte así nos va mejor para mejorar el rendimiento, ya que queda la base reflectora más cerca del cristal.


Aunque voy a hacer este post demasiado extenso (¡¡¡Perdón!!!), os voy a comentar cómo regular fácilmente la orientación del reflector:


Necesitamos un sistema que mantenga el panel reflector abierto en un ángulo fácilmente regulable y que también permita su cierre cuando no vayamos a usar el horno.


No me he complicado la vida y he buscado algo sencillo y al alcance de cualquiera:



Para lograr que quede el reflector en el ángulo adecuado he puesto una varilla roscada gruesa con dos cáncamos.


Las tuercas giran muy fácilmente. En el cáncamo inferior he puesto dos tuercas, una a cada lado de éste y así la varilla queda sujeta, sin riesgo de que pueda caerse al suelo. En el lado opuesto, casi en el extremo, he puesto otra tuerca.


Para poner este invento en funcionamiento se hace así: abrimos la tapa e introducimos la hembrilla de la tapa en el extremo de la varilla roscada.


Movemos el reflector ligeramente para ver que el sol se refleje en la olla y damos unas vueltas a la tuerca hasta que el cáncamo quede asentado en ella.


Para hacer alguna corrección a lo largo del día, basta repetir el proceso: movemos la tapa viendo donde incide el sol y giramos un poco la tuerca. Es un sistema muy sencillo, rápido y fiable.


Eso sí, es importante tener en cuenta dos cosas: cuanto más corta sea la varilla, hará falta menos vueltas de tuerca para variar el ángulo…Pero al mismo tiempo la tapa hará de palanca sobre ésta y las hembrillas que la soportan.


Hemos de buscar el equilibrio entre rapidez de regulación y resistencia. En cualquier caso, como os dije antes, la tuerca gira sorprendentemente bien y en un momento se logra el ajuste.


Para cerrar la tapa, basta alzarla un poco más hasta que la hembrilla supere el límite de la varilla y así queda liberada de ésta. De modo que la varilla queda fijada al cáncamo de la tapa y se mantiene en su posición gracias a las dos tuercas que pusimos en ese extremo, una a cada lado de la hembrilla.


Cuando variemos la posición del horno, en verano, basta recolocar las tuercas, de modo que la tapa en vez de empujar la varilla, tire de ella y en este caso la varilla se queda siempre metida en los dos cáncamos.


Ahora queda todavía poner la bisagra de compás, a la que dedicaré un post entero. Y puede decirse que con eso ya hemos terminado con el horno.


Aunque en mi caso, he fabricado un curioso y sólido soporte para poder colocar el horno en la barandilla de mi terraza y también le he colocado un panel reflector extra, unas patas de fijación… Lo iremos viendo poco a poco.

domingo, 6 de marzo de 2011

Poner bisagras. Colocar tapa de horno solar. revestimiento interior del horno solar. Burlette para horno solar.


HORNO SOLAR. PONIENDO LAS BISAGRAS DE LA TAPA



Antes de empezar, os recuerdo que podéis ver el post resumen de todo el proceso.


Las bisagras es otro asunto que parece muy sencillo y que apenas es mencionado en los programas de bricolaje…Pero que después es algo que puede complicarse enormemente.


Evidentemente, lo primero es escoger el lado donde van a ir las bisagras.


En principio parece una tontería, pero no lo es en absoluto, porque se trata de un horno 30/60 que ha de ponerse en una posición u otra según la época del año.


Por tanto, en invierno se abrirá hacia un lado y en verano hacia el lado opuesto.


Yo he escogido como parte para las bisagras la parte inferior de la posición de verano.


Así en la posición de invierno, que la tapa está más vertical, quedan las bisagras arriba e impedirá que pueda abrirse accidentalmente.


Seguidamente, hemos de plantear el marco sobre el horno para buscar la mejor posición.

Puede haber algún ligero descuadre –en el horno o la tapa- y es el momento de buscar la posición más buena y hacer una marca con lápiz para no equivocarnos.


Hay varias formas de poner las bisagras.

