jueves, 21 de junio de 2012

Antena biquad. Funda de antena biquad. proteger antena wifi. Leatherman

Enlace

Funda protectora de antena wifi


Amig@s: tengo esta pequeña antena biquad.



Es una antena sencilla y fácil de hacer, como hemos visto en anteriores entradas. Sin embargo es potente.


La tengo principalmente para colocarla si veo que la señal wifi no me llega bien, para comprobar si la que está en uso tiene alguna avería o bien que se trate de la propia señal, que a veces se comporta caprichosamente.


Pero ahora tenemos un problema: si la dejamos así, tal cual, acabaremos por darle un golpe, se enganchará con algo, se mojará con la lluvia... Así que voy a solucionarlo de un modo muy rápido y económico. Vamos a hacerle una carcasa protectora.


Dándole vueltas, al tema, se puede usar multitud de cosas: caja de cartón revestida de plástico, una fiambreras o tupperware, una bolsa de plástico… pero quiero algo realmente sencillo, económico y que nos garantice una cierta protección a los golpes y la humedad, a la par que no afecte en la recepción de la señal, por supuesto.


La solución: usar una garrafa de agua vacía que iba a tirar al contenedor de plásticos.


El grosor de esta garrafa por las partes más anchas –vemos que va engrosándose y angostándose por toda su longitud- viene a ser algo superior a la antena y también tiene una forma similar ¿Y para qué complicarnos la vida buscando otra cosa, si ya tenemos ésta al alcance de la mano?


Así que cogemos nuestra querida multiherramienta Leatherman y usando el punzón podemos hacer una perforación donde queramos hacer el corte.


Con la hoja de corte serrado, muy afilada cortamos dos rodajas: una en la parte superior y otra en la inferior. El corte también habría salido excelente usando la hoja lisa, afilada como un cúter.



Examinando estas rodajas, vemos que una es ligeramente más estrecha que la otra, de menor diámetro. Mejor que mejor.


Así que alojamos la antena en la parte donde está la boca de la botella y por ésta pasamos el cable. Sólo queda introducir una parte en la otra y poner un poco de cinta de embalar –que en mi caso es transparente- para fijar las dos partes. Si queremos mejorar la estanqueidad, bastaría poner más cinta.


También podríamos recortar más el borde que sobresale y sellar la junta con silicona, pero de este modo, si queremos abrir la carcasa para realizar cualquier mantenimiento o reparación de la antena, será muy fácil retirando o cortando la cinta de embalar y podremos después volver a montarla. Por otra parte para lo que nos ha costado... podemos tirarla al contenedor de plásticos y hacer otra carcasa en un momento.


Un inciso: es cierto que también podéis cortar la garrafa con un cuchillo afilado o un cúter… pero, aparte del placer de usar mi Leatherman, ésta tiene la ventaja que podemos dejar la cacha opuesta a la de la hoja de corte perpendicular a la que contiene la hoja, con lo que es muy sencillo mantener la hoja bien perpendicular a la línea de corte tomando como referencia dicha cacha y manteniéndola en la dirección del corte. Es frecuente al hacer estos cortes en botellas y garrafas de plástico que lo hagamos en espiral y no coincida el principio y el final del corte. Así minimizamos el problema.


Ya solo queda perforar el tapón de la garrafa para dejar pasar por ahí el cable de la antena. Operación que también podemos hacer perfectamente con el punzón de nuestra multiherramienta:



pinchamos en el centro y vamos girando dejando que la parte afilada vaya comiendo material hasta alcanzar el grosor deseado en el tapón.


Si queremos que ajuste perfectamente, podemos sellar con pegamento o silicona caliente la junta. Así evitamos que un tirón accidental del cable pueda estropear la soldadura de éste con la antena.


En pocos minutos hemos logrado dejar nuestra antena de reserva perfectamente protegida. El costo no podría ser menor e incluso el resultado no es demasiado antiestético, que podemos añadirle unas pegatinas, retirar el asa original de la garrafa… Y obtener un acabado hasta decorativo… ¿Se puede pedir más?


