Hay tantos bonsáis como especies de árboles y arbustos. Unos son más resistentes que otros, unos son de pleno sol y otros más de sombra (el bonsái de interior como tal no existe). El especialista será vuestro mejor consejero una vez que le digáis la ubicación que va a tener el bonsái en vuestra casa.
Y que nadie se asuste. Digo que no hay bonsáis de interior porque no hay árboles de interior. Simplemente algunos se adaptan mejor a la falta de luz natural intensa, pero aún así, deberemos tenerlo en el lugar más iluminado posible: delante de una ventana. Y hemos de tener en cuenta que el cristal actúa como filtro, de modo que parte de la luz se va a perder al atravesarlo. Si queremos tenerlo tras una ventana que da a un patio interior, por ejemplo, posiblemente no reciba la suficiente luz. Deberíamos buscar como referencia una planta que necesite luz intensa aunque no precise sol directo y probar a cultivarla algún tiempo en esa ubicación… Si vemos que se desarrolla normalmente, crece bien y está sana, podemos intentarlo con un bonsái que no tenga grandes demandas de luz.
Si por el contrario, tenéis un balcón soleado y algo resguardado del viento, os habrá tocado la lotería, porque podréis elegir entre muchas especies. En todo caso, darles algo de sombra al mediodía en verano si es una especie algo más delicada.
Hay especies muy fuertes que aguantan a pleno sol, destacaría el olivo, la higuera, el granado. Como ya he dicho… hay tantos bonsáis como árboles. Asi que fijaos en los árboles de vuestra zona. Habrá alguno particularmente resistente al frío o calor de la zona, a la humedad ambiental… Nuevamente, el viverista de la zona o vendedor de bonsáis, os podrá orientar adecuadamente.
En semisol, podemos tener el ficus retusa, que es muy resistente, el olmo, ginkgo…
En sombra casi total, podemos elegir especies tropicales, como la Carmona, muy usada para bonsái. Puede que no estén totalmente a gusto dentro de una habitación, aunque esté bien iluminada, pero podrá conservar la humedad que tanto necesita.
Sin duda lo mejor es comprar el bonsái en un sitio donde conozcan bien las necesidades de estas plantas y os puedan aconsejar una vez les hayáis comentado las condiciones ambientales del lugar escogido para vuestro bonsái.
Los recursos del planeta son limitados y algunos productos de la civilización son particularmente contaminantes. Entre ellos, están los plásticos, que son difícilmente degradables.
Con este post pretendo poder reutilizar las bolsas de plástico que normalmente nos dan en tiendas y supermercados para evitar que terminen en la basura contaminando el Medio Ambiente.
Puesto que se está generalizando la costumbre de algunos supermercados de cobrar el importe de la bolsa que facilitan en caja, esta práctica que os voy a explicar os permitirá ahorrar algún dinerillo.
El proceso de plegado es sumamente sencillo. Con un poco de práctica, lo haréis muy deprisa y cuando vayáis a comprar, sólo tendréis que coger varias bolsas plegadas.
Veréis que dobladas de esta forma abultan muy poco, pudiendo llevarse en cualquier bolsillo. Y no importa el tamaño de la bolsa… siempre se puede plegar.
Hoy voy a hablaros de una herramienta muy práctica y económica: la remachadora…
Podemos unir piezas de varios modos: clavándolas mediante el uso de clavos, atornillándolas mediante tornillos, pegándolas, soldándolas, o bien remachándolas…
Los remaches son unas piezas de metal, generalmente de aluminio, que ensamblan dos piezas, normalmente delgadas y de metal, de forma permanente. O sea, que para separar las piezas, la única forma será rompiendo los remaches.
El proceso de remachado es extraordinariamente sencillo: se perforan las dos chapas a unir con una broca exactamente del mismo diámetro que el del remache medido por el extremo más ancho. Las colocamos de modo que coincidan los orificios e introducimos el remache, que quedará muy encajado.
Insertamos el vástago del remache en la remachadora y accionamos varias veces los brazos de la misma hasta que se rompa el vástago. Lo que hace la remachadora es arrugar el extremo libre del remache apretándolo contra las dos piezas, dejándolas fijas. Bastará extraer el vástago roto e inservible de la remachadora y seguir colocando remaches.