Normalmente las bisagras se ponen haciendo una caja en ambos lados -marco y puerta-, de modo que queda embutida y las dos partes –tapa y borde de la caja- quedan perfectamente unidas.



Otra forma menos buena sería simplemente atornillando las bisagras sin cajear.


De hecho, como voy a poner un burlete entre la tapa y el borde del horno, no me interesa que quede muy junto, al contrario, necesito cierta separación para lograr que el burlete quede bien.


Una forma muy buena de poner las bisagras es marcando una línea perfectamente paralela al borde del horno y sobre el borde trasero de éste.

Si la tapa está ligeramente descuadrada, podemos jugar ahora moviendo medio milímetro la línea hacia delante o detrás para lograr que al poner las bisagras se corrija el defecto o que no sea tan evidente.

Basta estudiar la posición de la tapa sobre el horno para ver hacia donde debe estar desplazada… aunque por supuesto, lo suyo es no tener que hacer ninguna corrección por estar todo bien escuadrado.

Hacemos otra línea, totalmente paralela al borde del marco o tapa –aunque hayamos realizado alguna corrección en la otra realizada en el horno- y ya podemos empezar a marcar los orificios. Podemos usar un destornillador eléctrico con una broca muy fina para hacer unos orificios en el lugar exacto y bien derechos.


Atornillamos en un lado todas las bisagras y después en el otro. Es buena cosa poner primero las de los extremos colocando solo un tornillo en cada una, y observamos el acabado. Así siempre podemos variar ligeramente las perforaciones de las bisagras intermedias para lograr corregir la posición.


Yo lo he hecho aún más sencillo: he puesto la bisagra apoyada en el lugar donde va a ir en el horno y abierta de modo que se apoye en la pared del horno. De este modo quedarán todas perfectamente alineadas.



Marcamos con el punzón el centro de cada orificio y hacemos un pequeño taladro-guía. Se pone el tornillo y seguimos con otra bisagra.


Para poner la tapa, la calzamos con restos de madera para que se mantenga en su posición definitiva.


Ponemos dos tornillos de los extremos y cerramos la tapa para ver si está bien la alineación de la tapa respecto al horno.


Si es así, seguimos poniendo los demás tornillos.


Si no, ponemos los demás tornillos con un poco de distancia, según la corrección que queramos hacer y antes de terminar de atornillarlo, aflojamos el que haya que corregir. Así quedará en su posición correcta y exacta.


No obstante, ya puestas las bisagras y viendo que la tapa queda muy sólida y alineada con el horno, he descubierto que la separación que queda entre la tapa y el horno por la zona de las bisagras es excesiva.


Tengo dos posibilidades: poner un burlete más grueso que rellene la separación o bien hacer un cajeado que embuta ligeramente las bisagras y así la tapa quede más pegada.


Como para mí esto se trata de un hobby y no me preocupa en absoluto emplear un rato extra, he sacado mis formones y me dispongo a hacer un cajeado en el borde horno (de momento no voy a tocar las bisagras del lado de la tapa) y así lograr un mejor acabado.



Puede parecer complicado, pero si lo hacéis como yo, veréis que es sencillo: con las bisagras puestas, vamos marcando con el formón y ligeros golpes de maza o martillo todo el borde de la bisagra –repito, por la parte del horno, no de la tapa- Por supuesto, el formón va en este caso con la parte plana hacia la bisagra, pues solo estamos marcando el corte.



Seguidamente, ya podemos quitar los tornillos que fijan las bisagras a ese lado y para marcar la profundidad y que queden todas parejas, fijamos con dos pinzas una regla. Marcamos con lápiz en la zona de las bisagras y así tenemos una referencia de la profundidad que hemos de darle al cajeado.



Profundizamos el contorno de cada bisagra, esta vez con la parte plana del formón hacia la zona que queremos dejar intacta y la zona biselada hacia lo que queremos quitar. Y vamos retirando el exceso de madera con el lado plano del formón hacia arriba.


Es muy, muy importante que siempre que profundicemos en el contorno, el formón esté bien perpendicular a la madera y que vayamos rebajando uniformemente y siempre de forma paralela a la superficie inicial.