Es una buena solución ¿No os parece?

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domingo, 17 de junio de 2012

Mi caja de herramientas. Multiherramienta Leatherman. Herramientas multifunción

Multiherramienta Leatherman



Amig@s: Ya os he mostrado muchas herramientas que podéis tener en casa para vuestro taller de bricolaje particular… pero a veces no es preciso tener una enorme caja, pesada y abarrotada de herramientas para poder realizar la mayor parte de las cosas que van surgiendo en cualquier hogar, oficina o lugar de trabajo.


Efectivamente, hoy os voy a mostrar que a veces una caja de herramientas puede caber… en un bolsillo.


No os estoy hablando de un "juguete" que os puede haber regalado vuestra pareja y lo guardáis como un interesante artilugio (de tropecientas funciones), pero que no os atrevéis a usar para nada y acaba en el cajón de los trastos, en el olvido, hasta que algún día os acordáis de vuestra navaja multiusos, la buscáis y volvéis a guardarla durante otra temporada sin apenas usarla.



La primera sensación que tengo al tener en mis manos una de estas navajas multiusos Leatherman es de respeto: a simple vista se aprecia que no es un juguete diseñado para adorno. Ni siquiera merece ser llamado navaja multiuso, porque es una verdadera herramienta: solida, precisa y preparada para su uso.



Se observa que esta multiherramienta no tiene ningún tipo de holgura. Su diseño y fabricación es esmerado y de toda confianza.


También sus piezas son de buen acero. Duro de verdad, No esas navajas que tienen un bonito brillo que simplemente tienen un baño de cromo para disimular su baja calidad. Aquí vemos verdadero acero y muy resistente.



Sus cachas se abren mostrando todo el contenido, que queda accesible. Tanto es así que con un dedo podemos extraer todos los accesorios, que no son pocos: Cuchilla lisa, cuchilla dentada, sierra, varios destornilladores, regla, abrelatas y abrebotellas, punzón, cortacables.




Lo más llamativo es el alicate en sí, que queda perfectamente oculto bajo las cachas una vez cerradas, pero al desplegarse muestra una poderosa herramienta que hasta tiene los filos corta alambres sustituibles, para que si usamos mucho esta función, podamos afilarlos o reponerlos y seguir usando el cortador de alambre como el primer día.



Y sus puntas son muy finas, con lo que se puede usar como un delicado alicate de telefonista o para todas las duras tareas de un alicate universal.


Examinando con detalle, vemos que incluso puede cortar cables de acero y remachar los terminales de los cables eléctricos.



Otra cosa que me ha sorprendido es que todas las hojas quedan perfectamente trabadas una vez abiertas, de modo que no se nos cerrará accidentalmente mientras apretamos un tornillo o aserramos o limamos un trozo de madera –también incluye lima y sierra-.


Y en los detalles está el diablo, como suele decirse. En otras herramientas de este tipo, he observado con desagrado que el destornillador resulta realmente difícil de manipular. Hay que quitar el tornillo muy despacio y, si bien puede servir para una emergencia… lo cierto es que de poco nos puede servir en el taller.


Sin embargo, los destornilladores de esta multiherramienta están diseñados para ser funcionales. He observado que con la punta Philip, por ejemplo, podemos colocar el mango opuesto perpendicular al de la cacha que contiene la punta en cuestión y así podemos, no solo retirar el tornillo rápidamente por estar la punta centrada, sino también hacer mucha más fuerza.


Por supuesto, también podemos usar otras configuraciones, como colocar las dos cachas alineadas, abiertas a 180º para tener un mango más largo… Y por supuesto, la punta se ajusta perfectamente al tornillo, como no podría ser de otra manera tratándose de una herramienta de calidad, duradera y funcional.


No en vano, el fabricante ofrece una garantía de nada menos que 25 años, que se dice muy rápido. Y eso sólo se puede hacer cuando realmente hablamos de un producto de primerísima calidad.