La misma remachadora puede poner remaches de tamaños muy diversos, pero hay que ponerle una boca adecuada al tamaño de los remaches. Normalmente, la boca tiene forma de tornillo de cabeza hexagonal y se extrae con una llave que suele venir con la remachadora. Es muy sencillo escoger la boca adecuada: vamos probando el vástago del remache en los orificios de las bocas y escogemos por la que entre más ajustado.
aparte del grosor del remache, también hay remaches de distintas longitides, que nos permite escoger el más idóneo dependiendo del grosor de las piezas. Asimismo, los hay con la cabeza de diferentes colores: color aluminio, blanco, negro.... así quedarán los remaches disimulados.
Si un remache no nos ha quedado bien o simplemente queremos desmontar dos piezas unidas mediante remaches, bastará aplicar un taladro con una broca en la cabeza del remache. Como se queda en dicha cabeza un orificio, la broca no se resbalará y como es de aluminio, saldrá enseguida. Tampco tenemos que calentarnos la cabeza con el tamaño de la broca, bastará que sea de un tamaño similar o algo menor ala cabeza del remache.
En general las uniones con remaches son fuertes, aunque si los colocamos en piezas con muchas vibraciones, tenderán a coger holgura.
Hay varios tipos de frenos para las bicicletas. Los más comunes son los V-brake, que son los típicos en que dos zapatas aprisionan la llanta, bloqueándola.
En segundo lugar, están los frenos de disco de acción mecánica. Vienen a ser intermedios entre los anteriores y los hidráulicos, pues las zapatas, que en este caso se llaman pastillas, aprisionan un disco que está unido a la rueda, provocando la frenada.
Los más avanzados son los frenos de disco hidráulicos. Sin duda os lo recomiendo por la potencia de frenada, su suavidad y escaso ruido. Son más caros pero merecen la pena.
En general los frenos de disco tienen la ventaja de ser muy silenciosos, frente al chirrido espeluznante de los frenos V-brake durante una frenada brusca.
También tienen mejor comportamiento con el agua o el barro.
Aunque tienen el inconveniente que si tenemos una caída y se nos dobla el disco, se quedará la rueda bloqueada. (Aunque esto es muy improbable que ocurra).
En mi caso, tengo instalados frenos de disco mecánicos. Éstos frenos hay que tenerlos muy bien regulados, porque en caso contrario, pueden deformar el disco e ir rozando permanentemente, haciéndolo desagradable.
Hoy voy a enseñaros a regular estos frenos, y en otra ocasión os diré también cómo ajustar los otros. En cualquier caso, al final os he puesto un link para que veáis cómo ajustar los V-brake.
Os presento mi minitaladro, una herramienta a la que le tengo especial aprecio porque a pesar de no ser potente ni sofisticada, nos permite salir de más de un apuro al podérsele acoplar multitud de accesorios: brocas, fresas, grabadores de vidrio, muelas de corindón u otro material, discos de corte, discos pulidores….Además tiene regulador de velocidad, para poder adaptarse al trabajo que estemos realizando. Y sin embargo, podemos encontrarla a un precio bastante económico. Una herramienta práctica por excelencia. Pues bien, estaba en un trabajo cuando traté de sacar el accesorio que estaba usando: una lija. Pero había apretado en exceso la tuerca fijadora y no podía aflojarlo. Así que hemos tenido que tomar una decisión expeditiva: abrirlo para ver si podemos tener un punto de sujeción más amplio.
Empezamos por extraer el cilindro de lijado, que nos estorba para el siguiente paso. Como tiene un tornillo en la parte frontal para cambiar la lija, no hemos tenido problema. Lo cogeremos con un alicate procurando no asirlo por el extremo, pues al estar hueco se podría deformar.
Seguidamente, desenroscamos la pieza de plástico negro, que une las dos piezas de la carcasa del aparato. Como ya hemos quitado el cilindro de la lija, no tenemos ninguna dificultad.
Desatornillamos los tornillos que unen las dos partes de la carcasa. Ya quedan las dos partes liberadas y podemos verle “las tripas” a nuestra máquina.