Podemos pasar el filo y el canto del formón para lograr retirar las fibras que sobresalgan. Además como el filo y el lateral del formón están en ángulo recto, nos permitirá un buen acabado.



Solo queda ya ir dando ligeros repasos para que queden todos los huecos iguales y hasta podemos poner una bisagra para ver que entra bien en cada uno.


No os entusiasméis rebajando la madera porque si dejáis las bisagras demasiado embutidas, la tapa no cerrará bien, no encajará el lado opuesto a la bisagra.


Si os ocurriera esto, no queda otra que rellenar un poco los cajeados con unas láminas delgadas de madera, chapón fino, etc. Que podéis recortar con el formón.


Y, por supuesto, volver a hacer los orificios. De hecho es preferible que antes de pegar las maderas de relleno, los tapéis.


Pero si habéis profundizado sólo lo justo, no tendréis que tocar los orificios, a no ser que hayáis hecho los taladros con cierta desviación. No coincidirán y deberemos tapar los orificios como os enseñé: metiendo palitos a presión untados en cola blanca.


Al día siguiente, podemos repasar con el formón si sobresale algún palito. Lo usaremos como si el filo fuese un cuchillo o un cúter. Es importante tener las herramientas bien afiladas.


Finalmente, he pintado los cajeados para evitar que por ahí se pueda colar humedad y estropearnos el trabajo.



Una vez bien colocadas las bisagras y con los tornillos adecuadamente apretados (cuando notemos que empieza a ponerse duro, damos un cuarto de vuelta de apriete más y lo dejamos así, o de lo contrario, podemos pasarlo de rosca), podemos poner el burlete por todo el borde de la tapa o del borde del horno, lo que os guste más.



Para poner el burlete es importante que nos fijemos muy bien en la forma de hacer los empalmes: yo corto en bisel el principio de la goma de modo que al presionar la tapa contra el borde del horno, esta forma hace que quede sellado. Si hacemos el corte recto, posiblemente al presionarse tienda a abrirse en las uniones.



Eso para el inicio y el fin del burlete que lo he hecho coincidir con una esquina. Para las demás esquinas evitaremos cortarlo completamente, pues eso haría que aumentase el riesgo de que hubiera escapes de calor… Así que con unas tijeras corto un pico –por la parte que quedará hacia dentro- sin llegar cortar del todo el burlete. Sería como recortar un triángulo.


Así tiene suficiente flexibilidad el burlete para quedar bien plano y pegado y al no estar cortado del todo, mantiene la unión estanca.


Cuando lleguemos al final, montaremos ligeramente el final del burlete con el principio que habíamos cortado en bisel. Asi tampoco abultará demasiado y queda muy hermético, ya que al cerrar la tapa presionará los dos extremos uno contra el otro.


En los demás ángulos, si no los recortáramos como he hecho, quedaría muy basto, muy abultado y correríamos el riesgo que esas zonas impidan que las demás zonas del burlete queden en contacto con el horno y la tapa.




Para el revestimiento interno, que ya sabéis que es papel de cocina aluminizado, aplicamos una capa de cola blanca diluida y sobre ella ponemos bien estirado el papel de aluminio.

Por supuesto, con la cara brillante hacia fuera.



Podemos presionar con un paño.

No importa si queda alguna arruga.


Si tenemos que superponer el papel o si se nos rompe una parte y no queremos sustituirlo entero, podemos ponerle un poco de cola blanca muy diluida y presionar por los bordes. Quedará perfecto.



Para cortar el sobrante de los bordes, bastará pasar un cúter afilado muy cerca del borde. Asi se cortará el papel de aluminio sin romperse.


Y con esto ya vamos viendo poco a poco el resultado de nuestro trabajo.


Nos queda poner el reflector principal que hará de tapa protectora del cristal. Y algunos detalles. También es recomendable hacer un reflector secundario que garantice una potencia adecuada en pleno invierno. Y el soporte que nos permitirá colocar el horno sobre la barandilla.