Esta herramienta viene en una práctica funda que podemos llevar en el cinturón y así poder llevar nuestra “caja de herramientas” siempre encima.


Estoy realmente sorprendido con este fabricante –desconocido hasta ahora por mí- y que estoy seguro que dará mucho de qué hablar cuando se conozcan sus productos.


Yo, por lo pronto, me voy a hacer algunos trabajos con mi nueva multiherramienta y dejaré descansando en el cajón mis navajas multiusos.

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domingo, 13 de mayo de 2012

Churros madrileños. Receta de churros caseros. Hacer churros en casa. desayunar churros.

Churros caseros




Amig@s: ya sé que este tema se sale un poco de la temática del blog.. pero no es la primera vez que lo hacemos y la verdad es que las cosas buenas hay que enseñarlas y compartirlas ¿No os parece?


En este caso, se trata de daros la receta de los churros que suelo hacer en casa muchos domingos, antes que mi familia se levante, para saborear juntos un delicioso desayuno. Además, os comentaré algunos trucos para que os salgan perfectos.



Antes que nada, deciros que la masa de esta receta es bastante consistente; vamos, dura de narices. Así que no os voy a engañar: no os servirá ninguna manga pastelera o jeringa de repostería, pues reventarían, literalmente, al presionar la masa.

No obstante, no os desaniméis: hay churreras muy baratitas y muy efectivas. No hace falta que os vayáis a por una de acero inoxidable con palanca (la verdad es que no son demasiado caras y facilitan el trabajo).


Yo hago churros perfectamente con una tipo tradicional de material plástico y que costó muy poco dinero. Luego os daré un truco para que podáis sacar los churros perfectamente sin echar el hígado por las orejas del esfuerzo.


Empecemos por la receta. Pero antes deciros que hay infinidad de recetas de churros. Yo no las he probado todas, pero cada vez que trato de hacer alguna diferente a la mía, el resultado no es satisfactorio o al menos no se puede comparar con mi receta.


Básicamente consiste:




Ingredientes:

Mitad de harina, -de la normal, la que encontramos habitualmente que no es ni de repostería ni de fritura- y mitad de agua. O sea, por cada taza de harina, otra de agua. Otra posibilidad sería echar mitad agua y mitad leche, con lo que sería por cada taza de harina, media de agua y media de leche.

Un trozo de cáscara de limón (opcional).

Media cucharadita de sal.

Aceite para freir.


Notaréis que no echo ni levadura ni bicarbonato. Realmente no es necesario, ya que los churros salen tiernos por dentro (más o menos jugosos según el grado de fritura que les deis). La levadura sólo serviría para que pierdan su forma característica al hincharse en la sartén. Al menos con esta receta, que es de churros de los llamados madrileños.


Y tampoco añado huevos ni claras. La última receta que experimenté fue añadiéndole claras de huevos, y el resultado es que sabían justamente con un toque a huevo que no les favorecía nada en absoluto, aparte que la masa se quedó “pringosa”. Y muy blanda, con lo que los churros salían deformes y lo ensuciaban todo… un desastre.


Mi receta es muy económica y los resultados son siempre satisfactorios. Observaréis que digo la misma medida de agua que de harina... pero en la foto aparecen cuatro recipientes. Es que un solo recipiente no da bastante masa para toda mi familia y tomo otro cuenco más pequeño para dar la cantidad justa.


El proceso de elaboración no podría ser más sencillo:



En un cazo incorporamos el líquido, ya sea sólo agua o el agua con la leche. Añadimos la sal. Y la corteza de limón si queremos darle ese toque de sabor.



Cuando rompa a hervir bajamos el fuego o apartamos momentáneamente el cazo y echamos toda la harina de golpe. Incorporamos al fuego y vamos moviendo.

No os asustéis: la masa es espantosamente dura. Movemos en el fuego con una cuchara de madera hasta que veamos que se despega de las paredes.