Ahora vemos que queda al aire todo el eje. Lo sujetamos con unos alicates fuertes, tipo pinza –os hablaré de ellos en un próximo post-, y con la llave que trae el minitaladro para apretar y aflojar la tuerca que fija los accesorios a la punta, aflojamos ésta.Ya hemos solucionado el problema. Sólo queda montarlo de nuevo siguiendo los mismos pasos a la inversa.También vemos que esta operación de abrir el aparato no ofrece ninguna dificultad y podremos hacerla simplemente para eliminar el polvo o engrasar ligeramente los cojinetes.
Las precauciones que hemos de tener son, lógicamente, no dejar ningún cable mal colocado de modo que quede pillado entre las dos carcasas o rozando con algún elemento móvil y en segundo lugar, no apretar en exceso los tornillos a la hora del montaje, pues están atornillados en plástico y éste puede perder la rosca fácilmente.
En el anterior post, vimos cómo hacer una limpieza interna del mando a distancia. Esta limpieza suele ser eficaz por si sola para que funcione correctamente, y podemos realizarla cada vez que veamos que empieza a fallar. Pero a veces, se produce un desgaste que hace que haya una mayor separación de la debida entre la goma y el circuito integrado. También puede ocurrir que la capa conductora que hay en los botones de goma, se haya deteriorado o desgastado.
En ambos casos, podemos cortar trozos de papel de aluminio del usado en cocina de modo que queden encajados en el hueco de la goma de modo que la cara brillante quede hacia fuera. podemos cerrar el mando para ver si con esto es suficiente. Si no es así, podemos colocar los trocitos de papel de aluminio doblados dos o tres veces, hasta que el mando funcione debidamente.
Podemos dejarlo asi, pero hemos de tener en cuenta que los papeles de aluminio están sueltos y pueden desprenderse, provocando un falso contacto que haga que el mando se vuelva loco. Por esto es recomendable pegar el papel de aluminio a la goma. Teniendo la precaución de poner la cantidad de pegamento mínima para que no rebose y nos estropee el botón.
Un truco para facilitar el trabajo de coger los diminutos pedacitos de papel de aluminio, es frotar un bolígrafo de plástico contra un jersey de lana. Éste se cargará de electricidad estática y al tocar el papel de plata, el papel quedará pegado al extremo del bolígrafo. Lo colocamos sobre el botón de goma con pegamento, y se quedará fijado a éste.
Finalmente, podemos examinar los contactos de las pilas... A veces están oxidados y no hacen buen contacto, perjudicanto el buen funcionamiento del mando. Bastará raspar un poco las zonas oxidadas para corrergirlo. Esta operación la he realizado en mandos a distancia que estaban para tirarlos y han quedado como nuevos.
Sin duda, os pasará que cuando lleváis cierto tiempo usando un mando a distancia, cada vez tenéis que apretar más los botones para que funcione. Le cambiáis la pila y parece que se mejora un poco…. Hasta que veis que sigue igual.
No es preciso que sustituyáis el mando. Simplemente, está sucio.
Os voy a explicar cómo volver a ponerlo a punto para que funcione como el primer día. Os sorprendereis de lo sencillo que es y el cambio tan espectacular tras realizar esta sencilla operación…
En primer lugar debemos abrir el mando. Esta es la operación más delicada. Algunos, como es el caso del ejemplo, tiene un par de tornillos en los extremos. Otras veces, el tornillo está oculto en el compartimento de las pilas. En otros casos, las dos carcasas que componen el mando están encajadas a presión mediante unas pestañas. Debemos ir probando a separar las carcasas por los extremos, preferiblemente por la parte donde tenga menos botones hasta lograr abrirlo.
En este caso, con un destornillador de precisión, retiramos los dos tornillos y lo abrimos.
Vemos que tiene bajo la carcasa de los botones una lámina de goma en la que están integrados los botones. Ésta lámina incide sobre un circuito integrado que es donde los botones han de conectar el circuito para activar el mando.
Suele ocurrir que entra suciedad entre el circuito integrado y la lámina de goma que impide que se cierre correctamente el circuito y por tanto que el mando no se active correctamente.
Procederemos a coger un bastoncillo de los de limpiar los oídos y humedecerlo en alcohol de farmacia. Limpiaremos con cuidado todo el circuito integrado haciendo hincapié en las zonas donde han de incidir los botones.
Nos sorprenderemos de la cantidad de suciedad que sale. De hecho, deberemos sustituir el bastoncillo las veces que sean precisas.