Precisamente, un truco es que al poner el agua, siempre haya un poco más de agua o de líquido que de harina, pues en el proceso de remover la harina, le daremos el punto justo y nunca se nos quedará demasiado aguada.

Por el contrario, si tratamos de echar exactamente la misma proporción de harina y agua, podemos quedarnos cortos de agua y que se quede excesivamente dura la masa final.



Pues bien, cuando veamos que ya tiene la textura (ya digo, se separa de los bordes del cazo, aunque es muy pegajosa, no creáis que es como la masa del pan), apartamos del fuego y dejamos reposar un poco para que pierda temperatura.


No importa que quede algún grumo. Normalmente al hacerse el churro se termina de amasar, no obstante, podemos moverla un poco recién apartada del fuego para eliminarlos.



Abrimos la churrera, le ponemos la boquilla adecuada y metemos la masa.



Con la misma paleta de madera que hemos usado para mezclar la harina con el líquido, podemos coger una buena pella de masa y la metemos por la trasera de la churrera.


Un truco al respecto: como es dura y pegajosa, se resistirá a seguir introduciéndose. Así que le damos la vuelta a la paleta de madera y con el extremo del mango podemos ir empujando la masa. Al perforar el tapón de masa con el mango, también se facilitará que no coja aire la churrera y vaya desplazándose hacia el fondo.


Seguidamente, cogemos otra pella de masa y repetimos… hasta que la churrera esté llena o se acabe la masa.



Y ahora, vamos empujando el émbolo de la churrera hasta lograr que salga un trozo del tamaño que nos guste.

Yo suelo sacar trozos de unos 12 a 15cm. Los sujeto por la punta mientras empujo y cuando alcanzo el tamaño, pliego la punta, la uno al extremo y lo separo.


Podemos ir poniéndolos sobre la encimera. Asi a la hora de freír, no tendremos que preocuparnos de ir haciéndolos sobre la marcha.



Un truco para facilitar el duro trabajo de “exprimir” la churrera para sacar los churros es ponerla con el émbolo hacia abajo, apoyado en un trapo colocado sobre la encimera (el trapo es para evitar que se resbale y nos demos un susto).


Así en vez de apretar la churrera contra el hombro, el pecho o la barriga, podemos dejar caer nuestro peso y éste hace que el churro vaya saliendo hacia arriba. Con la otra mano vamos sacando los churros.



Cuando ya estén todos hechos, ponemos la sartén a fuego vivo. Yo suelo usar una sartén de tamaño medio y jamás suelo poner más de tres churros a la vez, ya qu si pongo más, el aceite pierde mucha temperatura y se recuecen por dentro en vez de dorarse. Cada cual tiene que cogerles el truco según el tipo y tamaño de su sartén, la cantidad de aceite y el tipo de fuente de calor.


En mi caso es, repito, una sartén esmaltada de tamaño medio, llena hasta la mitad (incluso algo más) de aceite y muy caliente.



Podemos comprobar la temperatura inicial del aceite echando una bolita que nos haya sobrado de masa. Cuando esté dorada, incorporamos el primer churro y si la temperatura del aceite es alta, podemos añadir el segundo e incluso el tercero.

Yo suelo esperar un poco antes de añadir el tercero y cuando ya la temperatura es óptima, empiezo a mantener siempre tres churros en la sartén.


El ir añadiéndolos de uno en uno a medida que se van sacando, hace que se favorezca el dorado de los que están a punto de sacarse.


Cuando veamos que un churro se empieza a dorar por un lado, le damos la vuelta para una cocción uniforme.


Otra cosa, según el grueso del churro, precisarán más o menos dorado: si el churro es fino, se hará mucho antes por dentro, de modo que si dejamos que se doren demasiado, quedarán muy duros y secos por dentor. Si usamos una boquilla más gruesa, el churro precisará más dorado o se quedará demasiado crudo. Para mí el punto es que el churro quede crujiente por fuera, pero jugoso por dentro, sin estar la masa cruda.