Este proceso también podemos realizarlo con un trapito de algodón limpio.
La pieza de goma también ha de ser limpiada a conciencia. En este caso, la meteremos en agua tibia y frotaremos con una esponja suave y jabón de limpiar los platos. Lo secaremos muy bien. Pero, ojo, jamás le daremos con alcohol a la parte de goma, pues tiene una capa conductora que es la que hace contacto contra el circuito integrado y el alcohol dañaría esa capa dejando el mando inservible.
Mirad bien primero la zona de los contactos, en la pieza de goma. A veces vemos una especie de aceite o líquido difícil de eliminar y no se trata de otra cosa que un líquido encargado de hacer el contacto. Si lo eliminamos por completo, la pieza de goma que ha de contactar con el circuito integrado ya no hará su función. Podemos probar a mojar con la punta de un lápiz que no esté afilado (para no dañar la goma) en el líquido e ir untándolo por las zonas de los contactos de la goma. A veces, simplemente limpiando el circuito integrado y haciendo esta sencilla operación, es suficiente para dejar el mando como el primer día.
Finalmente, también limpiaremos la carcasa superior, en especial por dentro, ya que es por ahí por donde le habrá entrado la mayor parte de la suciedad y posiblemente, tenga restos de grasa y/o polvo. También podemos hacerlo con la misma esponja y repasar los recovecos interiores con un bastoncillo con alcohol.
Finalmente montamos el mando y ya estará perfecto. Como el primer día.
Puede ocurrir que el mando esté realmente roto, o que sea que el receptor del aparato sea el que está defectuoso. Para comprobarlo, miramos la bombilla que tiene el mando en el extremo, que es por donde emite el rayo infrarrojo a través de una cámara digital, ya sea de vídeo o de fotos. Si el mando funciona correctamente, al pulsar el botón del mando, se debe ver la luz por la pantalla de la cámara. En ese caso, lo que está mal es el receptor del aparato, pongamos la tele. Si no emite luz… o tendremos que cambiar la pila o bien que se ha estropeado con algún golpe que le hayamos dado, o por desgaste de alguna pieza.
En este caso, deberemos repararlo o sustituirlo, que suele ser la opción más lógica.
A la hora de elegir un bonsái no debemos influenciarnos por el aspecto que tenga, lo bonito que sea o su precio… hemos de tener ante todo las ideas claras. Hay una serie de factores que hemos de tener presentes: Lugar, especie, tamaño, forma, estado de desarrollo...
Para no hacerlo muy extenso, voy a dedicar un post a cada variable determinante. Hoy vamos a ver dónde escoger el bonsái.
Lugar: hemos de saber si el sitio donde vamos a comprarlo es de confianza. Podemos encontrar bonsáis hasta en los supermercados de alimentación y floristerías…. Pero ¿ofrecen garantías? Desde el lugar de origen hasta que llegan a la caja del supermercado pueden haber pasado días, semanas…. El bonsái puede tener un aspecto estupendo, pero estar en realidad débil, con las raíces podridas por haber sido regado en exceso o por el contrario, deshidratado. Puede haber estado demasiado tiempo sin la suficiente luz necesaria para poder seguir vivo….
No es que diga que necesariamente los árboles adquiridos en estos lugares vayan a morir seguro… Pero si vais a empezar, lo lógico es empezar bien. No digo que os gastéis una pequeña fortuna en un bonsái, pero sí que lo recojáis en un lugar especializado: un vivero como mínimo. Es frecuente encontrar en los supermercados la típica etiqueta de cuidados: bonsái de interior, riego moderado….A veces pegan la misma etiqueta en todos los ejemplares…No hagáis ni caso de estás etiquetas e informaros bien.
Tampoco allí os podrán informar adecuadamente sobre los cuidados que precisan… el personal suele estar informado poco o nada sobre los productos que venden y no podrán asesoraros casi en nada. Y la información es esencial a la hora de comprar un bonsái.
Así que insisto: adquirir vuestro primer bonsái en un sitio donde esté convenientemente cuidado y el personal pueda asesoraros sobre su cuidado, mantenimiento…
En el próximo post dedicado a los bonsáis, os hablaré un poco sobre las diferentes especies y cuál es más conveniente para iniciarnos en el hermoso arte del bonsái.