A medida que los vamos sacando, los ponemos sobre un plato cubierto con papel de cocina absorbente para que se lleve el exceso de aceite (bueno, y también ayuda a conservarlos calientes). Y los espolvoreamos con un poco de azúcar.



¡Y a disfrutarlos!



Una anécdota: en uno de mis experimentos de recetas de churros, incorporé a la receta que os he dado un poco de bicarbonato sódico para que actuara como levdura... La cosa es que no tenía churrera y usé un embudo y para que la masa pasara por el pitorro, empujaba con una mano de mortero...


La cosa es que los churros empezaron a estallar literalmente en la sartén… alguno hasta se salió de ella.

Le puse una tapadera para evitar las salpicaduras de aceite… y las explosiones de los churros levantaban la tapa.

Resultado: unos churros deliciosos, pero a costa de tirar medio litro de aceite que tuve que recoger con servilletas de las paredes y hornilla, y con periódicos del suelo… y un brazo lleno de ampollas por las salpicaduras del aceite… Je, je, je.


La verdad es que todavía no sé muy bien que pasó con esos churros… Si fue la levadura (que tampoco le eché demasiada) o si fue por coger aire al hacerlos… pero casi que tenía que contar el número de estallidos dentro de la sartén antes de atreverme a levantar la tapa para darles la vuelta… Je, je, je.


En cualquier caso, desayunar con unos churritos es una estupenda manera de empezar un domingo. No se tarda casi nada en hacerlos. De hecho, ni merece la pena comprarlos congelados.


¡A hacer churros!

viernes, 20 de abril de 2012

Rotular bici. Decorar bici. Pintar bici. Estarcido en bici. Restaurar bici.



Rotular bici


Amig@s: Ya os mostré mi bici restaurada: quedó muy bien, al menos mejor que como la encontré… No nos costó demasiado esfuerzo ni dinero hacerle la restauración y va perfectamente, que no tiene nada que envidiarle a mi bici “buena”, salvo unos cambios algo más rudimentarios.


Pero le faltaba algo… Si miráis la bici, la verdad es que está sosa, no dice nada… le falta algún detallito: una marca, modelo, adornos de pintura… Eso fue algo que se quedó en el tintero, porque pensaba que en las tiendas de recambios venderían pegatinas y adornos… y al menos en la que estuve, no tenían.

Así que aprovechando que ya viene el buen tiempo y hay que desempolvar la bici, me he animado a hacer unos adornos. Se puede hacer mucho más… pero de momento, ya hemos logrado que la bici gane en estética, que quien la mire no piense que es una bici repintada y a medio terminar.

Y lo mejor de todo: el proceso no podría ser más sencillo y económico.

Simplemente, en esta primera sesión decorativa, voy a poner un par de nombres: Una marca y un modelo.

Así que he encendido el ordenador, he abierto un documento nuevo del Word y he insertado un archivo de WordArt. Es muy sencillo: Tras poner el texto, basta modificar el ancho y largo de las letras pinchando en los bordes y desplazarlo, para adaptarlo al tamaño deseado.

Lo imprimimos y si vemos que es del tamaño correcto, ya podemos empezar el trabajo en sí.


Empezamos por recortar las dos palabras, que en mi caso son Orbea y Volcano (Simplemente, me gusta esa marca y cómo suena el modelo, que no tienen nada que ver con la marca y modelo original de la bici). Dejaremos, eso sí, un margen al recortar las palabras, ya que así sujetaremos mejor el papel para los siguientes pasos.


Hacemos un vaciado de las letras. O sea, quitamos el interior de las letras dejando la parte externa de ellas unidas al papel. Para las letras que tienen hueco dentro, como la O, la a, etc, podemos recortar primero el hueco interior. Podemos incluso escribir en la pieza retirada del hueco la letra a que corresponde, por si queremos usarlo después. De todos modos, hay varias formas de hacerlo, como os diré luego.

A todo esto, he usado una cuchilla de modelar, que hace un corte más delicado que un cúter y se sujeta muy bien por su mango.

Lo ideal sería usar un aerógrafo para rotular las letras. Quedaría muy fino y sería menos trabajoso… pero desgraciadamente no tengo esa herramienta. Por otra parte, así vosotros también podréis hacerlo aunque tampoco lo tengáis.

He usado un viejo método empleado en decoración y artesanías: el estarcido.

El estarcido consiste en colocar una plantilla sobre la superficie a decorar y con un pincel especial, cargado con muy poca pintura, vamos dando golpecitos para aplicar la pintura hasta rellenar toda la figura que delimita la plantilla.

Eso sí, yo he usado una plantilla de papel normal. Normalmente, las plantillas para estarcir, son adhesivas por una cara para que queden bien pegadas a la superficie y no salgan imperfecciones. Así que tendremos que extremar las precauciones para que el papel quede bien colocado y no queden huecos. Por otra parte, a medida que vamos pintando una zona, iremos apretando el borde del papel para que no queden zonas “sombreadas” o mal pintadas.

Pero vamos por partes:
Lo primero es limpiar el cuadro de la bici al menos donde vamos a pintarla. Bastará usar alcohol o limpiacristales y un papel.


Seguidamente, vamos poniendo la plantilla para buscar la mejor posición. Ponemos seguidamente dos trozos de cinta de carrocero en los extremos procurando que quede lo suficientemente tirante el papel para que no queden bolsas o pliegues.

Es aconsejable que tengáis la bici de pie, vertical, para que veáis que queda exactamente donde queréis. Yo lo hice con la bici tumbada sobre el banco de trabajo y me ha quedado el rótulo ligeramente torcido. Os lo digo para que no cometáis el mismo error, es muy fácil equivocarse si no tenéis la bici derecha, pues el tubo es redondo y no tenemos referencias.


A continuación, vamos poniendo las cintas laterales de dos en dos procurando ir tensando y pegándolas por parejas, para que no se tuerza la plantilla y vaya quedando todo bien posicionado.

Por supuesto, al ser el papel plano y querer amoldarlo a una superficie redonda, las partes centrales quedarán algo separadas. Lo tendremos que ir corrigiendo sobre la marcha.

Respecto a los huecos de algunas letras, como la “o”, podemos hacer varias cosas: Lo más rápido sería mantener el recorte del hueco de la letra fijado al cuadro mientras vamos perfilando mediante el estarcido todo el contorno. Esto es método más difícil, porque se nos puede mover un poco y ya fastidiamos la letra.

Otro procedimiento para fijar el recorte del hueco es cogiendo un poco de pegamento de barra, por ejemplo, y ponerlo en el centro de dicho recorte. Lo ponemos en su sitio procurando acertar a la primera para evitar que se nos manche de pegamento la zona a pintar y se nos quedará fijada por el centro. Podemos verlo en la foto anterior.
Ya sólo tendremos que ir apretando el borde contra el cuadro mientras vamos aplicando el pincel de estarcir.

El tercer procedimiento sería imprimir otra plantilla en la que recortaremos la palabra y el hueco de las letras… pero no las letras en sí, con lo que sólo tendremos que poner después de la primera mano de pintura esta segunda plantilla para colorear el centro de las letras en negro o el color que os guste.

Yo he usado en la palabra “Orbea” del lado izquierdo el primer procedimiento y en la del lado derecho, el segundo procedimiento. La verdad es que lo del pegamento facilita mucho el proceso. Lo recomiendo. Y al ser un pegamento poco consistente, podremos retirarlo enseguida cuando quitemos el trocito de papel, ni siquiera dará tiempo que endurezca el pegamento.


Para estarcir, tenemos que tener un pincel especial para ello. Se caracteriza porque las cerdas tiene sección circular, son abundantes y cortas. El corte de las cerdas ha de ser completamente plano. Si no tenéis un pincel de estarcir, os recomiendo comprar uno del tamaño adecuado a las letras o adornos que vayáis a poner. No son caros y os pueden durar mucho tiempo si los cuidáis un poco.