En Alguna ocasión me habéis preguntado que substrato debemos ponerle a nuestros bonsáis. Ciertamente, no les conviene una tierra de las que venden como “universales”, porque precisan un substrato muy especial.
Y éste depende mucho del árbol que se trate y de lo que pretendeamos de él.
Algunos precisan de tierras ácidas, como es el caso de azaleas, arces japoneses, y algunas más… Pero no voy a tratar este caso en concreto, aunque es cierto que bastará añadirle un componente que acidifique ligeramente la tierra. Por lo demás, debemos aplicar las mismas normas que voy a deciros.
Si tenemos un árbol joven que queremos que se desarrolle más, deberemos ponerle un substrato muy, muy aireado y para ello tendrá un grano grueso predominante que permitirá un drenaje muy muy bueno y la ventilación que las raíces precisan para este crecimiento.
Si por el contrario, tenemos un árbol más viejo, aunque sano, y queremos que no crezca demasiado para mantener su forma, debemos poner un substrato con partículas más finas que drenen algo menos y no permitan por consiguiente que las raíces estén tan aireadas.
Si el árbol está enfermo, o débil, nos conviene un substrato como en el primer caso, aunque con una tierra más pobre en nutrientes, o sea, una mezcla rica en arena bastante gruesa.
Con esto ya tenemos algunas nociones.
Otra cuestión es la forma de distribuir el substrato a la hora del transplante…
Siempre debemos empezar por poner las partículas más gruesas en la parte inferior, que es la parte donde están las raíces capilares en mayor concentración y no nos conviene que se encharquen. Si hemos escogido un substrato muy fino, o sea de grano pequeño, debemos añadir gravilla volcánica fina o algo similar que mejore el drenaje.
Si el subtrato es grueso, podemos cernirlo y poner las partículas más gruesas a modo de drenaje.
Tras esta primera capa, podemos pasar el substrato por un cedazo para volver a depositar las partículas intermedias, que no son tan gruesas como la capa inferior, pero eliminando las más finas.
Finalmente, procedemos a colocar en la parte superior las partículas mas finas en las que se desarrollará el musgo.
De este modo el substrato estará muy bien aireado y el árbol estará sano. Y se irá secando todo el substrato a la vez, que es lo que interesa. Si echamos el substrato sin este proceso de cernido, cuando esté totalmente seco por arriba, por abajo posiblemente esté todavía bastante mojado, como expliqué en un post anterior sobre el riego. Y esto es lo que suele ocurrir con los bonsáis que adquirimos en un vivero: como no ciernen el substrato, se seca mucho antes por arriba que por abajo.
Ahora vamos a otra cuestión: qué substrato compramos a nuestro bonsái. Porque sin duda, lo mejor es comprar un substrato ya preparado. El problema es que las mezclas más comercializadas en viveros suelen tener una arena bastante fina en su composición. Así que debemos recurrir a un substrato en una tienda especializada o comprar además de la tierra preparada,arena más gruesa e incluso grava volcánica fina, artículos que se encuentran con frecuencia en viveros.
cuando vayamos a comprar la tierra, podemos apretar una esquina de la bolsa entredos dedos para comprobar si el substrato contiene partículas gruesas. En función de esto, podemos adquir también o no las partículas gruesas.
Yo he encontrado una tierra específica para bonsái muy ligera y de partículas bastante gruesas. Es una mezcla cara, pero teniendo en cuenta que el bonsái no precisa mucha cantidad y que en la mayoría de los casos, no precisará transplante en dos años, podemos permitírnoslo.
Los japoneses usan mucho una tierra especial llamada akadama. Con frecuencia, usan esta tierra sin ninguna otra mezcla. Se caracteriza por estar compactada en bolitas entre las que circula muy bien el aire.
Una pequeña reseña al abonado: debemos procurar un abonado lo más sano y natural posible para evitar que se formen sales perjudiciales en las raíces. Venden unas bolitas de abono orgánico muy buenas en lugares especializados y viveros. Basta colocarlas sobre el substrato y se irán descomponiendo lentamente. También suelo incorporar en ejemplares en crecimiento humus de lombriz. Es económico, ecológico y aporta gran cantidad de nutrientes, tanto de macroelementos como microelementos. Pero debemos evitarlo en ejemplares ya formados.