Comencemos el estarcido: mojamos sólo la punta de los pelos del pincel en la pintura. Damos varios toques con el pincel vertical en un trapo o papel donde descargaremos el exceso de pintura y a continuación nos vamos a la plantilla.


Iremos dando toques secos con las cerdas del pincel contra el interior de la plantilla.

Siempre daremos golpecitos, nunca desplazaremos el pincel lateralmente como si estuviésemos pintando de la forma tradicional.

También es necesario que el pincel de estarcir esté siempre bien perpendicular, para evitar que la pintura pueda entrar bajo la plantilla o dejar una zona sin rellenar justo en el borde.

Es importante controlar muy bien la cantidad de pintura que vamos dejando, porque con el estarcido podemos dejar una capa muy fina, que incluso deje transparentar ligeramente el tono del fondo; o bien una capa más gruesa que oculte completamente el color base… pero lo que queda fatal es que en unas zonas tenga mucha pintura y en otras muy poca.

Respecto al orden: yo prefiero empezar por los bordes, montándome ligeramente en la plantilla para garantizar que el borde de la letra quede bien definido. En las zonas donde quede el papel ligeramente separado del cuadro de la bici, podemos ir apretándolo con alguna herramienta mientras vamos dando con el pincel.


Yo he usado una varilla metálica plana y flexible, de las que suelen desprenderse de los vehículos de limpieza de las calles (lado derecho de la foto). Son de acero y muy delgadas. Si no disponéis de ellas, podéis usar un alambre, destornillador fino, palillo de dientes…

Seguidamente, paso a rellenar la parte central de la letra, sin mojar de nuevo el pincel. Si se nos quedara muy seco, volveremos a mojarlo, aunque si sólo nos falta sólo un poco, podemos coger un poco de pintura de la que soltamos en el papel para descargar el pincel. Si mojamos en el bote de pintura, seguramente cogeremos más de la que necesitamos aunque retiremos el sobrante.

Tras estarcir todas las letras, podemos esperar que la pintura se seque un poco. Depende del tipo de pintura que uséis. En mi caso, se seca muy deprisa y casi que no hay que esperar nada.


En cualquier caso, retiramos las cintas de carrocero de un lado, que para facilitar el proceso, dejé sin pegar los bordes de los extremos. Despegamos con mucho cuidado la plantilla sin desplazarla lateralmente para no correr la pintura y podemos esperar que seque un poco más.


Finalmente, ya podemos retirar por completo toda la plantilla. Si lo hacemos bien, podemos usar esa misma plantilla para el otro lado. Ni siquiera tendremos que poner nueva cinta de carrocero, la anterior servirá perfectamente.

Si al retirar la plantilla observamos que nos hemos salido en algún punto, podemos rascar ligeramente con una cuchilla de modelismo, pero usada por la parte roma, para no estropear la pintura de base. Yo he empleado otra varilla como la anterior con un extremo biselado y afilado. Es muy preciso y permite retirar cualquier imperfección, pues la pintura nueva, pese a estar ya casi endurecida, es mucho más blanda que la de base, que está totalmente seca.

Igual que hemos hecho con las letras, podemos hacer unas líneas, figuras decorativas, etc.

Como el estarcido deja la cantidad mínima de pintura, no estropeará el acabado de la pintura original de vuestra bici y el resultado será muy duradero. No obstante, siempre podéis dar una mano de barniz que proteja mejor el estarcido.

Vemos que podemos darle un toque personal a nuestra bici por muy poco dinero. Lo que yo he hecho puede llevar una tarde de entretenido trabajo. Si se os presenta una tarde lluviosa en la que no sabéis qué hacer… ¡tenéis tarea! Je, je, je,


Pronto seguiré con la rotulación de la bici haciendo el sombreado de las letras, que las realzará; y algún que otro adorno…¡No os lo perdáis!